MIÉRCOLES, 5 DE DICIEMBRE DE 2018
Ahora sí, llegaron los gorrones

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Ricardo Valenzuela







“Nunca he atestiguado una situación tan ilógica, irracional y ridícula como lo que está sucediendo en la frontera. Sin embargo, este problema es más complicado que un simple: “En nuestros países no hay trabajo”. Las raíces de esta dantesca situación son mucho más profundas.”


Creo que el haber transitado por todos los rincones del planeta me ha dado el material para expresar que, en mis largas jornadas, no he atestiguado una situación tan ilógica, irracional y ridícula como lo que está sucediendo en la frontera cuando, “espontáneamente” se ha iniciado una estampida en la cual participan miles de “inmigrantes” que pretenden penetrar los EU por los medios que sean necesarios (legales o ilegales, pacíficos o violentos). Esto ha producido, entre otras cosas, una situación no solo problemática en la frontera EU-MX, sino la posibilidad de graves enfrentamientos con el ejército de EU que, ante la actitud de los migrantes, puede desembocar en un baño de sangre.

Sin embargo, este problema es más complicado que el simplemente esgrimir el clásico: “En nuestros países no hay trabajo”. Las raíces de esta dantesca situación son más profundas y no emergen fácilmente a la superficie para que podamos identificarlas, conocer sus verdaderos orígenes y, armados con las herramientas adecuadas, proceder a resolverlas. Claudio Veliz nos da pistas.

Los herederos de las tradiciones culturales Ibéricas y Británicas en el nuevo mundo se desarrollaron de forma muy diferente, especialmente en lo referente a expectativas económicas y arreglos políticos—sociales. Se ha tratado de entender las razones que han provocado estas monumentales diferencias intentando convertir los defectos en virtudes, activos en pasivos, pero no se puede ocultar el hecho de la fortaleza económica de los angloparlantes descendientes de quienes originaron la revolución industrial, sus impresionantes logros científicos y tecnológicos que nunca han sido superados, igualados y ni siquiera emulados por los que hablamos español o portugués, beneficiarios de la herencia Ibérica.   

Es interesante cómo dos tradiciones culturales apuntaladas con sus lenguas, sus diferentes conductas y disposiciones de esta naturaleza, fueron responsables de dos de los más importantes establecimientos de sociedades en tiempos modernos. Cada una de estas sociedades nacía cuando sus progenitores gozaban de toda su grandeza imperial. Dominantes en cada uno de los hemisferios del nuevo mundo, siempre han mostrado sus polarizados paralelos geográficos producto de su herencia cultural europea, y exhiben las impresionantes diferencias de lo que han hecho en el norte y sur del continente, tan evidentes como persistentes entre sus logros económicos, no diferentes a la gran distancia que siempre ha separado las economías de Iberia y Britania desde la avenida de la revolución industrial. Al hacer esta comparación, no es fácil ignorar el catolicismo que abraza al sur y el nuevo protestantismo del norte.

Esta observación fue develada por pensadores del calibre de Max Weber, RH Tawney y, en especial, Thomas Macaulay en su ensayo de 1840 en el cual invitaba a comparar Inglaterra y España del siglo 18, en avances militares, artes, ciencia, literatura, comercio, agricultura. Pero esa gran diferencia no estaba confinada solamente a ese lado del Atlántico. Las colonias inglesas establecidas en América siempre opacaron en todas las áreas a las colonias de España. Señalaba luego que, durante el siglo 16, los castellanos no eran inferiores a los ingleses, para cerrar afirmando era un hecho bien conocido que el norte debía su gran desarrollo y prosperidad al efecto moral de la Reforma Protestante, para luego identificar el atraso del sur con el renacer del catolicismo. Desde entonces se establecieron y fundamentaron las diferencias más grandes entre nuestras culturas y esquemas mentales.

En el Inter, las diferencias se agigantaban cuando Canadá y EU continuaban creciendo y prosperando y América Latina ahogándose en sus problemas. Todo esto sazonado con enfrentamientos, grandes enemistades y ridículas metáforas. Surgía la obra del uruguayo Jose Rodó titulada “Ariel”. En ella describía a los latinoamericanos como gente de sentimientos nobles y delicados, espirituales, con nobleza de mente, conciencia social, y grandes propósitos morales. Mientras que a los anglos los etiquetaba de diabólicos, sin obstáculos insuperables a su espíritu de vulgaridad. Ricos y prósperos con una suntuosa magnificencia de mal gusto, la negación del arte, brutales en el exceso. Cultivadores de la falsa grandeza, del sensacionalismo, sin serena nobleza. Herederos de la austeridad puritana no conocen la belleza. No abrigan ningún pensamiento que no sea dirigido hacia un objetivo práctico e inmediato. Para ellos la ciencia es solo algo necesario que antecede a sus aplicaciones utilitarias. Nacía el “zorro gótico”.

El destino de América Latina se escribía en el libro cósmico y nacía el “borrego barroco”.   

El efecto de Rodó fue particularmente venenoso en México. José Vasconcelos, desde su puesto como secretario de educación abrazaba el espíritu de Rodó en su libro, “La Raza Cósmica” publicado en 1925, en donde hablaba de un génesis indio y un destino universal. “Sería la base del sistema educativo de México”. Afirmaba América Latina era el continente del futuro porque tenía tres ventajas importantes sobre la América del Norte anglosajona: “primero, una sociedad unificada basada en la fusión de razas, el mestizaje: segundo, la maestría del clima tropical (todas las grandes civilizaciones se iniciaron en los trópicos) : tercero, una raza cósmica con los recursos espirituales para dirigir y consumar empresas extraordinarias, y para el descubrimiento de nuevas zonas del espíritu, ahora que ya no había más tierras que descubrir”.     

Fue así que arribamos a principios del nuevo milenio portando tarjetas de calificación muy diferentes. Los herederos de Inglaterra continuaron con su admirable desarrollo económico, político y social. Los EU se posicionan para iniciar una nueva era de libertad y prosperidad. Sus rutas culturales datan de muchos siglos y les han heredado ese gran individualismo, los formó como emprendedores, amantes de la libertad. Este será un nuevo mundo que a los EU le traerá gran productividad, un rápido progreso tecnológico, un gran espacio para individuos, una autonomía a escala familiar, un gobierno delgado y estrictamente limitado.

América Latina seguirá enfrentando las estructuras burocráticas que se han inventado en respuesta a sus tribulaciones económicas y políticas (BID, CACM, UNEC, etc.). Organizaciones que se han identificado como las más inservibles de la historia, y siempre han sucumbido a la tentación de establecer remedios económicos ilógicos para las persistentes enfermedades de la región. La mayoría de esas recetas han sido tejidas en un fértil campo burocrático donde crecen y maduran, abonando y transformando el ya existente bosque de reglas y regulaciones en una impenetrable selva de controles, decretos, entidades cuasi autónomas, subsidios, comités y corporaciones estatales. Así también han tejido su sociedad en nuestro fracaso que ahora produce olas de gente hambrienta en la frontera.

Afirmaba Milton Friedman que una política de fronteras abiertas entre dos países con economías tan contrastantes y, en especial, uno de ellos con un sistema de bienestar tan mal manejado y abusado, jamás podría funcionar. Estas muchedumbres son solo el inicio de una violenta invasión, ahora que el nuevo presidente de México se alista para su destrucción total.


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