VIERNES, 10 DE MAYO DE 2019
Austeridad y ahorro en la 4T

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“¿Cómo evitar que quienes reciben ayuda del gobierno no voten necesariamente por el gobernante, o por el partido del gobernante que los beneficia?”


¿Qué significan, en los tiempos de la 4T, el ahorro y la austeridad, palabras recurrentes en el discurso de AMLO? ¿Menos gasto gubernamental? ¿Menos gasto del gobierno traducido en menos y menores impuestos? No, claro que no. No ha llegado al poder, al menos en México, el gobernante dispuesto a gastar menos que su antecesor. Al contrario.

En 2018 el Presupuesto de Egresos de la Federación fue de 5,279,667 millones de pesos. Para 2019 será de 5, 838,058 millones, lo cual, considerando una inflación del 3.4 por ciento para el año (según los Criterios Generales de Política Económica 2019), dará como resultado un aumento real del 6.9 por ciento. ¿Austeridad? ¿Ahorro? ¿Menos gasto del gobierno?

Cuando los seguidores de la 4T, comenzando por AMLO, hablan de medidas de austeridad, de planes de ahorro, se refieren a gastar menos en X para poder gastar más en Y. No es austeridad, no es ahorro, sino reasignación de gasto. ¿En beneficio de quiénes? De las clientelas presupuestarias que está creando AMLO, desde ninis hasta ancianos, todos dependientes, en mayor o menor medida, pero siempre en alguna, del dinero que él les da. Porque esa es la intención, que los beneficiarios de la redistribución del ingreso (el gobierno le quita a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo, es de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo, no es de Juan), identifiquen a AMLO, no al gobierno, como el benefactor, quien se ha cansado de decir que, por el bien de todos, primero los pobres, entre quienes está creando sus clientelas presupuestarias, de quienes espera, y muy probablemente obtendrá, incondicionalidad política. No se trata de un nuevo qué, sino de un nuevo cómo.

Se trata de la compra de votos, algo que, sobre todo cuando la democracia electoral ha degenerado en mercado electorero, parece inevitable. ¿Cómo evitar que quienes reciben ayuda del gobierno no voten necesariamente por el gobernante, o por el partido del gobernante que los beneficia? ¿Cómo evitar que la democracia electoral degenere en mercado electorero? ¿Hay manera?

Sí: prohibiendo que todo aquel que reciba alguna ayuda del gobierno, que suponga la redistribución del ingreso, vote. ¿Qué se lograría con tal medida? Evitar la degeneración de la democracia electoral en mercado electorero, siendo esa degeneración la que, llevada más allá de cierto límite, mismo que se ha alcanzado en muchos países, México incluido, convierte a la democracia liberal en democracia iliberal, siendo lo liberal de la democracia lo que impide que la misma se convierta en la dictadura de la mayoría, que por lo general termina siendo la dictadura de uno solo, que actúa en nombre de la mayoría.

La propuesta, ¿es extrema? ¿Injusta? ¿Antidemocrática?

Vale la pena analizarla con cuidado.  

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