JUEVES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2014
El calentamiento global o la menopausia ideológica

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“Luego de dos décadas, esa teoría está pasando aceite. La evidencia científica independiente descalifica la teoría del calentamiento causado por el hombre.”


Los izquierdosos antiestablishment de mis sesentayocheros tiempos y de todo el siglo XX se han convertido en menopáusicos post-muro de Berlín que confortan su orfandad ideológica y necesidad de activismo bajo nuevas banderas políticamente muy, pero muy correctas.

Hace exactamente 25 años se derrumbaron las ilusiones del catecismo marxista-leninista junto con ese infernal muro. Sobreviven en el régimen criminal de Corea del Norte y en la retaguardia del pensamiento llamada Latinoamérica, región donde trina Hugo Chávez y su ventrílocuo se inspira en ese canto para “gobernar” Venezuela; y en el DF he visto portar en pendones rojos a Marx, Engels, Lenin y Stalin. ¿Por qué no agregan a Adolf Hitler, malhechor que se daba el quienvive con cualquier dictador soviético?

Los panfletarios Plinio Apuleyo, Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner han llamado a esa curiosa especie El perfecto idiota latinoamericano. El PIL —y esto lo digo yo— es impermeable a toda influencia benéfica: no abjura de cuanto le dio razón de vivir y pensar, reunirse y luchar, estudiar y marchar; y buscar su utopía, que es un lugar, estado o estructura tan infernal como imposible. Piensa el PIL que Fidel Castro es el “mejor hombre que ha nacido en este continente” —cosa que según creo, dijo Nicolás Maduro y pudo haber coreado García Márquez— y sólo en este continente sigue siendo bandera de lucha el socialismo (aquí se desdeñan o desconocen los crímenes del fascismo-nacional-socialismo del colectivista siglo XX).

El resto del mundo ha sustituido su orfandad ideológica con epígonos nostálgicos de sus ideales. El mayor es la ecología; nada hay más correcto que el calentamiento global y sus maravillosos aglutinantes para las “buenas conciencias”:

Además del fundamento científico hay ingredientes sabrosísimos:

Todo ello configura un cóctel perfecto para encauzar a tiempo completo los ideales de una “causa justa”, activismo altruista con culpables visibles, unanimidad de propósitos, fundamento científico (recordemos que se hablaba de “socialismo científico”) y mil etcéteras. Ideal para que los menopáusicos sesentayocheros identifiquen una razón de ser.

Es curioso. Hace poco, la campaña antiindustrial previa al célebre Al Gore y su “verdad inconveniente” jugaba al revés:

En tiempos de la guerra fría el Apocalipsis era frío pero hoy el Apocalipsis es caliente. ¿Quién entiende?

Desde 1975 el planeta se calienta según los mismos termómetros que habían medido un enfriamiento a partir de 1940. El fenómeno es claro y el diagnóstico se extendió globalmente: desde 1997 el Protocolo de Kioto, de la ONU, se basa en la teoría de que la industria expele CO2 y otros gases. Lo firmamos 187 países (no EEUU).

El tema del cambio climático no sólo ha inspirado a las “buenas conciencias” correctas sino también, desde luego, a los financieros. Obama pidió 2,600 millones de dólares para eso en 2013. Hay toda una industria del pánico y miles dependen de ella. Hasta ciertos científicos lo dicen: mientras más dramáticos sean los estudios, aun a costa de hacerles algunos “ajustes”, más se publican y mejor se venden. Quien opine diferente será exhibido como agente de las multinacionales que cobra por decir mentiras opuestas a la ortodoxia correcta. Es una herejía una pregunta inconveniente: ¿será ciencia o propaganda?

Luego de dos décadas, esa teoría está pasando aceite. La evidencia científica independiente descalifica la teoría del calentamiento causado por el hombre.

El clima cambia siempre. En toda época ha habido grandes y cataclísmicos cambios climáticos, aunque no hubiese industria y ni siquiera seres humanos. Hace dos siglos hubo una pequeña edad del hielo y a fines de la edad media la temperatura mundial era bastante más alta que la de hoy. Y no hablemos de edades del hielo o del Sahara tropical.

Los atrás citados catastrofistas del frío presenciaron que la temperatura no había hecho más que bajar desde los años 40s, a pesar de la explosión industrial de la posguerra y sin restricción a las emisiones de CO2. (Varios científicos decían que el CO2 causaba el enfriamiento global.)

Hoy se acumula evidencia de que el CO2, aunque le pese al establishment apocalíptico, no provoca que suban los termómetros. Los hechos no prueban la teoría. Los registros históricos de siglos de dióxido de carbono en el hielo no concuerdan con la temperatura.

Las investigaciones más serias sí identifican una correlación paralela con la fuente de toda vida y energía, la más obvia: nuestra estrella vecina, el astro rey. El sol. La actividad solar (de las manchas solares hay registros desde hace siglos) afecta directamente a las nubes, los rayos cósmicos y la temperatura. Vale la pena ver esta película:
https://www.youtube.com/watch?v=Ov0WwtPcALE

Creo que tragarse completa la teoría de que no sea el sol sino el CO2 —que no forma ni el 0.4% de la atmósfera— el culpable del clima, es como creer que a Kennedy y Colosio los mataron asesinos solitarios. Y esto lo digo no como científico ni detective ni investigador sino como librepensador y amigo de la verdad.

Sin embargo, negar la teoría del calentamiento global puede ser peligroso. No es trivial la herejía contra esta religión laica, con sus verdades y dogmas “científicos”. Un prodigioso ejemplar del ecofascismo es el profesor austríaco Richard Parncutt: propone pasar por las armas a quien dude del calentamiento global y de sus causas.
http://joannenova.com.au/2012/12/death-threats-anyone-austrian-prof-global-warming-deniers-should-be-sentenced-to-death/

Mejor que el paredón contra los impíos será confrontar hechos científicos y evidencias, aunque jamás contenten a los huérfanos menopáusicos del socialismo anticapitalista y aunque en cierto gremio científico prevalezca la noción de que el CO2 es el demonio y Al Gore es su profeta.

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