MARTES, 12 DE MARZO DE 2019
Inversión directa, en picada

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“El gobierno, ¿está consciente de lo que está pasando? ¿Está consciente de que esto sí es su culpa? Nada más falta que nos diga que esto también es culpa del neoliberalismo.”


En diciembre de 2018 la Inversión Fija Bruta (IFB), que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, en términos anuales se contrajo 6.4 por ciento, la mayor contracción, por mucho, de todo el año pasado. Los otros dos meses con contracción fueron, noviembre, con una caída del 2.3 por ciento, agosto, con un descenso del 2.1 por ciento.

En octubre la IFB creció 1.8 por ciento. En noviembre decreció 2.1 por ciento. En diciembre decreció todavía más, 6.4 por ciento. ¿Por qué? Buena parte de la respuesta la encontramos en la cancelación de la construcción del NAICM en Texcoco, que anunció AMLO el 29 de octubre, uno de cuyos efectos ha sido la pérdida de confianza de los empresarios, que ha afectado sus decisiones para invertir directamente en México, lo cual preocupante por todo lo que depende de la inversión directa (ID).

La ID es la que produce bienes y servicios, crea empleos y les permite, a quienes obtienen esos nuevos puestos de trabajo, generar ingresos. Todo ello depende de la ID, sin olvidar que el crecimiento de la economía se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios para el consumo final, el Producto Interno Bruto. Por ello son preocupantes los resultados de la IFB en noviembre y diciembre del año pasado, IFB que proporciona la infraestructura física para llevar a cabo la producción, por lo que es un buen indicador, tal vez el mejor, del comportamiento de la ID.

Comparemos. El crecimiento promedio anual de la ID en 2016 fue 0.95 por ciento. En 2017 fue menos 1.41 por ciento. En 2018 resultó del 0.63 por ciento, mayor que el de 2017, pero menor que el de 2016.

¿Cuál es el resultado para el 2018 su dividimos el año en dos partes, la primera de enero a junio (antes de las elecciones), y la segunda de julio a diciembre (después de las elecciones)? El crecimiento promedio anual de la ID entre enero y junio fue 2.13 por ciento. Entre julio y diciembre menos 0.87 por ciento.

¿Y si dividimos el segundo semestre en dos, la primera parte de julio a octubre (antes de la decisión de cancelar el NAICM), y la segunda de noviembre a diciembre (después de cancelado el NAICM)? Entre julio y octubre la ID creció en promedio anual 0.88 por ciento. Entre noviembre y diciembre decreció 4.35 por ciento.

¿Qué habrá pasado con la confianza de los empresarios, y por lo tanto con la IFB y la ID, en enero y febrero? Lo sabremos el 8 de abril, cuando el INEGI publique las cifras de la IFB para enero, y el 7 de mayo cuando lo haga con las de febrero. Por lo pronto con los resultados de noviembre y diciembre se encendió un foco rojo en el camino de la economía mexicana, en el camino de la producción, la creación de empleo y la generación de ingreso.

El gobierno, ¿está consciente de lo que está pasando? ¿Está consciente de que esto sí es su culpa? Nada más falta que nos diga que esto también es culpa del neoliberalismo.

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