Pesos y contrapesos
Jul 4, 2014
Arturo Damm

Tres condiciones para la excelencia (II)

Tres son las condiciones para que, en cualquier campo de la acción humana, los agentes se esfuercen al máximo, con el fin de lograr los mejores resultados posibles, sobre todo cuando hay competencia entre ellos.

Tres son las condiciones para que, en cualquier campo de la acción humana, los agentes se esfuercen al máximo, con el fin de lograr los mejores resultados posibles, sobre todo cuando hay competencia entre ellos. Estas condiciones son: 1) igualdad ante la ley (las mismas reglas del juego para todos); 2) que cada quien pueda disfrutar del producto íntegro de su trabajo (no hay redistribución); 3) que a nadie se le otorguen ventajas indebidas (no se conceden subsidios). Una cuarta condición, obvia, es que haya un árbitro justo, encargado de hacer valer las reglas del juego.

De estas tres condiciones (que son las que se cumplen en el deporte) hay que señalar, primero, que son justas, es decir, respetan los derechos de todos los involucrados (uno: todos son tratados igual; dos: a cada uno se le reconoce el derecho a disfrutar del producto íntegro de su trabajo; tres: a cada uno se le reconoce el derecho a enfrentar un oponente que no cuente con una ventaja indebida[1]) y, dos, que son eficaces, es decir, motivan a que cada uno de los competidores dé lo mejor de sí mismo, porque sabe que el oponente se rige por las mismas reglas y que no cuenta con una ventaja indebida, y que, de ganar, disfrutará íntegramente del fruto de su esfuerzo. Al respecto hay que señalar algo importante: estas tres condiciones son eficaces porque son justas; motivan a que cada uno de los competidores de lo mejor de sí mismo porque respetan los derechos de cada uno de los competidores.

¿Hasta qué punto nuestros legisladores, encargados de hacer las reglas del juego en todos los campos de la acción humana, saben que lo justo es lo más eficaz, y, si lo saben, hasta qué punto están dispuesto a actuar en consecuencia y llevarlo a la práctica, sobre todo en el campo de las actividades económicas, en general, y de la producción de bienes y servicios, en particular?

¿Queremos competitividad –menores precios, mayor calidad y mejor servicio–, siempre en beneficio de los consumidores, ¡que somos todos!? Entonces hay que generar, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, la mayor competencia posible, para lo cual se requieren, entre otras muchas cosas, pero de manera principal, las tres condiciones ya mencionadas, aplicadas en este caso a los empresarios: igualdad ante la ley; que cada quien pueda disfrutar del producto íntegro de su trabajo; que a nadie se le otorguen ventajas indebidas. Las reformas estructurales, ¿apuntan en esta dirección?

Cuando al empresario se le obliga a esforzarse al máximo, y para ello hacen falta las tres condiciones mencionadas, el beneficiado es el consumidor, y consumidores somos todos.

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[1] Indebidas, porque hay ventajas, o naturales (con ellas se nace), o producto del esfuerzo (se trabajó para adquirirlas), que deben respetarse.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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