Pesos y contrapesos
May 17, 2018
Arturo Damm

Esquizofrenia

¿Libre comercio selectivo, esto sí y esto no? Y de ser así, selectivo, ¿quién, y en función de qué, decide qué sí y qué no, y en qué condiciones?

Compra y venta son dos caras de la misma moneda. Si el oferente vende el demandante compra. No puede haber venta sin compra ni compra sin venta. Son dos conductas del mismo proceso. Esta afirmación se entiende cuando del comercio intranacional se trata, cuando comercian personas de la misma nacionalidad. Los problemas surgen cuando pasamos del comercio intranacional al internacional, entre personas de distinta nacionalidad. Dicho sea de paso: el comercio nunca es internacional, entre naciones, sino interpersonal, entre personas, que pueden ser de la misma nacionalidad (comercio intranacional) o de distinta nacionalidad (comercio internacional).

Típico ejemplo del problema que surge cuando pasamos del comercio intranacional al internacional lo tenemos en el mercantilismo y su creencia de que lo mejor en materia de balanza comercial es el superávit (que las exportaciones sean mayores que las importaciones) y lo peor el déficit (que las importaciones sean mayores que las exportaciones), por lo que hay que limitar las importaciones (compras) e incentivar las exportaciones (ventas), siendo lo ideal, desde esta perspectiva, exportar todo e importar nada. Así se consigue el mayor superávit posible. Sí, pero se crea un “pequeño” problema: los nacionales no dispondrán de bienes y servicios para satisfacer sus necesidades, ya que se exportó todo y se importó nada.

¿Resulta lógico estar a favor de las exportaciones y en contra de las importaciones? ¿Es sensato estar a favor de ciertas exportaciones y en contra de determinadas importaciones? ¿Resulta sensato incentivar e impulsar la exportación de ciertos productos y limitar o prohibir la importación de otros? ¿Libre comercio selectivo, esto sí y esto no? Y de ser así, selectivo, ¿quién, y en función de qué, decide qué sí y qué no, y en qué condiciones?

Supongamos que el gobierno del país X prohíbe las importaciones del país Y, convencido de que el bien que se importa de Y debe producirse en X. Se le llama sustitución de importaciones, y tiene sentido si lo producido en X puede ofrecerse a menor precio que lo importado de Y. Por cierto, si eso fuera posible ya se hubiera dejado de importar, sin necesidad de la intervención gubernamental, y en X se consumiría solo lo hecho en X.

Retomo: supongamos que el gobierno de X prohíbe las importaciones de Y, convencido de que lo que se importa de Y debe producirse en X. ¿Cuál sería su postura si el gobierno de Y prohibiera las importaciones de X? ¿Lo aceptaría sin más? ¿Aceptaría que los productores y exportadores de su país, X, perdieran la demanda de Y? Y si no acepta esto último, ¿cómo justificar lo primero, prohibir las importaciones provenientes de Y? ¿No estaríamos frente a un caso de esquizofrenia?

Eso es lo que pretende AMLO, quien por un lado dice que aumentará y diversificará exportaciones (falta saber cuáles) y por el otro afirma que dejaremos de importar granos.



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Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el gobierno. Atemos al segundo con las cadenas de la Constitución para que no se convierta en la versión legalizada del primero.

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