MIÉRCOLES, 13 DE JUNIO DE 2018
Yo soy mexicano, muy bien amaestrado

¿Ud. cree que desde el poder civil se les debe decir a los ciudadanos qué es y qué no es moralmente aceptable y permitido a través de una "constitución moral"?
No
No sé



“Quien emprende no depende.”
Pablo Arosemena

Ricardo Valenzuela







“Los zombis tan demócratas acudirán a las urnas para, rebosando de idiotez, entregar las riendas del país al Atila mexicano acompañado por su grupo de rufianes extraídos de las alcantarillas y fosas sépticas del país. ”


Yo soy mexicano, valiente y bragado (Jorge Negrete)

Cuando el liberalismo asentaba sus raíces durante el siglo 18 y principios del siglo 19, el objetivo era abolir la servidumbre rural en Europa y la esclavitud de los negros en sus diferentes colonias. Sin embargo, muchos humanitarios se declaraban en oposición. Las razones que exponían desfilaban desde que la gente estaba acostumbrada a su cautiverio. Que no estaban listos para la libertad y no sabrían cómo usarla. El destetarlos de sus dueños sería catastrófico. Que su emancipación sería para empeorar sus condiciones. Pero lo que era realmente asombroso es que estos mismos puntos de vista eran también expresados por los esclavos, que, al ser liberados, ofrecían sus servicios todavía en esclavitud.

La verdadera raíz de la oposición al mundo de libertad no se puede encontrar utilizando el método de la razón porque esta actitud no emerge de esa fuente, brota de una patológica actitud mental de resentimiento y una condición neurasténica que se conoce como el “Complejo de Fourier”. Resentimiento y envidia malevolente hacen una importante aportación al proceso. El resentimiento opera cuando alguien odia tanto algo u otros por sus condiciones más favorables, que están preparados para sufrir si es que esa fuente de su odio, envidia y resentimiento también sufre. Atacan las circunstancias cómodamente ignorando que lo que ofrecen es algo peor. Pero aun sabiéndolo no les importa y siguen luchando por ese cambio porque esperan que el odiado, aquel que tanto envidian, sufra más que ellos mismos. Y normalmente el cambio que promueven es el socialismo porque, según sus análisis, en aspectos materiales será más fácil aceptar sus vidas en un mundo igualitario en donde se reparte la miseria por igual.

Se podría pensar que ese resentimiento se puede enfrentar armados con la razón. Porque, supuestamente, no debería ser tan difícil hacer entender a una persona inteligente ahogada por el resentimiento que lo importante, lógico y lo moral, no es atacar a quienes tienen condiciones mejores, sino dedicarse a mejorar las suyas. Pero el complejo de Fourier es mucho más difícil de combatir porque es una seria enfermedad del sistema nervioso, una neurosis que es competencia más del campo de los psiquiatras que de las legislaturas o de acciones políticas. El fracaso de los seres humanos para lograr sus sueños, sus esperanzas rotas, la frustración por sus condiciones, su propio esquema inadecuando ante las tareas que ellos mismos han creado, constituye una dolorosa experiencia que, mal manejada, es fatal.

El espíritu valiente no puede ser vencido por tragedias terrenales y no necesita refugio y consuelo abrazando una mentira. Si el éxito no le llega, si las vicisitudes del destino destrozan lo que construyó en años de trabajo duro y honesto, o no ha podido construir, él simplemente multiplica su esfuerzo y sigue adelante. Pero los neuróticos no pueden soportar la vida como es, para ellos es muy cruda, cruel, y buscan refugio en la desilusión. Una desilusión que de acuerdo con Freud es “algo que han deseado, no consiguen y buscan una clase especial de consuelo”. Esto es una forma que se caracteriza por su resistencia para usar la lógica y la razón. Se envuelven en lo profundo de su océano de la irrealidad y no hay manera de rescatarlos.  

