MIÉRCOLES, 10 DE ENERO DE 2018
Zapata, el único libertario de la revolución

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“Por supuesto que la paz es el respeto al derecho ajeno, en eso todos estamos de acuerdo. En lo que nadie está de acuerdo es en cuál es el derecho ajeno.”
Jorge Ibargüengoitia

Ricardo Valenzuela







“Cuando murió el libertario de la revolución, dejó el camino libre a los socialistas, nació el ejido mexicano y el fracaso de la revolución.”


En una era tan complicada para México como fue la revolución, de entre los movimientos sin pies ni cabeza, surgía un hombre que, lejos de lo que piensan los atarantados izquierdistas, fue, tal vez, el único liberal puro en ese movimiento que tanto le costó a nuestro país, Emiliano Zapata.

El presidente Wilson le había declarado una guerra personal a México sin autorización del congreso. Argentina, Brasil y Chile se ofrecieron a mediar y se efectuó una conferencia en Niágara Falls, pero Wilson solo aceptaba la rendición incondicional de Victoriano Huerta. Luego reiteró que solo aceptaría un presidente que fuera un declarado constitucionalista, para que personalmente se encargara de formular y promulgar las reformas —agrarias y religiosas— necesarias. Cuando la flota americana invadió aguas de Tampico y las fuerzas norteamericanas desembarcaron en Veracruz, la suerte de Huerta estaba echada y decidida con Obregón avanzando por el noroeste, Villa por el norte, y Carranza por el noreste. Ante ese panorama construido por el mismo presidente de los EU, Huerta, como lo pidiera Wilson, renunciaba para embarcarse a Europa huyendo siempre de la justicia de su gran enemigo, el presidente Wilson.

A la caída de Victoriano Huerta, para satisfacer las exigencias de Wilson, asumía la presidencia Venustiano Carranza, “el constitucionalista”. Carranza tampoco creía en el ejido ni en la persecución religiosa y distaba mucho de ser un socialista. Sin embargo, lo que sí era, sin lugar a dudas, un convenenciero hambriento del poder y, si para lograrlo debería seguir los dictados de Wilson, no vacilaría en hacerlo. Ello lo confrontaría de inmediato con Villa y con Zapata. Especialmente con Zapata a quien, gente que lo conociera muy de cerca, lo definían como el único liberal puro de esta época tan violenta de México. Zapata creía en la propiedad privada de la tierra y pedía a quienes la fueran a recibir, que la defendieran si era necesario con su vida. Era un hombre con un concepto muy definido, aunque fuera primitivo, pero muy claro, del individualismo y, sobre todo, de la libertad. Él fue quien originalmente emergía con la famosa frase; “Vale más morir de pie y libre, que vivir de rodillas preso de esas cadenas invisibles”.  También afirmaba; “Si no hay justicia y libertad para la gente, que jamás haya paz para los gobiernos opresores”. “La tierra debe ser de quien la trabaja”, no del gobierno que la presta. “Tierra y libertad”.

