Pesos y contrapesos
Ene 23, 2019
Arturo Damm

El gobierno y los precios

Lo que está pasando con los precios de garantía impuestos por el gobierno es una clara muestra de la manipulación de precios que, por más buenas que sean las intenciones del manipulador, conducen a un círculo vicioso que no lleva a nada bueno.

Los precios son razones de cambio, tanto de X por tanto de Y, 15 pesos por 250 mililitros de café, por poner un ejemplo, y para que sean tales deben determinarse por las partes que intervienen en el intercambio, los demandantes por un lado, los oferentes por el otro. Solo si se cumple esta condición los precios llevan a cabo una de sus principales funciones: racionar el mercado, es decir, corregir cualquier situación de escasez (cantidad demanda mayor que la ofrecida) o de sobreoferta (cantidad ofrecida mayor que la demanda). Esta es una de las primeras lecciones que se les enseña a los estudiantes de economía, lección que, si el economista se convierte en político, puede ignorarse. La tentación de los políticos para manipular precios estuvo, está y estará presente. El caso de AMLO no es la excepción. Preocupante.

La muestra más reciente de la mentada tentación es la imposición de precios de garantía al frijol, maíz, trigo, arroz y leche, precios de garantía que el gobierno impone por arriba del precio de mercado, que es el precio de equilibrio, al cual la cantidad demandada iguala la cantidad ofrecida, por lo que no hay, ni escasez, ni sobreoferta, tal y como debe ser.

Los precios de garantía implican el otorgamiento de subsidios al productor. Pongo el ejemplo del frijol. El precio de mercado de la tonelada es de 10 mil pesos. El precio de garantía impuesto por el gobierno es de 14 mil 500 pesos, lo cual supone un subsidio de 4 mil 500 pesos, la diferencia entre el precio garantizado por el gobierno y el precio de mercado, el que pagan los consumidores, subsidio equivalente al 45 por ciento. Primera consecuencia de los precios de garantía: subsidios.

Los precios de garantía, al garantizarle al productor un precio mayor que el del mercado, y por lo tanto un mayor ingreso, incentivan la producción, lo cual ocasiona sobreoferta, que se “resuelve” si el gobierno compra, al precio de garantía, esos excedentes, lo cual distorsiona aún más el mercado. Esta es la razón por la cual las compras de frijol (sigo con el mismo ejemplo) al precio de garantía se verán limitadas a 15 toneladas por productor (20 en el caso del maíz, 100 en el del trigo, 120 en el del arroz).

Lo que está pasando con los precios de garantía impuestos por el gobierno es una clara muestra del interés que los precios generan en quienes gobiernan, interés que los lleva a manipularlos, manipulación de precios que, por más buenas que sean las intenciones del manipulador, distorsionan los mercados, distorsiones que, de no corregirse, y para corregirse debe eliminarse el precio de garantía, conducen a más intervenciones del gobierno en los mercados, todo ello en un círculo vicioso que no conduce a nada bueno. Así lo demuestra la teoría económica y lo muestra la historia económica. Y, sin embargo, ya tenemos, nuevamente, precios de garantía.



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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