MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2019
La democracia hacia el despotismo

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“AMLO es la resurrección de Echeverría en esteroides. Es también la representación de una sociedad enferma que refleja lo que somos; ciegos caminando hacia un sombrío futuro.”


Cualquier mexicano que porte una mente inquisitiva con acceso a información profesional, podría tener una panorámica real de lo que está sucediendo en nuestro país, y, sobre todo, lo que nos espera con un líder político que solamente los dibujos de Calderón lo definen en toda su magistral demencia. Y por más que algunos analistas traten de encontrar un lado positivo para definirlo, yo solo lo puedo hacer con el dicho de los vaqueros del rancho: “Parece que lo amansó el Guaquila con un bozal tejido con alambre de púas, la montura sin subaderos, y le puso las herraduras con clavos pa las vías del tren.”

Los vaqueros definen su excelencia en la forma en que amansan los caballos. Un buen vaquero produce caballos nobles, obedientes, diligentes para las tareas. Pero un mal vaquero los forma rabiosos, no obedecen la rienda, cuando sienten las espuelas reparan, testerean los cercos y se dejan caer. En el rancho había un vaquero que fue el campeón de la producción de caballos “locos” y le apodaban “El Guaquila”. Cuando alguien mostraba una conducta irracional, los otros vaqueros afirmaban; “Parece que lo amansó el Guaquila”. Así veo yo al presidente.

Si el Churi, el invocado mayordomo de los ranchos de mi abuelo —de quien yo aprendí las artes del vaquero— estuviera vivo y pudiera presenciar una de las conferencias del presidente, para luego preguntarle ¿Qué te pareció Churi? De seguro su respuesta sería; “pos parece mula lazada de las verijas con la cola llena de huichaporis, parece que lo amansó el Guaquila. No va a servir pa la silla ni pal arado”. Esto pudiera sonar cómico, pero es un asunto de suma seriedad. El país está en manos de un desequilibrado y, más grave, sin los contrapesos que deberían coartar su poder absoluto, ese poder que Lord Acton afirmaba corrompe absolutamente.

Cuando iniciaba mi debut como banquero en el DF, México estaba dominado por otro demente, Luis Echeverría. Una era en la cual el poder ilimitado del presidente era automático y el dicho más popular de los políticos era, “todos con el presidente”. La inteligencia de EU lo describía como un “megalómano de carácter mesianismo. Hombre con una actividad extenuante, pero destructiva. Cruel y rencoroso. Con una autoestima suprema que lo hará coquetear con la idea de no dejar el poder”. 

En 1972 Salvador Allende visitaba México. El sector privado elevaba su protesta alabando la lucha de los chilenos contra del socialismo que amenazaba su vida democrática. En Septiembre de 1973, don Eugenio Garza Sada era asesinado y en su sepelio en Monterrey, Ricardo Margain recriminaba a LEA: “Este crimen se propició desde el poder a base de ataques al sector privado fomentando el odio entre clases. Cuando con descaro se favorece todo lo relacionado con violentas manifestaciones marxistas. Se permiten las más nocivas ideologías que propugnan todo lo que es contrario al alma de los mexicanos, contra nuestra forma de vida, contra nuestros más preciados valores y contra nuestros más legítimos derechos”.  

Pero llegaba uno peor, José López Portillo. Un hombre que llevara el sistema de tiranía del gobierno hasta los límites de la inmolación, construyendo una monstruosa deuda que provocara la fábrica moral, social y política del país se derrumbara con la economía. Pretendiendo que México fuera un éxito inspirado en el evangelio de Raul Prebisch, lo empujó hacia el abismo socialista. En septiembre de 1982, se despedía anunciando la expropiación de la banca y declaraba culpables a los banqueros, cobardemente evadiendo su responsabilidad. Silva Herzog declaraba la quiebra del país.

Durante más de 30 años pensamos que esas ideas y esos políticos habían desaparecido. Era tan evidente el daño infringido que, imaginar la posibilidad de su regreso, nos quitaba el sueño. El derrumbe de la Unión Soviética era la confirmación más clara de lo destructivo del socialismo. Una doctrina que Brzezinski en 1978 condenó afirmando: “Antes que finalice el siglo, el socialismo habrá desaparecido y será recordado como la más grande aberración filosófica, económica, y política del siglo 20”. Sin embargo, aparecía en el radar AMLO. Alguien tan desequilibrado como LEA y fiel a las ideas socialistas revolucionarias de la docena trágica (1970-1982).

Heredero del nacionalismo revolucionario cuyo perfil psicológico, obra de Alfonso Diez, lista paranoia con delirios de persecución y la idea de un gran complot en su contra. Anota sus odios para no olvidarlos y luego tornarlos en venganza. Carga una aversión enfermiza hacia Salinas descrita por Diez como el intento por superar el complejo paterno. Delirio de grandeza asegurando que es imprescindible, nadie puede suplirlo, la historia lo requiere. Lo precisamos para existir. Le urge el poder. Lo persigue, lo caza. Ya en sus manos, luchará por mantenerlo.

Sufre una epilepsia mental, convulsión del área afectiva del cerebro que lo hace insensible y soberbio. Muy seguido su mente se queda en blanco y calla por largos periodos, síntoma de los cables cruzados en su cerebro. Su defensa es la “negación”, pues le basta negar sus errores para automáticamente eliminarlos. Hombre cultivado en las violentas protestas callejeras y en las peluquerías, pues ahí encontraba la sabiduría para interpretar los mensajes divinos, para luego apoltronarse en el sitial de fuhrer de los hijos de la revolución y reciclar los odios nacionales.

La política es un ambiente insano que demanda actores contagiados con habilidad para engañar y traicionar sin sentir culpa. Un ambiente de alta densidad y de agresiones a la razón. De carcinomas morales que gestan la eterna enfermedad de la patria. Es la universidad de la mentira y la explotación de otros, de los incapaces para sentir empatía por los demás. Falsa afirmación de afecto por los desvalidos, constructores de castillos de hipocresía, embajadores de los fraudulentos saqueos.

¿Qué nos espera con ALMO? Como afirmara Yogi Berra; “Deja vu all over”. Repetición de la historia de los 70s y 80s. Una sociedad pendiendo de subsidios, precios de garantía y buscadores de rentas, en lugar de una economía libre generando valor. Organizada para maximizar beneficios políticos, no la eficiencia económica. El éxito de un país, en gran parte depende de su sistema legal, tenues regulaciones y reglas gobernando conductas. ¡Instituciones! Lo que AMLO hace mucho mandó al diablo. Pero ¡Cuidado! México, como los boxeadores viejos, ya no resiste los golpes como en los 70s y un débil gancho a la mandíbula lo puede enviar al nocaut de la mediocridad eterna.

Ese es el ring donde ALMO noqueará al país. Él es la resurrección de Echeverría en esteroides. Es también la representación de una sociedad enferma que refleja lo que somos; ciegos caminando hacia un sombrío futuro.

Al arribar al DF para debutar en la banca allá en los 70s. A las orillas de la ciudad detuvimos el auto para apreciar la magnitud de lo que debíamos conquistar. Muy cerca un campesino araba su tierra. Es cuando mi compañero de viaje, Ernesto Yberri, se dirige a mi casi gritando: “Mira, Valenzuela; los gringos aterrizando en la luna y nosotros todavía sembrando con pinches arados de madera”. ¡Y así seguimos!

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