LUNES, 27 DE JUNIO DE 2016
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“El progreso y la paz de las naciones dependen del comercio libre y no de agrupaciones burocráticas como la UE que sólo han significado más regulaciones y costos fiscales.”


En 1973, la vida en Gran Bretaña (GB) cambió. Fue causado en buena medida por su ingreso a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE, por sus siglas). Para gran Bretaña la entrada significó un enorme costo en materia agrícola. GB dejó de comprar los productos agrícolas de su excolonia, la enorme súper potencia agrícola y ganadera, Australia. GB dejó de comprar productos agrícolas baratos de Australia y en su lugar debió adquirir productos agrícolas más caros de países miembros de la CEE. Y lo mismo sucedió con la ganadería, GB tuvo que pagar un precio de 25% más alto por la carne y bienes agrícolas que provenían de Australia.

Esto fue un lastre económico que significó el someterse a formar parte de la llamada Unión Aduanal, que obligaba a tener que renunciar a las importaciones de un país miembro que no formara parte de la CEE (luego Comunidad Europea a secas, CE, y luego Unión Europea, UE). 

Cuando se sustituyen importaciones baratas por importaciones caras, llega el llamado efecto desviación comercio, que representa una pérdida económica brutal para el país que incurre en dicha medida de política comercial. Las importaciones- exportaciones de una nación se deben dar en función de las ventajas comparativas (se importa y/o exporta dependiendo de los costos de producción), jamás en función de negociaciones políticas arbitrarias.

Luego llegaron otras medidas centralistas de Bruselas, que obligaban a adoptar medidas colectivistas de corte de planificación central alejadas de los ciudadanos. 

En buena medida de aquí deviene el descontento de ese gran monstruo colectivo llamado hoy Unión Europea. Más comercio libre entre los países europeos, perfecto, esa es una buena medida de política económica y es el factor que evita guerras constantes. Es el comercio libre, no el pacto político y autoritario de una unión de países lo que provoca el avance las economías de cualquier región del mundo. La Unión Europea es eso, una aberrante unión que ha generado una enorme y costosísima burocracia, amén de aceptar a miembros económicamente subdesarrollados y de dudosa reputación financiera como Grecia. 

La salida de Gran Bretaña de la Unión europea representará costos altos en el corto plazo, pero si este país sigue abriéndose al sector externo (y no se aísla del resto del mundo) y evita las políticas sociales de bienestar europeas (a la nefasta y costosa social democracia), y mantiene desde luego políticas fiscales y monetarias responsables, se convertirá en un campeón económico de Europa, sin las ataduras burocráticas de la llamada Unión Europea.

A algunos analistas bisoños les recuerdo lo siguiente:

La Unión Europea tiene orígenes liberales. Su origen es la llamada Comunidad Europea del Carbón y el Acero, estableciéndose formalmente en 1951. Sus países miembros originales fueron Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo. Es hasta 1957 (ya con 9 países miembros) que se firman los llamados Tratados de Roma y se constituye el Mercado Común Europeo. El principio fundamental era hacer el comercio libre (sin aranceles y prohibiciones comerciales) entre los países miembros constituyendo así una prosperidad que fuera un escudo contra el régimen totalitario soviético. Poco después se establecen zonas aduanales comunes (esto ya no un proyecto y que establece una política arancelaria común ante el mundo) y finalmente se firma el Tratado de Maastrich (1992) que llevaría a la convergencia monetaria.

Para que se cumpliera la convergencia hacia una moneda común, los países firmantes debían cumplir al menos 4 requisitos fundamentales:

  1. La inflación no debía ser superior en más de 1.5 porcentuales al promedio de la tasa de inflación de los tres países miembros que mostraron el mejor comportamiento en materia inflacionaria (inflaciones bajas).

  2. El déficit público no debía superar el 3% del PIB.

  3. El monto de la deuda pública no debía superar al 60% del PIB.

  4. Los tipos de interés de largo plazo no debían superar en más de 2 puntos porcentuales a la tasa promedio de los 3 estados miembros con menor inflación.

Lo que fue un proyecto inicialmente liberal, se transformó luego en demagogia y populismo europeo. Antes de la aparición del euro, el sistema monetario europeo se cimbró varias veces. La irresponsabilidad fiscal de Francia, Italia, Irlanda y España llevó a la devaluación de sus monedas al inicio de los años noventas -siglo pasado- ante el marco alemán (la divisa más fuerte de Europa antes del euro). Luego, tras corregirse algunos excesos, dio al fin pie al acuerdo de moneda única.

Una moneda única debe tener como precedente una integración comercial profunda (libre comercio total entre los socios). La moneda única es ideal, pues elimina el costo y la incertidumbre cambiaria. Pero debe tener como su base los principios económicos fundamentales: libertad económica total, gobiernos limitados (deuda baja respecto del PIB y finanzas públicas equilibradas) y protección sólida de los derechos privados de propiedad.

En general, los primeros miembros de la Unión cumplían razonablemente los principios liberales. Pero, luego, al ir creciendo la comunidad, el problema fue el mantener el tamaño de los gobiernos a raya. Y con más y más miembros, el cumplimiento de las reglas se vuelve más difícil.

Sí, el gran problema europeo es el del llamado gobierno limitado, y su causa es haber sido, desde sus inicios, tolerables con déficits fiscales y deuda pública altos.

El problema británico no es que GB deteste la globalización y la desigualdad económica, aquí se equivocan nuevamente los analistas bisoños, el problema británico consiste en el haratazgo de más leyes burocráticas y mayores costos fiscales.

Les recuerdo que GB, aunque está superando algunos problemas de tipo fiscal, es de las naciones europeas que más crecen económicamente y que su PIB per cápita es de los más altos en la región.

No sé qué suceda inmediatamente con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, pero si el estado europeo obeso no se corrige, tal vez paliarán esta crisis, pero tarde o temprano el euro colapsará. Monedas fuertes no se llevan con gobiernos grandotes y gastalones (los gobiernos europeos). La historia económica lo demuestra. Tal vez por ello economistas de la talla de Milton Friedman y Gary Becker siempre vieron con desconfianza eso de las monedas únicas. Ellos siempre estuvieron a favor de una intensa competencia entre las divisas, para que los excesos fiscales de los gobiernos pudieran ser fácilmente expuestos. 

La unión monetaria de la UE corre el riesgo -y lo estamos viendo- de ocultar a los gobiernos populistas por largo tiempo (porque las crisis fiscales de varios de los países miembros de la zona euro no empezaron sus problemas con las crisis inmobiliaria en EU, ya desde hace años Inglaterra -aunque la libra es un asunto aparte-, Grecia, Italia, Francia y Portugal venían violando sistemáticamente el tratado de Maastrich) y peor aún, de alentar el riesgo moral al rescatar financieramente a los gobiernos populistas como el griego. 

El progreso y la paz de las naciones dependen del comercio libre y no de agrupaciones burocráticas como la Unión Europea que sólo han significado más regulaciones burocráticas y costos fiscales altos para los ciudadanos europeos. No lo olvidemos.

El destino de los ingleses está en sus propias manos y no en la burocracia costosa de la Unión Europea, y menos aún, en las manos de los analistas bisoños.

• Liberalismo • Globalización / Comercio internacional • Libertad económica • Brexit

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