MIÉRCOLES, 14 DE MAYO DE 2014
Reparto de utilidades: Otra arbitrariedad (I)

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Para entender por qué el reparto de utilidades, impuesto por ley, es una arbitrariedad, hay que responder, de entrada, dos preguntas: ¿qué es la utilidad?, ¿cómo se origina? ”


En México los trabajadores tienen el derecho constitucional (artículo 123, inciso IX) de participar en las utilidades obtenidas por el empresario, dueño de la empresa en la que trabajan, ello conforme al porcentaje que determine la Comisión Nacional para la Participación de los Trabajadores en las Utilidades de las Empresas, derecho constitucional que es muestra de la identificación arbitraria de un interés pecuniario (el que tienen los trabajadores de aumentar sus ingresos) con un derecho (que impone a un tercero una obligación), consecuencia del derecho positivista, en el cual el legislador señala, arbitrariamente, lo que es justo y lo que no lo es, siendo que lo justo (y lo injusto) lo es de suyo, por su propia naturaleza. El reparto de utilidades, impuesto por ley, es injusto por su propia naturaleza, muestra de que muchos creen que la riqueza generada por los agentes económicos (en este caso los empresarios), está allí, a disposición del político/legislador/gobernante, para ser redistribuida como mejor les parezca, en función del bien común, la justicia social, la igualdad de ingresos, o cualquier otra entelequia por el estilo. El reparto de utilidades es una de las muchas caras de la redistribución del ingreso, por la que el gobierno le quita a A, lo que es de A, para darle a B, lo que no es de B.

Para entender por qué el reparto de utilidades, impuesto por ley, es una arbitrariedad, hay que responder, de entrada, dos preguntas: ¿qué es la utilidad?, ¿cómo se origina?

La utilidad es la remuneración propia del empresario, como el salario lo es del obrero o el interés del capitalista. El capitalista aporta capital a la empresa a cambio del interés que recibirá como pago, de la misma manera que el obrero aporta trabajo a cambio del salario que recibirá como remuneración. ¿A cambio de qué hace el empresario lo que hace? A cambio de la utilidad que espera recibir, utilidad que es la remuneración que propiamente le corresponde, como el interés al capitalista y el salario al obrero.

El origen de la utilidad es la respuesta correcta a estas dos preguntas: ¿qué producir? y ¿cómo producirlo?, preguntas que responde el empresario, no el obrero. Si el empresario elige bien qué producir (aquello que los consumidores aprecien) y cómo producirlo (al menor costo posible), entonces obtendrá utilidades (desde la normal –incluida en el costo de producción– hasta la extraordinaria –todo lo que exceda a la anterior–), utilidades cuya obtención depende, hay que insistir, de la respuesta correcta a las dos preguntas, respuestas que las da el empresario, ¡nadie más!, utilidades que genera el empresario, no la empresa, algo que no se entiende, y por ello la arbitrariedad de su reparto obligatorio.

Continuará.

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