VIERNES, 8 DE MAYO DE 2015
5 de mayo

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“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Manuel Suárez Mier







“Muchos estadounidenses creen que el 5 de mayo es el equivalente de su 4 de julio, cuando ellos celebran su independencia, y no hay poder humano que los persuada de que están confundidos, que nuestra independencia la obtuvimos de España y no de Francia.”


Desde hace años, cuando viví en Estados Unidos por primera vez como estudiante, me ha llamado mucho la atención y causado sorpresa la gran alharaca que se le hace en ese país a la victoria mexicana sobre el ejército francés de Luis Napoleón en la Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862.

Muchos estadounidenses creen que el 5 de mayo es el equivalente de su 4 de julio, cuando ellos celebran su independencia, y no hay poder humano que los persuada de que están confundidos, que nuestra independencia la obtuvimos de España y no de Francia, y que ello ocurrió medio siglo antes, el 16 de septiembre de 1810.

Mi primera hipótesis para explicarlo fue que quizá el atractivo para EU de la Batalla de Puebla radicaba en la derrota –por desgracia efímera- de una potencia extranjera que había violado los términos de la Doctrina Monroe, mediante la cual EU anuncia en 1823 “que no tolerará la futura colonización o el patrocinio de monarquías peleles en el Hemisferio Occidental,” definido como su exclusiva área de influencia.

Cuando el Presidente James Monroe adoptó la Doctrina con su nombre, no estaba claro que los intereses coloniales americanos de España, Francia e Inglaterra hubieran sido derrotados en definitiva, por lo que se temía la restauración de la prohibición europea a sus colonias americanas de comerciar con Estados Unidos.

Diversas lecturas posteriores me convencieron, sin embargo, de que había algo más en la persistencia estadounidense de celebrar el 5 de mayo. Hay que recordar que en 1861 los estados del sur deciden declarar su independencia de Estados Unidos y crear una nueva nación, la Confederación de Estados de América.

Si bien la propuesta del recién electo Presidente Abraham Lincoln de abolir la esclavitud fue una de las causas esenciales de la secesión de los estados sureños, otra de igual importancia era su radicalmente distinta filosofía en materia comercial: el norte, industrializándose con políticas proteccionistas mientras que la economía de plantación que floreció en el sur dependía del libre comercio para sobrevivir.

La secesión derivó en una sangrienta guerra civil que por mucho tiempo no estaba claro quién iba a ganar. Durante cuatro años un Estados Unidos dividido y en contienda, no tendría la capacidad para ejecutar la Doctrina Monroe, coyuntura que fue aprovechada por la Francia de Luis Napoleón para invadir México.

El Emperador de Francia tenia designios más allá de instalar a Maximiliano de Habsburgo como emperador en México –proyecto en el que su esposa, la española Eugenia de Montijo tuvo mucho que ver-, sino intervenir en la guerra civil en EU para asegurar la victoria de la Confederación y restaurar el proyecto colonial que Francia había concebido en América, enterrado con la venta a EU de la Luisiana.

Este gran plan francés en América, que incluía el reconocimiento diplomático de la Confederación, romper el bloqueo naval dictado por Estados Unidos, y la posibilidad de recuperar Nueva Orleans como el primer paso para restituir su zona de influencia alrededor del rio Mississippi, dependía de llegar con la mayor celeridad a la frontera norte de México para avituallar a los ejércitos confederados con armas y municiones.

En ello radica la crucial importancia de la Batalla de Puebla: Postergó los planes franceses por más de un año, lo que le compró tiempo al gobierno trashumante de don Benito Juárez para organizar su guerrilla contra los invasores, y estos dos hechos impidieron que los franceses llegaran a tiempo a reforzar a la Confederación.

La ocupación de México se tornó crecientemente impopular en Francia, al tiempo que Alemania empezó a hacer movimientos bélicos, lo que fuerza a Napoleón a retirar sus tropas de nuestro país, y ya sin ellas era sólo cuestión de tiempo que el ejército republicano derrotara al imperial y cayera Maximiliano.

¡Buenas razones para celebrar con bombo y platillo el 5 de mayo!


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