Aquelarre Económico
May 20, 2016
Manuel Suárez Mier

Ciclos económicos y políticos

Lo mismo que hay ciclos de actividad económica que marcan la fluctuación entre lapsos de crecimiento y de contracción, también hay ciclos políticos que fluctúan entre el progresismo y el auténtico liberalismo. Y suelen estar correlacionados.

Lo mismo que hay ciclos de actividad económica que marcan la fluctuación natural de una economía entre lapsos de crecimiento y de contracción, definidos por variables como inversión y consumo, el nivel de las tasas de interés y del empleo, y las expectativas, también hay ciclos políticos que fluctúan entre el progresismo y el auténtico liberalismo.

Los ciclos económicos y políticos suelen estar correlacionados, los primeros tendiendo a explicar los segundos, como se puede apreciar en el populismo que ha surgido hoy en el todo el globo, en especial en los países desarrollados a partir de la crisis financiera iniciada en 2007.

Al igual que en economía, hay ciclos políticos que se repiten con regularidad en periodos cortos, como la tensión perenne entre estimular mayor empleo con gasto público deficitario, con frecuencia apoyado en políticas monetarias laxas, y la exigencia de dar marcha atrás a ambas al surgir presiones inflacionarias.

Pero es en los ciclos largos donde quiero concentrar mi atención. En economía, Nicolás Kondratiev identificaba ciclos de 60 años con cuatro fases: la primera, de optimismo y rápido crecimiento; la segunda de arrogancia extrema y certeza necia; la tercera, con incipientes presiones inflacionarias y burbujas especulativas; y la última, el colapso con deflación y depresión.

Es notable la coincidencia de los cuatro ciclos de Kondratiev que se detectan en EU en los últimos 200 años, con periodos también prolongados de efervescencia populista. El primero de ellos, entre 1816 y 1835 coincide con el gobierno radical de Andrew Jackson y la depresión causada por sus acciones: cierre del banco central y especulación inmobiliaria mediante una burbuja crediticia.

El segundo ciclo que va de 1864 a 1873 coincide con un largo periodo de progresismo extremo y de ataques “científicos” al liberalismo en lo económico y también en la política, que culmina hacia principios del siglo XX con una enorme cantidad de instituciones burocráticas y reguladoras en todos los ámbitos, la adopción ilegal del impuesto sobre la renta y un nuevo banco central, el Fed.

La Larga Depresión, como se le conoce en la literatura económica al periodo entre 1873 y 1896, coincidió con una profunda y prolongada agitación populista, el choque entre agricultores que querían el patrón plata y mayor inflación, contra la población urbana que deseaba todo lo contrario, y el enfrentamiento entre los grandes capitalistas de la era contra un Estado crecientemente intervencionista.

El acceso de Woodrow Wilson a la Presidencia en 1913 consolida el progresismo presidencial y el acopio omnímodo de poder en entes burocráticos autónomos creados para regular toda actividad humana, desde la producción y venta de bebidas etílicas, las finanzas y el comercio doméstico e internacional.

El tercer ciclo de Kondratiev en EU entre 1921 y 1929, prolegómeno de la Gran Depresión, acicatea de nuevo el progresismo radical de Franklin D. Roosevelt, que alcanzó tal descrédito que acabó rechazando el término progresista y adoptó en su lugar, el liberalismo que en estricto sentido propone lo contrario, un Estado acotado con leyes claras y un profundo respeto por la libertad individual.

Finalmente, el cuarto ciclo culmina en el año 2000 y su fase depresiva podría prolongarse hasta el 2020, ha coincidido con un Estado interventor y cada vez más regulatorio que ha extendido sus tentáculos a controlar nuevas actividades, como lo muestra el crecimiento descomunal del Código de Regulaciones Federales que se estima habrá crecido en 640 mil hojas cuando salga Obama, un 40%.

Este es el entorno en que se da la elección presidencial de 2016 y en el que candidatos como Trump y Sanders florecen y presionan agendas populistas extremas. Si bien no necesariamente llegarán al poder, sus propuestas se reflejarán en las plataformas partidarias y en las acciones de la próxima administración.



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