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May 18, 2006
Adolfo Gutiérrez

Libertad económica, paz y democracia

Si realmente queremos luchar por la paz y construir una sociedad abierta, con una democracia fuerte y un verdadero estado de derecho trabajemos en favor de la libertad económica

La libertad económica no es un fin en sí mismo; la evidencia muestra que la expansión de la libertad económica ha generado no sólo progreso económico sino también un apreciable aumento en las libertades políticas y civiles en todo el mundo; se ha propagado la paz, la democracia y sus valores.

 

Ciertamente: Hace cien años, un tercio de la población era gobernada por estados totalitarios, cuyas ideas represivas, a la larga, condujeron al asesinato de más de cien millones de personas. Ahora, los regímenes autoritarios prácticamente han desaparecido. Es más, durante la última década el número de conflictos armados se ha reducido a la mitad, tanto que sólo el uno por ciento de la población se encuentra directamente afectada por una guerra. De acuerdo con el Reporte sobre la Seguridad Humana, que realiza la Universidad de Oxford, un conflicto armado en promedio arrojaba un saldo de 38 mil muertos en 1950; en 2002 dicho promedio había disminuido a 600 muertos, una caída de 98 por ciento. El número de genocidios y muertes por causas políticas ha caído 80 por ciento entre 1988 y 2001. En 2004 sólo había en curso 25 conflictos secesionistas en el planeta; el número más bajo desde 1976. El número de refugiados a causa de conflictos armados cayó alrededor de 45 por ciento entre 1992 y 2003 conforme disminuyó el número de guerras civiles.

 

Lo anterior no se debe tanto al activismo internacional como al avance de la globalización, a la gran integración económica. Hay más paz en el mundo porque las personas se benefician más intercambiando libremente sus bienes que haciendo la guerra.

 

Gracias a la expansión de la libertad económica, estamos más cerca de que estalle la paz mundial a que estalle otra guerra mundial. La interdependencia económica -capitales que se mueven en cuestión de segundos de un extremo a otro del planeta, corporaciones multinacionales, libre tránsito de personas, ideas y bienes- hace difícil distinguir dónde empieza un país y dónde termina. Cada vez estamos más cerca de aquel mundo sin fronteras que Lennon imaginaba.

 

Además de que hemos asimilado que el libre comercio arroja mucho mayores beneficios que la guerra (ya lo advertía Bastiat en el siglo XIX: “si los bienes no pueden cruzar las fronteras, los soldados lo harán”), también hemos comprendido que la descentralización de la toma de decisiones económicas respalda la sociedad civil, pues crea un entorno de organizaciones que no necesitan depender del estado. Ian Vásquez, director del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del Cato Institute, explica que “la libertad económica equilibra el poder político y alimenta una sociedad pluralista, pues el sector privado puede amparar entonces las instituciones de la sociedad civil”.

 

Y es que a menudo subestimamos la función de la libertad económica en la sociedad, nos concentramos más en el pluralismo político, los derechos humanos, la libertad de asociación, religión, expresión, etc.; cuando en la práctica es la libertad económica lo que sustenta esas otras libertades; sin ella, las otras libertades que valoramos –como las políticas y las civiles- no tienen mucho sentido.

 

La mayoría de las democracias pobres y débiles lo son porque sus ciudadanos no pueden escoger dónde invertir, qué consumir, cuánto ahorrar, dónde estudiar, a quién comprar o dónde trabajar; es decir, son sociedades que se preocuparon primero por establecer una cierta libertad política y dejaron de lado la libertad económica de las personas, el gobierno decide por la gente y termina oprimiéndola. En esos países las personas sólo pueden votar en “elecciones libres” por sus próximos verdugos. ¡Vaya libertad política!

 

La historia muestra que es la libertad económica de las personas lo que da sustento a las demás libertades –incluyendo la democracia-, que vienen por añadidura a un entorno donde pueden florecer. Así, y no al revés, lo hicieron las potencias económicas y políticas de hoy: Las limitaciones a la intervención del gobierno en la economía fortalecieron los derechos de propiedad y el estado de derecho.

 

Así que si realmente queremos luchar por la paz y construir una sociedad abierta, con una democracia fuerte y un verdadero estado de derecho trabajemos en favor de la libertad económica.

 



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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