Pesos y contrapesos
May 2, 2014
Arturo Damm

Mayor competencia posible, ¿Ahora sí?

¿Ahora sí, con la nueva Ley Federal de Competencia Económica, se logrará la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía?

El problema económico es la escasez, el hecho de que no todo alcanza para todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera, escasez que resultará menor en la medida en la que produzcamos y ofrezcamos más bienes y servicios al menor precio posible, para lo cual se requiere que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es que se produzca, no la nacionalidad del productor), que quiera participar en cualquier sector de la actividad económica, o en cualquier mercado de la economía, lo pueda hacer, participación que, de darse, resultará en la mayor competencia posible entre oferentes y, por ello, en la trilogía de la competitividad: menores precios, mayor calidad, mejor servicio.

El objetivo de la nueva Ley Federal de Competencia Económica, aprobada por los legisladores, tiene como fin garantizar, por el lado de la oferta, la mayor competencia posible, en beneficio de los consumidores, beneficio que se conseguirá si ahora sí se logra la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía. Ahora sí, ¿se conseguirá?

La anterior pregunta no es ociosa. No olvidemos que el 24 de diciembre de 1992 se promulgó la vieja Ley Federal de Competencia Económica, que estará vigente hasta la promulgación, de parte del Ejecutivo Federal, de la nueva Ley Federal de Competencia Económica, vieja ley que, por lo visto, dejó mucho que desear en términos de conseguir el que, en materia tan importante como lo es la competencia, debe ser el objetivo principal: lograr la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía. Si este objetivo se hubiera logrado con la vieja ley, ¿qué sentido hubiera tenido redactar, discutir, modificar, aprobar y promulgar la nueva legislación? Por ello es que la pregunta con relación a la eficacia de la nueva ley no es ociosa: ¿ahora sí, con esta nueva ley, se logrará la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía?

La respuesta a la última pregunta es que sí, siempre y cuando, por obra y gracia de la nueva ley, se le permita a todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores), que quiera participar en CUALQUIER sector de la actividad económica, ¡comenzado por los estratégicos!, o en CUALQUIER mercado de la economía, ¡incluidos los vitales!, lo pueda hacer, lo cual supone reconocer y respetar la libertad individual para trabajar, invertir, producir, emprender, etc., y la propiedad privada sobre los medios de producción necesarios para emprender, producir, invertir y trabajar. La nueva ley, ¿otorga ese permiso, reconociendo y respetando tales derechos? No, lo cual quiere decir que lejos estaremos de conseguir la mayor competencia posible en todos los frentes de la producción de bienes y servicios, lo cual plantea esta pregunta: ¿cuánto tiempo pasará antes de que se reconozca la necesidad de una nueva ley de competencia?



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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