JUEVES, 18 DE FEBRERO DE 2016
El Papa y el mercado (IV)

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
Muy bien
Bien
Regular
Mal
Muy mal



El punto sobre la i
“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”
Epicuro


Más artículos...
Víctor Hugo Becerra
• La nueva guerra contra los migrantes

Arturo Damm
• ¿Nos va a ir bien?

Manuel Suárez Mier
• Trump, un genio muy estable

Arturo Damm
• Lo que no sabemos, lo que sí sabemos

Luis Pazos
• Decisiones costosas con saldos negativos

Isaac Katz
• Hacia una menor informalidad

Arturo Damm
• Amenaza pública


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Arturo Damm







“El mercado, como afirma el Papa Francisco, ¿es causa de muchos males? ¿Eliminamos al mercado y volvemos a la autosuficiencia?”


El mercado, el intercambio, no es causa de males, sino del bien común, del mayor bienestar (bien) de todas las partes involucradas (común), quienes valoran más lo que reciben que lo dan a cambio, aumentando su bienestar.

El mercado es la relación de intercambio entre compradores y vendedores, que hace posible la división del trabajo, que hace posible que A se dedique a la producción de pan, y que B se dedique a la producción de vino, lo cual tiene sentido si A y B pueden intercambiar pan por vino, de tal manera que A no tenga solo pan, sino pan y vino, y que B no tenga solo vino, sino vino y pan, pudiendo ambos comer y beber. De no darse el intercambio A se muere de sed y B se muere de hambre, la división del trabajo resulta contraproducente, y ello obligaría a A y B a la autosuficiencia, a producir cada uno, si A no quiere morirse de sed, y si B no quiere morirse de hambre, pan y vino, lo cual tendría efectos negativos sobre la productividad y la producción.

¿Cuál sería nuestro nivel de bienestar, de cuántos bienes y servicios dispondríamos, si tuviéramos que ser autosuficientes, es decir, si tuviéramos que producir, cada uno por su cuenta, todo lo necesario para satisfacer nuestras necesidades? En tales condiciones, ¿dispondríamos de la cantidad, calidad y variedad de bienes y servicios de los que disponemos gracias a la división el trabajo, que tiene sentido solamente si el intercambio, es decir el mercado, es posible?

El mercado (intercambio) hace posible la división del trabajo, y la división del trabajo, por aquello de “zapatero a tus zapatos”, hace posible una mayor productividad (hacer más con menos) y una mayor producción (mayor oferta de bienes y servicios), tal y como lo entendió, en el siglo XVIII, Adam Smith. Todo ello, ¿tiene algo de malo? El mercado, como afirma el Papa Francisco, ¿es causa de muchos males? ¿Eliminamos al mercado y volvemos a la autosuficiencia?

Continuará.

• Liberalismo • Cultura económica • Religión

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus