Hablando en plata
Feb 5, 2015
Luis Pazos

Fajarse el cinturón y los pantalones

El primer ajuste de cinturón a un presupuesto inflado frena la tendencia al aumento de gasto público en 2013 y 2014 con la excusa de activar la economía.

El recorte del gasto público lo presenta el gobierno federal como un “fajarse el cinturón” ante una realidad aritmética. Cayeron sus ingresos, y para evitar un irresponsable aumento del déficit, deuda o emisión monetaria, como en los años 80, redujo su inflado gasto.

Es una decisión positiva ante un precio del petróleo a menos de la mitad del presupuestado en el PEF (Presupuesto de Egresos de la Federación), aprobado por los diputados para 2015. Los ingresos petroleros en enero fueron la mitad a los presupuestados. La balanza comercial petrolera fue deficitaria en diciembre de 2014: la importación de productos petroleros implicó una salida de dólares mayor a los recibidos por la exportación de crudo.

Esa situación era previsible desde el año pasado. La pasaron por alto los diputados al aprobar un presupuesto sin sustento en ingresos reales. Miraron el 2015 como un año electoral en que querían las arcas llenas para ganar votos. Si hubieran aprobado un presupuesto realista, de entrada no hubieran creado una expectativa de menor crecimiento entre inversionistas y analistas con el recorte anunciado.

El primer ajuste de cinturón a un presupuesto inflado frena la tendencia al aumento de gasto público en 2013 y 2014 con la excusa de activar la economía. Pero para no perjudicar a los ciudadanos debe acompañarse de un “fajarse los pantalones” en los gastos superfluos e inútiles en los tres niveles y poderes de gobierno. Los gastos millonarios de algunos gobernadores, como en Chiapas y Puebla, en promocionar su imagen deben frenarse. Los sobreprecios a contratistas de un 37% promedio, reconocido por el mismo gobierno (COFECE), deben terminar. El pago a miles de maestros que no dan clases y hacen grilla, debe eliminarse.

Hay mucha “tela de dónde cortar” en todos los niveles y poderes del gobierno. Al poder judicial le sobra dinero, la judicatura crea fideicomisos mientras inventan en qué gastarlo. Los legisladores se aumentan sueldos y bonos como si sobrara el dinero. Los programas dizque “sociales”, que sólo sirven para promover el voto, deben reducirse. Los ajustes al gasto pueden y deben ser mayores, de tal forma que no solo impidan más déficit, impresión de dinero y deuda, sino permitan bajar los impuestos, para que incentiven un crecimiento estructural y con finanzas sanas.



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Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el gobierno. Atemos al segundo con las cadenas de la Constitución para que no se convierta en la versión legalizada del primero.

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