El Econoclasta
Oct 16, 2018
Isaac Katz

Competencia y bienestar

Es a través del fomento a la competencia, no con precios controlados o subsidios que generan distorsiones en los mercados, que se favorece a los consumidores.

Es claro que cuando los mercados operan en condiciones de competencia, sin restricciones significativas de entrada y salida para los participantes (oferentes y demandantes) llevando a cabo transacciones enteramente voluntarias, se tiende a maximizar simultáneamente el bienestar tanto de los productores como de los consumidores. Por el contrario, cuando las empresas tienen poder de mercado (en el caso extremo son un monopolio), los consumidores experimentarán una pérdida de su bienestar derivado de enfrentar una menor cantidad disponible del bien así como precios superiores de los que hubiesen regido en competencia.

Al respecto, la Comisión Federal de Competencia Económica acaba de publicar un análisis muy importante: “Estudio sobre el impacto que tiene el poder de mercado sobre el bienestar de los hogares” elaborado por Andrés Aradillas, profesor de economía en la Universidad Estatal de Pensilvania.

El estudio analiza la existencia de poder de mercado para once bienes en donde encuentra sobreprecios como consecuencia de la ausencia de plenas condiciones de competencia (entre paréntesis se presenta el porcentaje de sobreprecio promedio): frutas (238%), pan (200%), materiales de construcción (113%), lácteos (100%), transporte aéreo (27%), tortillas (26%), autobuses foráneos (15%), pollo y huevo (14%), carne de res (8%), bebidas no alcohólicas (5%) y medicamentos (4%).

Claramente los consumidores pierden bienestar al pagar precios por arriba de los que hubiesen pagado de haber regido la competencia. Más aún, la ausencia de condiciones de competencia daña relativamente más a los consumidores de menores ingresos. El costo en bienestar para los consumidores estimado por estos sobreprecios como porcentaje del ingreso total por decil es: I (31%), II (24%), III (21%), IV (19%), V (17%), VI (15%), VII (14%), VIII (12%), IX (10%) y X (6%).  La pérdida en el bienestar para los hogares más pobres es 5 veces la pérdida estimada para los hogares de mayor ingreso. El autor estima que de no existir el poder de mercado en los bienes considerados, el índice de Gini caería de 0.481 a 0.446, de donde se deduce que la ausencia de competencia es uno de los elementos que generan una mayor desigualdad en la distribución del ingreso.

El estudio también analiza el impacto de este poder de mercado en los bienes considerados por regiones, abarcando 46 ciudades, donde encuentra que el mayor daño lo experimentan los hogares en los estados más pobres (Chiapas, Guerrero y Oaxaca, donde se observa una mayor dispersión geográfica de la población y menor acceso a mercados integrados); para los hogares en estos tres estados la pérdida en su bienestar representa el 47% de su ingreso total, mientras que en los estados del noroeste (Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora y Sinaloa) la pérdida es del 5% y en el noreste (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) es del 3%. Los hogares más pobres en los estados más pobres son los que más experimentan una pérdida de bienestar por la ausencia de una plena competencia en los mercados.

Independientemente de cuál sea la fuente de ingresos de cada individuo, todos somos consumidores. En consecuencia, el objetivo primario de la política pública es generar las condiciones para que todos los mercados (bienes y servicios así como factores de la producción) operen en condiciones de competencia. Reducir las restricciones legales y regulatorias que imponen barreras a la entrada y salida de los mercados, mismas que generan prácticas no competitivas por parte de más empresas, es una condición necesaria para maximizar el bienestar de los consumidores.

Es a través del fomento a la competencia, no con precios controlados o subsidios que generan distorsiones en los mercados, que se favorece a los consumidores.



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