VIERNES, 5 DE FEBRERO DE 2016
Reforma del DF, negativa y banal

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“La reciente reforma política del DF es una muestra más de la facilidad que tienen los partidos políticos para manosear la Constitución por protagonismo o pactos, sin ningún beneficio para la ciudadanía.”


La reciente reforma política, que implica la creación de otra Constitución y cambiar de nombre al DF por el de Ciudad de México, es una muestra más de la facilidad que tienen los partidos políticos para manosear la Constitución por protagonismo o pactos, sin ningún beneficio para la ciudadanía. La mayoría de los legisladores federales y estatales que votaron a favor de esa reforma ignoran los problemas que acarreará en el futuro, como el conflicto de leyes y dejar la seguridad de la sede del poder ejecutivo en manos de un ayuntamiento o un Estado.

La Constitución de los Estados Unidos reserva un territorio, Washington D.C., para el asentamiento de los poderes federales por cuestiones de seguridad y competencia, con una autoridad directa del gobierno federal; en México, pasando por alto esas elementales razones, se aprobó una reforma política que solo significa un nuevo reparto del poder, más burocracia y mayores gastos a costa de los ya altos impuestos a los contribuyentes. Tan solo para costear la pomposa “asamblea constituyente” de donde se presume emergerá una nueva Constitución “progresista” y de “izquierda”, se destinará un presupuesto inicial de 100 millones de pesos.

Sus promotores dicen que se cumplirá con el anhelo de la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México de tener una Constitución, lo cual es falso; lo que anhelan es una ciudad con mejores servicios, menos impuestos, menos reglamentos, menos multas, más seguridad, menos robos y extorsiones por parte de sus múltiples dependencias. Hablan de que ya registraron el nuevo nombre de ”Ciudad de México”, que desde la constitución del 17 se menciona. Parece que los autores de este show no leyeron el Art. 44 Constitucional, que, desde 1993, dice: “La Ciudad de México es el Distrito Federal sede de los poderes de la Unión y capital de los Estados Unidos Mexicanos…”. Ante la falta de argumentos serios y sólidos para crear leyes que generarán por conflictos de competencia, más reglamentos y gastos, quieren vender a los ciudadanos el cuento del rescate o incorporación de un nombre que ya está.

Lo de que serán “libres y soberanos”, quizá solo servirá a los gobernantes para desviar recursos y endeudarse con mayor facilidad, como lo han hecho varios gobernadores.

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