Pesos y contrapesos
Feb 29, 2016
Arturo Damm

Déficit comercial, ¿malo? (I)

Según la visión mercantilista el superávit es lo que nos beneficiaría, lo cual no es cierto. Lo que nos beneficia es el déficit, no el superávit.

Según las cifras oportunas del INEGI, durante enero pasado las exportaciones de mercancías mexicanas hacia el extranjero sumaron 24,536 millones de dólares (23,477 millones de exportaciones no petroleras, el 95.7 por ciento; 1,060 millones de petroleras, el 4.3 por ciento), mientras que las importaciones de mercancías extranjeras hacia México sumaron 27,997 millones de dólares (3,884 millones de bienes de consumo, el 13.9 por ciento; 21,058 millones de bienes intermedios, el 75.2 por ciento; 3,033 millones de bienes de capital, el 10.8 por ciento). El resultado fue un déficit en la balanza comercial de 3,461 millones de dólares, que no es más que la diferencia entre lo que se exportó (24,536 millones de dólares) y lo que se importó (27,997 millones), déficit que para muchos, ¡resabios del mercantilismo!, es malo. Para ellos lo ideal es que la balanza comercial resulte superavitaria, que se exporte más de lo que se importa, que se les venda a los extranjeros más de lo que se les compra. Según esta visión (mercantilista) el superávit es lo que nos beneficiaría, lo cual no es cierto. Lo que nos beneficia es el déficit, no el superávit.

Para entenderlo hay que tener en cuenta, primero, que el fin de la actividad económica es la satisfacción de las necesidades. Lo segundo que hay que considerar es que con lo que exportamos satisfacen sus necesidades los extranjeros y que, con lo que importamos, las satisfacemos nosotros. Lo tercero que no debemos pasar por alto es que, suponiendo que la única fuente de dólares (moneda en la cual se llevan a cabo las transacciones de comercio internacional) fueran las exportaciones, exportar sería el único medio para lograr el fin que es importar, satisfacer nuestras necesidades: exportamos, a cambio recibimos dólares, y con esos dólares pagamos lo que importamos. La importación es el fin y la exportación el medio, con toda la importancia que los medios tienen para el logro de los fines, pero siendo solo eso, medios, que no hay que confundir con fines.

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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