LUNES, 23 DE ENERO DE 2017
Intereses no, derechos sí

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Arturo Damm







“Un cambio en el discurso, cambiaría para bien, en función del respeto a la libertad individual y a la propiedad privada, el quehacer del gobierno, ¡algo que urge!”


Resulta sintomático (de los gobiernos “metidos hasta la cocina”), que los gobernantes hablen de “los intereses de sus países”. Deberían hablar de "los derechos de los ciudadanos". Este cambio en el discurso, supuesta la congruencia entre el dicho y el hecho, que debería ser regla entre políticos y gobernantes, cambiaría el quehacer del gobierno y las políticas públicas.

En su discurso de toma de posesión Trump dijo: “Buscaremos amistad con las naciones del mundo, pero lo haremos con la compresión de que es el derecho de cada país establecer primero sus propios intereses”. ¿De qué habla Trump? De los intereses de los países, que deberán ser defendidos, obviamente, por los respectivos gobiernos. En su cuenta de Twitter Peña Nieto apuntó: “La soberanía, el interés nacional y la protección de los mexicanos guiarán la relación con el nuevo gobierno de Estados Unidos” ¿A qué se refiere Peña Nieto? Al interés nacional, que deberá ser defendido, se da por descontado, por su gobierno.

En general son tres las tareas que un gobierno puede realizar. Primera: garantizar los derechos de los ciudadanos. Segunda: satisfacer las necesidades, por lo menos las básicas, de por lo menos quienes no sean capaces de satisfacerlas por sí mismos. Tercera: defender los intereses de los ciudadanos. De estas tres tareas, la única que legítimamente corresponde al gobierno, en el sentido de que su cumplimiento no implica la violación de derechos de los ciudadanos, es la primera: garantizar los derechos de las personas. Cualquiera de las otras dos supone que, de una u otra manera, en mayor o menor medida, al realizarlas el gobierno viola derechos de ciudadanos, algo que, de entrada, la resta legitimidad.

Los gobernantes hablan de "los intereses de sus países". Deberían hablar de "los derechos de los ciudadanos". Este cambio en el discurso, supuesta la congruencia entre dicho y hecho, cambiaría para bien, en función del respeto a la libertad individual y a la propiedad privada, el quehacer del gobierno, ¡algo que urge!, y Trump es la muestra.


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