MIÉRCOLES, 26 DE ABRIL DE 2006
El autoritarismo populista de López Obrador

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Elementales recursos expresivos del discurso populista y autoritario: la negación del diálogo, del consenso, de la aceptación de las diferencias y de la tolerancia a las críticas.”


En los regímenes presidencialistas, la única garantía para que la democracia no sucumba a los devaneos autoritarios a los que a menudo la someten los poderes ejecutivos es que las fuerzas de oposición se comprometan en defensa de la libertad y los derechos humanos y denuncien cualquier intento de coartar los principios fundamentales de la República. Las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación, los intelectuales y la ciudadanía deben hacer su aporte. Pero sin el liderazgo de la oposición, fundamentalmente aquellos partidos que tienen representación parlamentaria, la democracia está en peligro. El mundo sería un lugar mucho más apacible si el único país que enfrentara estos dilemas fuera México. En efecto, Venezuela ya sucumbió hace tiempo a los caprichos autocráticos de Hugo Chávez. La Rusia de Putin va en el mismo camino, desandando el tímido avance hacia el imperio de la libertad que había experimentado en los últimos años. Hasta en los Estados Unidos se debaten estos temas, en el peculiar entorno político e ideológico generado por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

 

Pero es indudable que nuestro país padece de una gravísima y endémica debilidad institucional que es sistemáticamente potenciada por las pretensiones hegemónicas de los presidentes. Fox no ha sido la excepción, sino la regla. No hace falta recordar que, muy temprano al inicio de su mandato, su humildad y sentido común lo hicieron ser llamado Vicente I. Ahora bien, el nuevo panorama electoral mexicano no es diferente, y, a quien prácticamente se le presenta como el caballo vencedor, debe de hacernos reflexionar antes de que, se siente en Palacio:

 

Es cierto que en su caso llama la atención la naturalidad y hasta el desparpajo con que desarrolla sus objetivos; también, la sobreutilización del estilo confrontativo y de las interpretaciones simplistas y maniqueas del pasado, del presente y del futuro. Recordemos que el autoritarismo populista no acepta la diversidad ni propone matices que permitan el acuerdo entre las distintas partes (los partidos políticos) que representan a los ciudadanos en un sistema democrático.

 

Se trata de elementales recursos expresivos que pueden encontrarse en cualquier manual de discurso populista y autoritario. Esto incluye la negación del diálogo y el consenso como elementos constitutivos de la cultura democrática. Lo mismo ocurre con la aceptación de las diferencias y la tolerancia a las críticas. Si esta es la realidad que le espera a México, el punto de análisis debe de ser el voto cruzado y lograr que haya una oposición total a nivel de Congreso. Para México, para el segundo semestre del 2006 el papel de la oposición es sencillamente crucial. En ella descansa la posibilidad de que se mantengan, aunque sea mínimamente, los resortes fundamentales de la República y de toda nación más o menos libre: La defensa de los valores democráticos, la calidad institucional y los principios formales que establece nuestra Constitución nacional, que suelen fastidiar tanto a nuestros hiperpresidentes. Y ojo que, a Lopez-Obrador, estos valores le vienen del norte.


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