Aquelarre Económico
Jun 16, 2006
Manuel Suárez Mier

Plan estratégico de AMLO

López Obrador no tiene un plan congruente para la conducción de la economía mexicana, pero sí tiene muy claro qué es lo que va a hacer para llegar al poder y cómo, una vez alcanzado, lo consolidará para perpetuarse en él.

López Obrador no tiene un plan congruente para la conducción de la economía mexicana pues lo que repite como merolico no pasa de ser una colección de ocurrencias necias, pero tiene muy claro qué es lo que va a hacer para llegar al poder y cómo, una vez alcanzado, lo consolidará para perpetuarse en él.

 

Los últimos años han sido de preparación temática y financiera. Primero, construyeron las bases clientelares constituidas por viejitos y madres solteras, para la foto, pero también por el bajo mundo de los ambulantes, los giros negros, los taxistas piratas y los invasores de tierras, que aportan cuantiosos recursos para la campaña y constituyen las eventuales brigadas de choque.

 

Segundo, la rueda de prensa tempranera para fijar la agenda del día y conducir a los medios en la dirección deseada. Los “comunicólogos” debieran analizar la magistral labor de manipulación de AMLO para vender su persona y su imagen, sin nexo alguno con la triste realidad de la ciudad-sin-esperanza.

 

Mostrar las grandes obras públicas para asombrar a la gente de provincia, con el nada sutil mensaje que, como me dijo una vez un taxista, “AMLO sí hace obras mientras que los anteriores se robaban todo.” La gran infraestructura que da viabilidad a la urbe -drenaje profundo, metro, red de agua- se abandonó por completo pero no importa, no se ve.

 

Discutir sólo con el presidente de la República para establecer “su nivel.” Si se miran con cuidado los pleitos que escogió AMLO para debatir con Vicente Fox, quien cayó en su juego, desde el horario de verano hasta el malhadado desafuero, casi todos contribuyeron a enaltecer su imagen.

 

Acto seguido, López Obrador tuvo que disfrazarse de demócrata y ocultar su esencia autoritaria e intolerante. Esto lo logró a medias pues con frecuencia le ganó lo tropical, pero resultó una estratagema efectiva para persuadir a gobiernos y prensa extranjeros que él no representaba un peligro despótico.

 

La impostura democrática, que tanto trabajo le costó mantener a AMLO, era necesaria también para la campaña, que por necesidad se tuvo que dar con las reglas del juego y las instituciones que se dio el país para concretar la transición política sin el famoso choque de trenes que muchos temían.

 

Pero la maquinaria política que AMLO construyó con base en el PRD, tenía que empezar temprano a socavar esas mismas instituciones para tener listo un Plan B, que se volvería operativo en la eventualidad que el IFE, el TRIFE y posiblemente la Suprema Corte de Justicia, no reconocieran su triunfo.

 

De ahí que desde el 2003 el representante del PRD en el IFE hubiera hecho exigencias tan desmedidas que obligaron al resto de los partidos a excluirlo del acuerdo para conformar su nuevo Consejo General, con lo que López Obrador y su organización política pudieron denunciar su falta de legitimidad.

 

La historia muestra que AMLO ha echado lodo no solo al IFE sino a todas las instancias de poder que tienen algo que ver con la calificación de la elección presidencial, incluidos los tres poderes de la Unión: el Ejecutivo planea “una elección de Estado;” la Suprema Corte, “un tribunal faccioso;” el Congreso, “enemigo de la democracia.”

 

Esta estrategia ha sido complementada por la muy efectiva labor realizada por ex-priístas insignes dedicados a tejer las redes que atraigan a incautos votantes del centro del espectro político, que presentan a López Obrador como un político moderado y sensato.

 

Qué otros ingredientes tiene el Plan B de AMLO y cómo ha ideado que culmine esta historia, es algo que discutiremos en los próximos días.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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