VIERNES, 21 DE FEBRERO DE 2014
Falló la microeconomía

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Manuel Suárez Mier









“En México no faltaron microeconomistas ni sobraron macroeconomistas como afirma el Financial Times: se cometieron errores y se careció del talento necesario para forjar acuerdos políticos que permitieran las elusivas reformas microeconómicas.”


En un análisis de por qué el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que recién cumplió 20 años, no hizo de México un país desarrollado, el Financial Times (FT) concluye que cuando se hizo realidad ese acuerdo, en México “había demasiados macroeconomistas y no suficientes microeconomistas.”

Lo que quiere decir John Paul Rathbone, editor del FT para América Latina, con esta frase, contenida en su artículo publicado el martes pasado, es que se descuidó seguir con las reformas al sistema económico mexicano que permitieran continuar elevando la productividad de nuestra mano de obra, lo que de inicio se logró con la apertura.

Así interpretada, la afirmación del FT es correcta pero vale la pena hacer varias precisiones. La macroeconomía lidia con variables agregadas como el Producto Interno Bruto (PIB), la demanda y oferta de toda la economía y el nivel de precios, y con las políticas que afectan esas variables, monetaria, cambiaria y fiscal.

A la luz del “error de diciembre” de 1994 que fue la increíble tontería del macroeconomista Ernesto Zedillo en su intento por manipular la paridad del peso “un poquito,” en el monto que él creía que estaba sobrevaluada nuestra moneda (menos de 20%) ignorando el pánico que habría de generar con ello, resultó en el colapso del peso y en la peor crisis económica de nuestra historia.

Esa crisis, que desató grave inestabilidad, con la inflación disparándose encima del 50% y el PIB desplomándose casi 10% en 1995, sumió a muchos en la pobreza, alentó una emigración masiva, y sólo se pudo detener con la decidida y audaz ayuda de Estados Unidos y la comunidad financiera internacional.

La recuperación subsecuente y la estabilización de la economía, requirieron de una excelente labor macroeconómica realizada por la secretaría de Hacienda y el Banco de México, que se vio apoyada en la recién conseguida apertura económica consumada por nuestro país, que culminó precisamente con la firma del TLCAN.

Durante el resto de ese sexenio no se quiso o no se pudo realizar las ingentes reformas microeconómicas indispensables para sustentar la elevación acelerada de la competitividad de nuestra mano de obra, ingrediente indispensable para generar mayor empleo, más rápido crecimiento económico y mejores salarios.

Afortunadamente, en los dos sexenios subsecuentes cubriendo el lapso 2000-2012, se dio un buen manejo de la macroeconomía sustentado en finanzas públicas equilibradas y política monetaria apropiada para mantener la estabilidad de precios y del tipo de cambio libremente determinado por su oferta y demanda, y no hubo crisis.

Lamentablemente, y en lo esencial por razones políticas, siguió siendo imposible aprobar las reformas microeconómicas sino hasta el final del gobierno de Felipe Calderón, al tiempo que, como afirma Rathbone, el mundo cambiaba con celeridad mientras que México permanecía estático con un crecimiento mediocre.

Muchos buenos microeconomistas sabían qué reformas era las indicadas y cómo ejecutarlas pero el obstáculo invariable fue la incapacidad de dos Presidentes provenientes del PAN de amarrar acuerdos con la mayoría legislativa controlada por el PRI, problema que sólo se allana con la elección de Enrique Peña Nieto.

Ahora que ese impasse de 18 años se ha superado y que las tan largamente pospuestas reformas se aprobaron –falta ver cómo y cuándo se empiezan a aplicar-renace la esperanza que nuestra microeconomía mejore aceleradamente con la gradual desaparición de monopolios y creciente competencia en todos los mercados.

Es por ello que México debió ser el más audaz socio del TLCAN en la Cumbre de Toluca y en proponer la secuela de políticas para ampliar y profundizar nuestro bloque comercial. Es indispensable abatir los costos de transacción en el comercio intrarregional, cuya proporción es de solo el 40% del comercio total de los tres países, cifra inferior a la que alcanzamos hace veinte años, como señala el FT.

Qué bueno que se hable de una más estrecha integración energética pero para hacerla realidad hay muchos obstáculos por superar, empezando por el permiso para construir el gasoducto Keystone XL entre Alberta en Canadá y Texas en EU, que al gobierno de Barack Obama le ha llevado ¡cinco años analizar y no resolver!

De nuestro lado, una verdadera integración energética de Norteamérica empieza forzosamente por conocer las leyes que permitirán la implementación de la reforma constitucional y los planes para integrar las redes de oleoductos, gasoductos y de transmisión eléctrica.

En México no faltaron microeconomistas ni sobraron macroeconomistas como afirma el FT: se cometieron errores y se careció del talento necesario para forjar acuerdos políticos que permitieran las elusivas reformas microeconómicas.

• Reformas estructurales • PRI • PAN

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus