Pesos y contrapesos
Ago 21, 2015
Arturo Damm

Impulsar al mercado interno (V)

Cuando los políticos hablan de impulsar al mercado interno piensan en la aplicación de la receta keynesiana, en aumentar el gasto gubernamental y financiarlo con producción de dinero.

Los pasos correctos para impulsar al mercado interno son: elevar la competitividad para atraer más inversiones directas, para producir más bienes y servicios, crear más y mejores empleos, y generar más ingresos, para aumentar la capacidad de compra de los mexicanos, para incrementar la demanda en México por mercancías producidas en México, para expandir el mercado interno.

Hay quienes proponen alternativamente la receta keynesiana: que el gobierno gaste más, para incrementar la demanda por bienes y servicios, lo cual incentivará su producción, dando como resultado un mayor crecimiento económico, medido por el comportamiento de dicha producción.

Al respecto hay que aclarar dos puntos. 1) Para que funcione la receta keynesiana el gobierno debe gastar más sin que nadie más gaste menos, para lo cual ese mayor gasto debe financiarse con producción de dinero, no con más impuestos (lo que el gobierno gasta de más es lo que los contribuyentes gastan de menos, no habiendo un aumento en la demanda), tampoco con más deuda (lo que el gobierno gasta de más es lo que los acreedores gastan de menos, no habiendo tampoco un aumento en la demanda). 2) Si el gobierno gasta más, sin que nadie más gaste menos, sí habrá un aumento en la demanda por bienes y servicios, pero no necesariamente un aumento en la oferta de los mismos, ya que los oferentes pueden optar, aprovechando el aumento en la demanda, por el alza de precios, sobre todo si no tienen la capacidad para aumentar rápidamente la oferta de mercancías. El resultado entonces sería la inflación, pero no la expansión del mercado interno.

Cuando los políticos hablan de impulsar al mercado interno piensan en la aplicación de la receta keynesiana, en aumentar el gasto gubernamental y financiarlo con producción de dinero. Afortunadamente, dada la autonomía del Banco de México (el gobierno no puede obligar al banco a producir dinero y dárselo), la aplicación de la receta resulta imposible, no quedando otra más que el camino correcto, señalado al inicio de este artículo.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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