En alguna ocasión uno de los periodistas marxistas que deambulaban en México, consiguió que Zapata le diera una entrevista, y su primera pregunta: General ¿no le gustaría ser el próximo presidente? Zapata responde; “no, yo soy solo un campesino sin preparación, eso se los dejo a los que sí tienen educación y puedan cabestrear el país a los pastos verdes”. Pero ¿no le gustaría que México se convirtiera en un país comunista? “¿Qué es eso?” Pregunta Zapata. Le responde el periodista: Pues un país de igualdad, un país en el que todos tienen lo mismo y todo es de todos. Se siembran los campos, se cosechan, y esa cosecha se reparte por igual entre los miembros de la comunidad. Se vende el ganado y se reparte el dinero de la misma forma. Todo lo que se venda, quesos, leche, chivos, etc., se reparte entre todos por partes iguales. Todo mundo tiene su casita igual a la de los demás. Pregunta Zapata “¿y quién hace la repartición?” Responde el periodista: “pues el gobierno General”. Zapata furioso responde; “entonces yo no quiero un México comunista y que estas mulas espantadas como tú, ni se aparezcan por aquí porque los mando fusilar. Así es que vale más que agarres el trote y agarres la cuesta baja muy ligero”. Cuando el periodista se alejaba le grita: “¿A quién se le ocurre que después de pelear y derrotar al gobierno, le vamos a dar el poder otra vez? Nosotros no necesitamos que el gobierno, cualquiera que sea, nos diga cómo hacer las cosas, cuándo hacerlas, y mucho menos cómo repartirlas, en dónde debemos vivir, y quién le tenemos que dar cuentas. Queremos un gobierno que nos proteja y ya todos en paz, ponernos a trabajar y producir mucho, pero eso solamente va a suceder si el que produce es el dueño de la tierra, de su arado, de sus mulas, de sus vacas y, sobre todo, de su machete y su carabina. Y ¿sabe que más amiguito? Nosotros nunca vamos a entregar las armas, porque la mejor forma de controlar al gobierno, es con la gente armada lista para defender su libertad y su tierra”. Y cierra gritando, “el burro que es de todos y de nadie, siempre se muere de hambre”.

Pero Carranza decide seguir las órdenes de Wilson, y empieza a tratar con familiaridad el tema del ejido nacional y, sin haber mostrado alguna antipatía contra la iglesia católica, se presenta en Monterrey para iniciar el ritual de la quema de santos. Bajo la vigilancia de Carranza se reabría La Casa del Obrero Mundial, y de ella emergería el Partido Comunista Mexicano. El 1 de septiembre aparece el Manifiesto a la Nación firmado por Villa y Zapata, en donde se afirmaba que Carranza era un falso revolucionario. Zapata insta a Magaña a contactar ayuda, González había retornado a Morelos. En Coahuila estalla una revuelta, Blanco anda fugitivo; a fines de 1917 y principios de 1918 había protestas contra Carranza; Magaña entabla contacto con Carranza y le propone que si reconocía la legitimidad de los zapatistas, éstos reconocerían su gobierno, no acepta Carranza y continúan las amenazas de Estados Unidos con intervenir en México.

Villa y Zapata, al darse cuenta de la liga de Carranza-Wilson, se habían levantado en armas para iniciar la segunda etapa de la revolución, que sería la más sangrienta. Fue cuando Obregón iniciara su cadena de triunfos contra las fuerzas de Villa, que prácticamente le dieran el triunfo al constitucionalista Carranza, y se pudiera mantener en la presidencia. Villa, ante su cadena de derrotas frente a Obregón, cruzando la sierra madre se dirigió a Sonora en donde se enfrentaría a Plutarco Elías Calles, sub alterno de Obregón, en la batalla de Agua Prieta, en la cual Wilson, permitiendo que los refuerzos de Calles viajaran por tren a través del territorio de EU, y después diera orden a las tropas americanas para que apuntaran sus poderosos faros hacia la tropa de Villa y Calles pudiera atacar de noche, provocaba otra derrota de Villa. Al no poder con Obregón, Villa ofrece pacificarse y se retira a su hacienda Canutillo.

Y ahora ¿Qué hacer con Zapata? 

Un 10 de abril llegaba Zapata a la hacienda de Chinameca, montaba el As de Oros, Guajardo lo había invitado a comer y negociar. A las 14:10 horas Zapata ordena le acompañen diez hombres y, en las puertas de la hacienda, los soldados del traidor Guajardo le disparan a quemarropa, muriendo Zapata y tres hombres de la escolta. Los demás huyen y Guajardo lleva el cadáver a Cuautla. Un enviado lo revisa y constata tratarse del caudillo, telegrafía a Carranza avisando que Guajardo había cumplido y recomienda su ascenso. Moría el libertario de la revolución, y dejaba el camino libre a los socialistas, nacía el ejido mexicano y el fracaso de la revolución.


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