VIERNES, 9 DE MARZO DE 2018
Al borde de la guerra

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“A las personas no se les clasifica por ideologías políticas. La clasificación es por cómo obtienen los satisfactores para sus necesidades. Arrebatando a otros (legal o ilegalmente) o sirviendo a otros (intercambiando bienes, servicios, trabajo).”
Gustavo Villegas

Manuel Suárez Mier







“Si quedaba duda que con este orate y su gobierno no se puede negociar de buena fe, lo ocurrido en los últimos días disipa tan peligrosa ilusión.”


Como suele hacer Donald Trump cuando quiere distraer al público de sus metidas de pata, la semana pasada anunció la adopción de tarifas a las importaciones de acero y aluminio, mientras los medios reportaban que “hervía de rabia” por el caos en la Casa Blanca, las deserciones de personal y el creciente amago de la pesquisa sobre su colusión con Rusia en la elección de 2016.

El anuncio alteró de inmediato la dinámica noticiosa que se fijó en el amago proteccionista, hecho sin preparación alguna y sustentado en dudosas “razones de seguridad nacional,”  a espaldas de su propio staff y del gobierno, y sólo con el apoyo de sus más patrioteros pajes, el octogenario secretario de Comercio Wilbur Ross y el deschavetado asesor Peter Navarro.

A la sorpresa inicial, se sucedieron reacciones de los socios comerciales afectados por la medida. La Unión Europea informó que adoptaría aranceles a importaciones de productos de EU: motocicletas Harley-Davidson, bourbon de Kentucky y ropa de mezclilla Levy’s, elegidos para causar el mayor impacto en el Congreso de EU.

Canadá y México estaban en plena 7ª ronda de la renegociación del TLCAN y reiteraron que EU debía dispensarlos del arancel propuesto, sólo para recibir de inicio una incoherente respuesta de Navarro, “que no habría excepciones pues de haberlas, ¡sería necesario elevar las tarifas al resto de los países!”

Trump, no contento con su desaguisado inicial, tuiteó también que no habría concesiones a Canadá y México, salvo cuando un “nuevo y (más) justo TLCAN sea firmado…, y México haga mucho más para detener el flujo de drogas llegando a EU. No han hecho lo necesario y hay millones de personas adictas y muriéndose (sic).”

Si quedaba duda que con este orate no se puede negociar de buena fe, lo ocurrido en los últimos días disipa tan peligrosa ilusión. El pretexto que había para ignorar sus tuits y negociar con “los adultos de su gobierno,” ya no es creíble con la renuncia del asesor económico clave, Gary Cohn, quién se opuso a los aranceles.

Una posible táctica de México sería esperar a que el Congreso niegue re-autorizar al Presidente negociar acuerdos comerciales con otros países, permiso que vence el 1º de julio, con lo que EU estaría obligado a levantarse de la mesa y el TLCAN permanecería en vigor, salvo que Trump lo denunciara para salirse en 6 meses.

A diferencia de Canadá, que ante el amago arancelario informó que tomaría represalias, Ildefonso Guajardo, jefe de la negociación por México, dijo que su país no está dispuesto a negociar bajo chantaje y que revisará sus opciones cuando se conozcan los detalles de las medidas anunciadas.

En este galimatías, el canciller Luis Videgaray llevó a México a Jared Kushner, yerno Trump, para discutir “la agenda bilateral” con Peña Nieto, y según parece ello contribuyó, junto a las gestiones de los secretarios Mattis de Defensa y Tillerson de Estado, a que se exentara a México y Canadá de estos aranceles, a condición que se avance en la negociación del TLCAN a satisfacción de su gobierno.

Varios expertos han hecho notar la incongruencia de citar razones de seguridad nacional, definida en términos inasibles, para adoptar estos aranceles, al tiempo que se utilizan como arma para presionar a México y Canadá en sus negociaciones comerciales, y que cualquier país que lleve el caso a la OMC lo tiene ganado.

En el serpenteante discurso con el que hizo el anuncio ayer por la tarde, Trump reiteró sus prejuicios proteccionistas de viejo cuño, mostró que no ha aprendido nada y reiteró que México le había robado numerosas fuentes de trabajo a EU.   

¿Se puede negociar un tratado de libre comercio entre naciones soberanas, con una granada de mecha corta lista para estallar si a un ignaro como Trump no le gusta el resultado?


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