Pesos y contrapesos
Nov 19, 2015
Arturo Damm

¿Libre comercio? ¡Sí, cómo no! (I y II)

Sin duda alguna que hemos avanzado por el camino del libre comercio, ¿pero hemos alcanzado el libre comercio, el verdadero libre comercio, sin rastro de proteccionismo? En México, ¿tenemos librecambismo?

Llevamos poco más de dos décadas hablando de globalización y libre comercio, de lo mucho que se ha avanzado por ese camino, de las oportunidades, retos y riesgos que ello ha traído consigo, de lo que ha salido bien y también de lo que ha salido mal.

En todo ese tiempo no han faltado quienes demandan dar marcha atrás, volver a la autarquía, a reservar los mercados mexicanos a los productores nacionales, sin la competencia de las importaciones, demanda que parte de la creencia de que la producción es la actividad económica terminal, aquella que le da sentido a todas las demás, razón por la cual hay que incentivarla, y para ello qué mejor que mantener a los productores nacionales (que pueden ser mexicanos o extranjeros, siempre y cuando produzcan en México), al margen de la competencia de las importaciones, limitando la libertad de los consumidores nacionales a elegir solamente entre productos hechos en México.

Sin embargo es el consumo, no la producción, la actividad económica terminal. El consumo es el fin y la producción el medio. Si no hay consumo de X, ¿habrá producción de X? Si el fin desaparece, ¿permanece el medio? ¿Cuál de las dos actividades mencionadas –consumo o producción– es el fin y cuál es el medio? Y si el fin es el consumo, ¿la producción no debe estar supedita al logro de ese fin de la manera más eficaz posible?

Consumir de la manera más eficaz posible, ¿qué quiere decir? De entrada, que los bienes y servicios se ofrezcan al menor precio posible, con la mayor calidad posible, y con el mejor servicio posible, para lo cual se requiere, entre productores y oferentes, la mayor competencia posible, para lo cual se requiere de las importaciones o, dicho de otra manera, del librecambismo, definido como el arreglo institucional por el cual son los consumidores, comprando o dejando de comprar, los que determinan la composición (qué) y el monto (cuánto) de las importaciones, sin ninguna intervención del gobierno. ¡Sin ninguna!

El librecambismo es el arreglo institucional (reglas del juego) por el cual son los consumidores, comprando o dejando de comprar, los que determinan la composición (qué) y el monto (cuánto) de las importaciones, sin ninguna intervención de parte del gobierno. En el librecambismo se importa lo que los consumidores están dispuestos a comprar y en las cantidades que están dispuestos a comprar. En el librecambismo se respeta la libertad de los consumidores para comprar lo que les dé la gana, independientemente de dónde se haya producido la mercancía.

Lo contrario del librecambismo es el proteccionismo, definido como el arreglo institucional por el cual el gobierno determina la composición (qué) y el monto (cuánto) de las importaciones, para lo cual usa herramientas que van, desde el cierre de fronteras a las importaciones, hasta la imposición de aranceles (impuestos que gravan las importaciones, restándoles, vía un mayor precio, competitividad), pasando por las cuotas de importación, con el fin, ¡tal y como su nombre lo indica: proteccionismo!, de proteger a los productores nacionales de la competencia de las importaciones, lo cual se traduce en un consumo menos eficaz, comenzando por los mayores precios que, ceteris paribus, trae consigo una menor oferta, consecuencia de haberse prohibido las importaciones, de haberse limitado la competencia.

Ante el libre comercio podríamos pensar que en México los consumidores estamos a salvo de los efectos del proteccionismo sobre nuestro nivel de bienestar (mayores precios, menor calidad, peor servicio), y en la media en la que hemos avanzado por ese camino ello es cierto, pero una cosa es avanzar y otra distinta llegar. Sin duda alguna que hemos avanzado por el camino del libre comercio, ¿pero hemos alcanzado el libre comercio, el verdadero libre comercio, sin rastro de proteccionismo? En México, ¿tenemos librecambismo? En México, ¿somos los consumidores, ¡en todos los casos!, quienes determinamos la composición y el monto de las importaciones, sin ninguna intervención del gobierno, es decir, sin ningún tipo de protección (intencional o no) a favor de los productores nacionales?

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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