Pesos y contrapesos
Nov 20, 2013
Arturo Damm

Competencia, ¿usted contribuye?

Usted lector, ¿ha contribuido a crear más competencia en el mercado crediticio o, apegado a sus usos y costumbres, sigue con el banco de siempre?

La competencia entre oferentes de bienes y servicios tiene un doble efecto, siempre positivo, siempre a favor del progreso económico. En primer lugar obliga, a quienes compiten por ganar el favor del consumidor, a producir de manera más productiva, es decir, a menor costo de producción, condición necesaria para poder ofrecer a un menor precio, condición necesaria, a su vez, para ganar el favor de más consumidores. En segundo lugar, consecuencia de menores precios, reducir el grado de escasez que enfrentan los consumidores (a menores precios mayor consumo y menor escasez), y aumentar el grado de bienestar (a mayor consumo más satisfacción y mayor bienestar). Es por ello (el doble efecto de la competencia) que lo ideal es que, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, se de la mayor competencia posible, para lo cual lo primero que se requiere es que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar en cualquier mercado de la economía, o en cualquier sector de la actividad económica, lo pueda hacer.

Sin embargo, hay que tener presente que el cumplimiento de la condición antes citada es solamente una de las condiciones necesarias para lograr la mayor competencia posible, encontrándose la otra condición en la cancha de los consumidores, quienes, al final de cuentas, generan la competencia, lo cual quiere decir que no basta con la presencia muchos oferentes para que, efectivamente, haya competencia. Sin consumidores que comparen, hagan cuentas, y actúen en consecuencia, no se logra la mayor competencia posible. Son los consumidores quienes ponen a competir a los oferentes, momento de preguntarnos si, por lo menos en algunos mercados, en los cuales ya operan varios oferentes, los consumidores mexicanos lo estamos haciendo. Pongo un ejemplo.

Leemos, en artículo 4 Bis 2, de la Ley para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros, que “con el objeto de incrementar la competencia en el sistema financiero, el Banco de México publicará bimestralmente información e indicadores sobre el comportamiento de las tasas de interés y comisiones correspondientes a los diferentes segmentos del mercado, a fin de que los usuarios cuenten con información que les permita comparar el costo que cobran (las instituciones financieras) en los diferentes productos que ofrecen”, información que usted puede encontrar adjunta a su último estado de cuenta de, por ejemplo, su tarjeta de crédito.

Tengo frente a mí la comparación de tasas de las tarjetas de crédito Platino, o equivalentes, representativas de cada banco, y llama la atención las diferencias entre unas y otras. Por ejemplo: la tasa efectiva promedio ponderada que cobra Banorte es del 15.3 por ciento, la menor; la que cobra American Express es de 31.7 puntos porcentuales, ¡más del doble!, la mayor.

Usted lector, ¿conoce esta información? Si la conoce, ¿ha comparado porcentajes, hecho cuentas, y actuado en consecuencia? Es decir: ¿ha contribuido a crear más competencia en el mercado crediticio o, apegado a sus usos y costumbres, sigue con el banco de siempre?



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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