MIÉRCOLES, 26 DE DICIEMBRE DE 2018
La ruta mexicana hacia la servidumbre (I)

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“Despistados empresarios, liberales, y hasta políticos de la oposición, afirman darle el beneficio de la duda esperando el Peje se transforme en un Felipe González. Pero la única duda debería ser qué tanto resistirán los flejes con los que se ha sujetado una larga reprimida explosión nacional.”


El mandatario debutante de México durante casi 20 años predicó su evangelio reformatorio, pero es hasta ahora que recibe el bastón de coyote-yaqui que le da el poder para implementar su cuarta transformación. Sin embargo, no sabemos en qué consiste su reconfiguración nacional. Ante esta incertidumbre, sus conductas pasadas y sus amistades, la comunidad internacional y los mexicanos que no votaron por él piensan que el resultado no será un paraíso terrenal. Despistados empresarios, liberales, y hasta políticos de la oposición, afirman darle el beneficio de la duda esperando el Peje se transforme en un Felipe González. Pero la única duda debería ser qué tanto resistirán los flejes con los que se ha sujetado una larga reprimida explosión nacional. Porque para otros no hay duda de que México inicia de nuevo su ruta final hacia la servidumbre. 

En 1944 el laureado economista Friedrich Hayek publicó su Magna Obra “Ruta hacia la Servidumbre” y, con una devastadora precisión, anunciaba el fracaso del socialismo, un retoño del colectivismo y modelo incompatible con la libertad humana, su desarrollo y su ansiada prosperidad. Para Hayek toda planificación económica se basa en la creación del supuesto bien común que se constituye en objetivo general. Así, esa planificación económica conduce hacia el totalitarismo y la pérdida de nuestras libertades. ?Y ante esa pérdida, surge el estado omnipotente para convertir al hombre en su sirviente. En sus palabras:

“Cualquier política dirigida hacia un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien mal entiende como una distribución “más justa”, tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado entre personas diferentes, sería necesario tratarlas así, de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?”

Hayek se inspiró para su magna obra cuando se dio cuenta de la confusión entre académicos que consideraban el fascismo como una alternativa al socialismo. Sobre esas bases, Hayek presagiaba la autodestrucción de ambos antes que finalizara el siglo 20. Su profesor y mentor, Ludwig Von Mises, en 1936 había hecho la misma predicción en su libro “Socialismo”. En 1989, Hayek, frente a un televisor en su cabaña en Los Alpes, atestiguaba la caída del muro de Berlín y sonriendo afirmaba; “se los dije”.

Sin embargo, el socialismo ya había invadido países libres y nunca desapareció totalmente. Como referencia, es interesante evaluar el avance del Estado en el país que solía ser ejemplo global de libertad economía, citando las administraciones neofascistas de Roosevelt, Johnson, Obama y, en especial, las declaraciones de William Simon cuando fuera Secretario del Tesoro en los EU en 1970:

“Observo sorprendido a los hombres de negocios que, ante cualquier crisis, corren ante el gobierno llorando por ayuda o protección de la competencia. He visto los rancheros de Texas, cuando tienen sequía, demandando del gobierno préstamos garantizados; las grandes cooperativas lecheras pidiendo precios de garantía; aerolíneas peleando contra la desregulación para conservar sus estructuras monopólicas; empresas como Lockheed en busca de asistencia federal para rescatarlos de su ineficiencia; banqueros demandando rescates para no sufrir la consecuencia de sus desastrosas inversiones; ejecutivos de empresas de TV pidiendo se mantengan regulaciones para bloquear la emergencia del cable y TV de paga. Y siempre proclamando su devoción a la libre empresa y su oposición a las intervenciones del Estado en nuestra vida económica. Excepto, en su caso particular que siempre es único y se justifica por ser estratégico”.   

La ruta de México
En economía de mercado, el gobierno debe establecer un marco legal y asegurar que las reglas vigentes sean respetadas. Deja así producción y comercialización de bienes y servicios a quienes, produciendo ganancias, satisfagan las demandas del mercado, si alguien fracasa y agota su capital, tiene que abandonar el entarimado. El proceso falla cuando el gobierno se convierte en competidor produciendo y comercializando. Porque en empresas estatales las pérdidas nunca agotan su capital para castigarlas por su ineficiente manejo, puesto que son cruciales para el gobierno por razones políticas y, para mantenerlas vivas, cubren sus pérdidas con subsidios. El manejo político que se les da ensombrece su importancia económica al extremo de que su comportamiento financiero es irrelevante para su existencia.  

En México, la dependencia empresarial a la que se refería Simon es la regla, pero, además, el gobierno ha sido propietario de miles de fracasadas empresas y cada año ha tenido que cubrir sus monstruosas pérdidas vía impuestos, o imprimiendo dinero inflacionario. Las empresas privadas son siempre agredidas con impuestos, mandatos, regulaciones, que se ha traducido en un gobierno Frankenstein que ha llegado a consumir más del 50% del PIB, y una clase empresarial que, en lugar de competir en el mercado, se ha tenido que dedicar a defenderse de esos ataques. El ejemplo más triste de agresión a la iniciativa privada ha sido el Grupo Monterrey encabezado por el don Eugenio Garza Sada, cuando la locura, el odio inclemente y enfermizo de Luis Echeverría resultara en el cobarde asesinato de ese legendario hombre. Un rebelde que nunca se rindió. 

Esta ha sido la estructura económica de México que lo ha mantenido pobre y subdesarrollado. Las instituciones económicas líder han sido empresas estatales que en 1982 sumaban 1,155. Esto se traducía en que los buscadores de rentas y los burócratas organizaban y operaban los sectores estratégicos de la economía. Las empresas privadas que sobrevivían, en gran parte habían dependido del gobierno debiendo pagar su extorción anual.

Las nacionalizaciones y la búsqueda de rentas destruían la poca riqueza que se generaba, aniquilaban la competencia y arruinaban las finanzas del gobierno. El dinero canalizado a través de programas del gobierno generaba una falsa impresión de prosperidad, cuando al mismo tiempo los políticos expropiaban, despojaban y destruían los segmentos más productivos de la sociedad. Así, esa sociedad civil sucumbía, y la acción individual era bloqueada por el gobierno para premiar sus monopolios. La búsqueda de rentas destruyó el espíritu empresarial cuando la gente se dio cuenta que su éxito dependía de conexiones políticas, no de sus esfuerzos para satisfacer el mercado.

Para 1982 el gobierno controlaba ya más del 50% del PIB y las pérdidas de las empresas estatales absorbían decenas de billones de dólares. Esas pérdidas que el gobierno tenía que cubrir, fueron el motivo más importante de la explosión de una deuda incontrolable. No tenían dueños, pero sí muchos activos a su disposición. Totalmente incontroladas y sin ajuste de cuentas, a los premiados para manejar esas firmas se les daba licencia para hacerse millonarios. Sus oficiales eran incentivados para descapitalizarlas y así pagar favores políticos, enriquecerse y enriquecer a sus amigos más cercanos. Así México navegaba hacia el siglo 21

En 1988 el presidente Salinas inició un programa de reformas para derrumbar el entarimado socialista que había hundido a México, privatizar la economía, abrir el país a los mercados mundiales, establecer libertad económica, atender la deuda. El 1 de Enero de 1994 se iniciaba el saboteo de su programa buscando regresar al nacionalismo revolucionario, que es la bandera que porta en nuevo mandatario, pero ahora propulsado con esteroides.

• Liberalismo • “4ta transformación”

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