México sufre el complejo de Fourier, pero versión masiosari. Hace tiempo publiqué una nota advirtiendo a los estadounidenses no beber el agua en sus viajes a nuestro país, no por el peligro de contraer la famosa venganza de Moctezuma. La advertencia era para evitar un contagio más grave que produce la enfermedad del Perfecto Idiota Latinoamericano (PIM), ahora sazonada por el complejo de Fourier. Ese virus que, como afirmara Vargas Llosa, “se manifiesta con síntomas de retraso mental, conductas ilógicas adquiridas por modorra ética, pereza mental y el oportunismo civil”. Revela una abdicación de la facultad de pensar, de cotejar palabras con los hechos, cuestionar la retórica que hace las veces de pensamiento y, más grave, inocula el otro inmisericorde virus, el de la destrucción.

A pesar de los esfuerzos para combatirla, en los últimos años la condición del paciente —gran parte de población mexicana— se tornó en terminal debido al ataque de un novedoso y letal virus de tal forma que, pasa de Perfecto Idiota Mexicano, a lo que ahora se conocerá como paciente de la Pejeditis Aguda y Colectiva (PAC). Una mutación viral que asume proporciones de apocalíptica epidemia cuyos síntomas ahora incluyen una tendencia hacia su propia inmolación con el cuchillo de la pendejés, provocada por ese enfermizo amor con el que idolatran al nuevo mesías de los doble pisos, El Peje. Y como cortesía de este inmenso grupo de perfectos idiotas mexicanos, estamos a punto de atestiguar la inmolación del país y el agotamiento del cuerno de la abundancia.

Y con su machete afilado para el haraquiri, estos zombis tan demócratas acudirán a las urnas para, rebosando de idiotez, entregar las riendas del país al Atila mexicano acompañado por su grupo de rufianes extraídos de las alcantarillas y fosas sépticas del país. Es tan grave el nuevo virus que ya muestra perfiles de necrofilia, enfermedad en la cual el paciente tiene urgencia de mantener relaciones con cadáveres momificados. En México las multitudes se asemejan a Alan Bates de la cinta Psycho, el cual mantenía una enferma relación con su madre que, aun después de muerta, la preservó momificada para seguir viviendo en el pasado y, en su deformada mente, nunca deshacerse de su protección y dependencia.

Esta enfermedad ha provocado los PAC se entreguen a un sueño. Lograr lo que hasta ahora se les ha negado. Porque el mesías garantiza riquezas, felicidad y amor para todos. Pero hay algo que yo no entiendo. El “complejo Romo”. Amigos míos propietarios de buena educación, se rasguen las vestiduras por este orate afirmando que el PRIAN es el responsable de las penurias del país. ¿No se darán cuenta que la tribu del mesías no es más que el cesto de la basura de los partidos que ellos culpan? Lo peor del PRIAN se ha refugiado en ese campamento cuajado de ladrones, psicópatas, oportunistas, liderados por un monje loco que haría lucir a Rasputín como el alumno consentido de Carl Jung. 

Y así nos aproximamos a este importante evento en el cual, los PAC, listos para ejecutar su haraquiri, arribarán a la cama de la abuelita y preguntarán: “Abuelita ¿Por qué tienes esa boca tan grande?” Y el ocupante de la cama asomará la cabeza entre las sábanas y exclamará, “para comerte mejor”. La demagogia paga—cuando menos en el corto plazo como lo indicaba Keynes cuando afirmaba; “en el largo plazo todos estaremos muertos”.

En una era ausente de la verdad que amenaza la sobrevivencia del país, este monje loco promete establecer su “Alicia López en el país de las maravillas,” embriagando a los mexicanos en una cruel orgía de ocultismo, demagogia, pero más grave, la advertencia muy clara de un proceso para destrozar, ya no su futuro, el presente del México sediento de los hombres superiores que describía Confucio. “El hombre que ha encontrado la verdad y sigue ese camino porque es el lógico y el justo”.


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