JUEVES, 25 DE MAYO DE 2006
Sintonías finas complicadas

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“La prudencia, y la disciplina, serán activos vitales para contrarrestar los efectos secundarios de estas complicadas sintonías en el mundo monetario.”


La turbulencia financiera que viven los mercados de capital es reflejo de temores generalizados alrededor de las expectativas de inflación en la economía estadounidense. Se está cosechando la consecuencia del relajamiento monetario que instrumentó la “Fed” en el periodo 2002-2003, mismo que obedeció, en ese entonces, a garantizar un aumento de liquidez que evitara una potencial espiral deflacionaria en ese entonces.

 

En cristiano: los doctores monetarios de entonces temían que el cuerpo económico estadounidense sufriera del equivalente a un caso de bulimia económica crónica. Trataron de anticiparse a ese peligro, y recetaron una sobredosis “prudente” de golosina monetaria. El plan dio resultado. Pero, a la postre, la sobredosis ha generado problemas de gordura. El apretón de dieta que ahora se requiere está asustando a los actores relevantes.

 

¿Será que la percepción de una potencial “bulimia económica” resultó ser falsa? Hay deflaciones, las malignas, que efectivamente generan un círculo vicioso de ajustes en la demanda, caída generalizada de precios y aumento del nivel de deuda real. Empero, hay deflaciones benignas, ocasionadas por innovaciones tecnológicas, por productividad, o por episodios de alto crecimiento sostenido basado en apertura de mercados. Parecería que los casos de deflación contemporánea son producto no de los círculos viciosos de deficiencia en la demanda general, sino de círculos virtuosos de mejora en la competitividad.

 

Hoy en día, dice la sabiduría convencional, buena parte de la inflación potencial, o del riesgo inflacionario, está estacionado en el alto déficit de cuenta corriente de los EUA. El dilema principal que presenta este problema, exacerbado también por la existencia del déficit fiscal estadounidense, es que el ajuste de dicho “desequilibrio” no puede venir por vía de un ajuste de la deuda general—como lo es el caso de ajustes contemporáneos. Es decir, la “divisa” estadounidense es su propia moneda. Por ende, el ajuste debe originarse por otra vía.

 

Esta misma sabiduría especula que el ajuste vendrá por vía de un aumento fuerte, inesperado, de las tasas de interés. Por ello, parecería que el mercado de capital global se está anticipando a esa posibilidad, tomando posiciones defensivas en inversiones, o como se denomina en el vocabulario financiero moderno, está generando un “flight to quality,” una fuga hacia la seguridad.

 

Se trata de una sintonía fina sumamente complicada. ¿Hay forma de medir el nivel de ajuste, o del riesgo inflacionario estadounidense? Estos asuntos de precisión monetaria parecerían más relevantes para los ilustrados de esta ciencia oculta de finanzas modernas. Pero, indirectamente, son de relevancia capital para el entorno mexicano. Habrá que estar preparados, y responder en consecuencia, quede quién quede a la cabeza del nuevo equipo económico en el próximo sexenio, ante un eventual ajuste en la economía estadounidense. La complacencia, o el nacionalismo simplista, o la fantasía de una medida contracíclica, podrían generar efectos sumamente contraproducentes ante un cambio de expectativas en la tasa de crecimiento esperada al norte de la frontera. La prudencia, y la disciplina, serán activos vitales para contrarrestar los efectos secundarios de estas complicadas sintonías en el mundo monetario.

 

Más vale prevenir que lamentar. Esta es una razón más por la cual, quede quién quede, tendrá que retomar la agenda de reformas estructurales en el próximo gobierno.


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