VIERNES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2014
El estilo personal de Obama

¿Cómo percibe usted el inicio del actual sexenio?
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Oscuro y amenazador



“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Manuel Suárez Mier







“Las encuestas muestran que la popularidad del Barack Obama sigue cayendo y que sus paisanos consideran, en una mayoría creciente, que sus políticas no son las correctas”


El Presidente de Estados Unidos Barack Obama se desdijo de nuevo de su promesa de arreglar el caos migratorio de su país, “con el poder de su firma” como amenazó hacerlo al margen del Congreso, pues sus correligionarios le aconsejaron posponer esa acción hasta después de las elecciones de noviembre próximo.

Según sus aliados favorables a una acción ejecutiva, de dudosa validez legal pues se requiere de la aprobación del Congreso para una reforma duradera, Obama decidió posponer sus aún por definir acciones, por razones exclusivamente políticas pues la probabilidad de que su partido pierda el control del Senado es cada vez mayor.

Las encuestas muestran que la popularidad del Presidente de EU sigue cayendo y que sus paisanos consideran, en una mayoría creciente, que sus políticas no son las correctas, lo que es especialmente cierto respecto a su liderazgo internacional donde se enraíza la percepción de que la nave del Estado carece de timonel y guía.

Obama prometió durante su primigenia campaña presidencial en 2007 que actuaría con celeridad y en estrecha colaboración con el Congreso para pasar una reforma migratoria integral, compromiso que ignoró al llegar a la Casa Blanca y dedicarle todo su tiempo a la aprobación de la impopular reforma al sistema de salud.

El Presidente nunca intentó trabajar con sus opositores en el Congreso, que controló completamente en sus primeros dos años de gobierno, pero perdió la mayoría en la Cámara de Representantes en 2010, que desde entonces le ha sido hostil en buena medida debido a una actitud presidencial prepotente y displicente.

Está por verse qué pretende hacer Obama en materia migratoria por decreto pasando las elecciones próximas, en las que se renovará toda la Cámara Baja y una tercera parte del Senado, que muy posiblemente caiga también en control de sus opositores Republicanos, y sobre todo, si sus acciones son legales y estables.

Como escribí la semana pasada, el otro ámbito en el que la aprobación popular de Obama cae como plomada es en su liderazgo global, al grado de verse obligado a dirigirse a la nación anteayer para exponer las acciones que tomará al frente de una coalición de países aliados creada al vapor, para combatir a extremistas islámicos en Irak y Siria, cuando hace escasos diez días había declarado no tener ningún plan.

Obama apresuró innecesariamente la salida de Irak de tropas aliadas, dejando a un gobierno inepto y sesgado a favor del segmento chiita de la población, una de las sectas religiosas de ese país, y en perjuicio del resto, lo que llevó al renacimiento de extremistas islámicos que derrotaron al flamante ejército iraquí, entrenado y avituallado por EU, y le quitaron el armamento moderno del que fue dotado.

Como los vacíos siempre se llenan, en esta ocasión no fue diferente y surgió el grupo extremista sunita proclamando la fundación del Califato Islámico de Irak y Siria, que ha ejecutado en forma salvaje y pública a dos periodistas estadounidenses, que es lo que hizo cambiar a la opinión ciudadana sobre el imperativo de actuar en la zona.

Pero quizá el mejor ejemplo de inacción obamita lo encontremos en Ucrania, donde el Presidente de EU ha estado completamente ausente, ignorando las aventuras bélicas de Vladimir Putin, que después de embolsarse la península de Crimea, ha mantenido una guerra hipócrita, disfrazada de rebelión de ucranianos de origen ruso.

No se trata, por cierto, de que EU o sus aliados envíen tropas a Ucrania ni mucho menos, sino de que se le proporcione armamento y asesoría en “inteligencia” –vulgo espionaje- de lo que está ocurriendo en la región, a lo que Obama se ha negado sistemáticamente, con el consecuente deterioro de la situación de ese país.

El equipo de Obama, nunca particularmente brillante, se ha ido descomponiendo con el tiempo y hoy está rodeado de aduladores y de pesos muy livianos, como sus secretarios de Defensa y Estado –relaciones exteriores- que, como el vicepresidente Joe Biden, tienen como principal atributo meter la pata en los peores momentos.

El problema es que Obama definió su tarea como la de ser el anti-George W. Bush, que embarcó a su país en misiones imposibles: erigir democracias estilo occidental en Afganistán e Irak después de derrotar a sus abominables regímenes en guerras de dudosa justificación, cuando la misión de la potencia hegemónica es la de preservar el orden internacional que ha prevalecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

A ver como acaba todo esto…


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