Asuntos Políticos
May 1, 2006
Cristina Massa

Política en México: Oferta y demanda

Por donde se mire, vacío. Está clara la pobreza de la oferta política de México. Pero queda pendiente el análisis de la demanda, nuestro lado, el de los ciudadanos que decidimos si vamos o no con estos políticos de hojalata.

Con la colaboración de Edgar Moreno

 

En medio de la carrera por la sucesión presidencial, Denise Dresser y Jorge Volpi han abierto un paréntesis para revisar la historia política de México. Sin reverencia alguna presentan en su nuevo libro, México: lo que todo ciudadano (no) quisiera saber de su patria (Nuevo Siglo - Aguilar), a las clases política, empresarial y mediática de nuestro país. El panorama es pesimista: la oferta política del país en el pasado fue pobre y hoy es paupérrima. Pero su texto también invita al optimismo: intenta provocar a la sociedad civil para reconfigurar nuestro horizonte. ¿No es ingenua esta esperanza, a la cual por cierto hicieron coro en su excelente presentación del libro Sabina Bergman, Germán Dehesa, Javier Corral (¿?), Leo Zuckerman y Carmen Aristegui?

 

Al gobierno saliente se le caracteriza por sus desaciertos, desgana, total carencia de pericia y voluntad. Le quedó muy grande el trabajo a un grupo de funcionarios que, en el mejor de los casos, sólo son ineficientes. No es fácil ser gobernante en un escenario completamente novedoso para el país, pero mucho más difícil se hace si no se allegan los políticos de quienes puedan proyectar escenarios probables y alternativas posibles. Este gobierno pecó de soberbio y de inexperto, por decir lo menos. (Me adscribo a la caracterización que hace Juan Pardinas: se trata de la ineptocracia en pleno).

 

En pseudocumplimiento de la absurda promesa de campaña de “arreglar lo de Chiapas en 15 minutos”, Fox inicia su fracaso con una iniciativa presidencial que no fue y nunca hubiera sido apoyada por Acción Nacional, su propio partido: la Cocopa. Dos años le costó al nuevo gobierno coordinarse con el partido albiazul en el congreso. La popularidad foxista hubiera sido un potente motor de cambios en la legislatura pero se perdió en la acumulación de desaciertos, en la obsesión por los consensos cuando bastaban mayorías, en la errada copia de un modelo de concertación entre élites cuando la cooperación podría venir desde el electorado.

 

Pero la oposición no da más esperanzas. En el PRD se han imitado todas las prácticas que combatieron. Qué novedad, con filas nutridas de expriístas voraces. El súper candidato, AMLO, el indestructible, el de izquierda, sostuvo un gobierno caracterizado por sus bases clientelares ilegales, como los taxis piratas y los vendedores ambulantes. Construyó sí, pero justo en el sentido opuesto al que debe construirse para hacer de la Ciudad de México una ciudad viable para el futuro. Impulsó políticas que no reflejan responsabilidad alguna: desarticuló con una jugarreta jurídica el consejo de transparencia del Distrito Federal. Esto sin contar los escandalosos videos que evidenciaron la corrupción en su gobierno, con o sin complot.

 

No obstante, AMLO, se impuso como candidato único en el PRD. Encargó un libro que parece una lista de propósitos de año nuevo. Sin ninguna propuesta seria, sin ningún análisis riguroso, apenas una prosa melosa, un discurso ñoño y sin sentido. Pero bastó aquél panfleto chabacano para erigirse como El De Las Propuestas, aún cuando se rehusó siempre a entablar un debate serio con Cuauhtémoc Cárdenas.

 

Y viene el PRI, flamante, renovado, el PRI re-loaded. Recuperó buena parte de las gubernaturas perdidas en los últimos 10 años, se fortaleció en otras. Sin embargo, eligió a su candidato presidencial a través de un proceso interno conflictivo que dividió el gran aparato electoral. La credibilidad de Madrazo es sólo tan baja como su decencia. Su inserción descarada en la cleptocracia y gerontocracia política resulta en que ni siquiera le afecte mayormente un escándalo respecto a si se encuentra al día con su amiga la tesorería: nadie espera de él que sí lo esté. Pero en el PRI no sólo está ausente un liderazgo claro y unívoco, sino que ha dirigido su campaña a la más vieja usanza, esperando ganar movilizando a sus desgastadas bases corporativas sin dirigirse al elector independiente.

 

Pues bien, por donde se mire, vacío. Qué pobreza la de la oferta política de México. (Qué pena que nuestras provocativas asambleístas no habían posado para la Revista H antes de que el libro saliera. Le hubieran agregado una veta adicional de exploración a Dresser y Volpi). Sin embargo, queda pendiente el análisis de la demanda, nuestro lado, el de los ciudadanos que decidimos si vamos o no con estos políticos de hojalata. Lamentablemente, en la sociedad civil en la que los autores cifran su optimismo parece pasar muy poco. La vida civil del país es tan pobre como la calidad de sus políticos. No queda clara la viabilidad de esperar un nuevo arreglo político impulsado solamente por una participativa sociedad civil, si ésta se encuentra empobrecida, apática, con opiniones formadas por los noticieros televisivos nocturnos y unos cuantos intelectuales trasnochados o analistas narcisistas.

 

Si la sociedad civil es como es, se debe en gran medida a las instituciones en las que se encuentra inmersa, que no alientan su capacidad de articular demandas claras, objetivos concretos. A ellas dedicaremos nuestra próxima participación. En el ínter y disfrutando la mirada humorísitca y llena de sorna del libro de Dresser y Volpi, nos sentaremos a compartir su ingenuidad de centrar las esperanzas de este país en ciudadanos que demanden una mejor clase política.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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