MIÉRCOLES, 15 DE MARZO DE 2017
Éste no sabe ni quién capó al apache

¿La función de las fuerzas armadas únicamente debe ser enfrentar a un ejército extranjero?
No
No sé



“La democracia debe ser más que dos lobos y una oveja votando qué se debe hacer para almorzar.”
James Bovard

Ricardo Valenzuela









“Yo, como liberal, siempre fui partidario de las fronteras abiertas. Sin embargo, hace algunos años tuve una experiencia que me hizo reflexionar.”


En América Latina durante años se han escuchado quejas de la crueldad de los gringos, al no permitir que los inmigrantes indocumentados —como llaman los progresistas a los ilegales— libremente continúen ingresando a los EEUU sin molestias. Los que ya penetraron el país ilegalmente, tampoco sean molestados. Pero desde que Trump apareció en el horizonte político, esas voces no solo subieron de tono arremetiendo contra el ahora presidente; se han convertido en una secta de encabronados, no solo reclutando “indocumentados”, sino también se ha sumado una nueva capa social y multinacional contra el güero populista.

Algo que llama mi atención, es que gentes portadoras de admirables intelectos, infinidad de títulos universitarios, reputaciones intachables, pero que radican a miles de Km de la frontera, emerjan como grandes especialistas de la grave problemática migratoria y, en general, de la frontera México—EEUU. Hace unos días, tuve la oportunidad de leer un par de artículos publicados por dos admirados economistas, uno español y el otro argentino. Obviamente su contenido está cuajado de furiosos ataques al nuevo presidente de ese país, especialmente contra sus políticas migratorias. 

Al ir avanzando en su lectura, llegaba a mi mente el popular dicho vaquero de mi tierra: “Estos no saben ni quien capó al Apache”. Esta expresión se originó en Sonora cuando los Apaches, en sus incursiones al norte de México del siglo 19, atacaban ranchos sin misericordia. En cierta ocasión atacaban uno en la región del rio de Sonora, pero los moradores estaban preparados y repelían la agresión. Los Apaches se retiraban dejando 6 de sus guerreros muertos. Los vaqueros se aproximan a revisar los cuerpos, cuando uno de ellos reconoce al sanguinario jefe Toribio. Con la furia en el rostro se acerca al muerto para cortarle los testículos y, por varios meses, como trofeo los exhibía colgados de la cabeza de su silla.

Este episodio se conoció en todo el norte de México, el vaquero se hizo famoso y era raro que alguien no conociera la historia ni su nombre. Ahí nacía la forma ranchera para, cuando alguien hablaba de un tema que no conocía, se le callaba diciendo: “Este no sabe ni quien capó al apache”.

Estos señores, en sus oficinas a 10,000 Km de distancia, se convierten en expertos de los graves problemas que se viven en la frontera México—EEUU. Pero yo pienso que para tratar estos temas con responsabilidad, requiere conocer profundamente esta región fronteriza tan especial.

Yo, como liberal, siempre fui partidario de las fronteras abiertas. Sin embargo, hace algunos años tuve una experiencia que me hizo reflexionar.

Me encontraba en el aeropuerto de mi ciudad natal, Hermosillo, Sonora. En esos momentos anuncian el arribo de un vuelo procedente de la ciudad de México. Cuando veo a los pasajeros penetrando la sala, con sorpresa me doy cuenta, casi el 100% eran centroamericanos. Pude luego observar cómo, en una operación casi militar, eran montados en por lo menos 10 camionetas Van, para dirigirse al norte. Un buen amigo arribaba en uno de los vuelos para dirigirnos hacia Arizona, y le propongo seguirlos.

Nuestra jornada nos llevó hasta una zona en la región noroeste del estado conocida como Sásabe y, al arribar, no podíamos creer lo que veíamos. Campamentos interminables de infelices seres humanos tratados como animales. Un par de policías que hacían rondas, nos recomiendan no cruzar a los EEUU por esa aduana. ¿Qué es esto? Les pregunto. Me responde uno de ellos; “Pues mire señor, ésta es una región controlada por las mafias del narco, aquí no hay ley y a nosotros nos mandan de Caborca para hacernos pendejos. En estos campamentos debe haber unos 5,000 aspirantes a cruzar. Por aquí pasan ilegales, pasa droga, mujeres como mercancía, entran armas, dólares en efectivo. Hay muchas mujeres y la mayoría son violadas”.

Es cuando me pregunto ¿Esta es la migración que defendemos?

En esos momentos inicié el proceso de cabalgar, originalmente del concepto de migración abierta, para arribar al de migración legal y ordenada. Yo sí conozco la frontera, nací en ella. La debo de haber cruzado miles de veces. La he recorrido desde que, asistiendo al Tec de Monterrey, la transitábamos partiendo de Monterrey, Laredo, Eagle Pass, Del Rio, El Paso, en Texas. Las Cruces en Nuevo México y Nogales ya para entrar a Sonora. Era una bella jornada bordeando la frontera, pero hoy día si alguien se atreve a recorrerla, con seguridad antes de llegar a El Paso sería asaltado o asesinado.  

Durante años he atestiguado la forma en la que esta región fronteriza se ha ido descomponiendo para, pasar de hermosas ciudades en paz, como los dos Nogales en donde en los años 70, prácticamente el cruce era libre, a una zona como el infierno de Nogales, Sonora hoy día, en la que da pavor caminar por sus calles tomadas por soldados armados hasta los dientes. La pacífica Ciudad Juárez que visitábamos en nuestros viajes de estudiantes, hasta convertirse en la ciudad más peligrosa del mundo. La bella región que corre desde Nogales hasta Agua Prieta, donde recorríamos los hermosos lomeríos de lo que fuera la operación ganadera más importante de México, pero hoy día nadie se atreve siquiera a asomarse, pues es controlada por las mafias del narco.

En Tijuana las turbas de ilegales que, al este de la ciudad, en la zona de El Florido, al caer la tarde, como la carga de Pancho Villa en Columbus, a la señal de un líder se inicia la invasión del territorio de EEUU, ante la mirada de impotencia de unos cuantos agentes de ICE.

Esto es algo que los analistas a 10,000 Km de distancia no han atestiguado. Pero lo que de seguro sí han atestiguado, es un payaso como Vicente Fox golpear una piñata con la esfinge de Trump. Repetir miles de veces su graciosa frase: “We are not going to pay for the fucking wall”. O acudir a un popular programa de TV para hacerle la señal del dedo al presidente Trump.

Seguimos fabricando pobres, pero la novedad diplomática del gobierno mexicano es dar órdenes a todos los consulados de asistir a nuestros “indocumentados”, incluyendo delincuentes, para que, en desafío a la ley y los esfuerzos de EEUU, ilegalmente permanezcan en el país. Aquí tendrán que aplicar la receta del yaqui Rafái quien, cuando le llegaban inesperadas visitas en su casa, y ya pasada la hora de ir a la cama alargaban la estancia, afirmaba: “Parece que a estos yoris vamos a tener que sacarlos como a los jabalines de las cuevas, echándoles humo con leña de palo fierro”.

Aunque voté por Donald Trump, tengo grandes desacuerdos con muchas de sus políticas, en especial las de comercio internacional que no solo considero malas, sino peligrosas. Y no es el propósito de mi escrito apoyarlo, lo que pretendo es expresar mis desacuerdos con estos intelectuales que, a miles de Km de distancia y sin haber vivido esta complicada realidad, desenfundan su feroces críticas, pero es cuando descubrimos que; “Estos no saben ni quien capó al apache".


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