MARTES, 4 DE JUNIO DE 2019
¿Hay sindicatos buenos?

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Como los sindicatos modernos no dan muestra de ser benéficos para la masa trabajadora, hay que pensar, buscar y construir nuevos mecanismos e instituciones que garanticen mejores beneficios y sin que perjudiquen a terceros.”


Supuestamente, los sindicatos se forman para defender y promover los intereses de sus agremiados, parece no haber problema en ello. Cualquiera aceptaría de buena gana que es un derecho de los trabajadores y ciudadanos agruparse para buscar mejores niveles de vida o para resolver un problema. Pero no es tan simple, ahora lo veremos.

Un poblado de la sierra carece de agua potable. Se reúne la gente y llegan al acuerdo de poner una cuota suficiente para perforar un pozo, tender una red y poner grifos en las casas de la gente que cooperó. Es una acción perfectamente aceptable. Es como si hubieran formado un sindicato para un fin expreso y nada malo hay en ello.

Otro grupo de jóvenes se reúnen para resolver sus carencias organizando un asalto al banco de una ciudad vecina. Y ahora viven muy bien. Ambos alcanzaron sus objetivos, pero hay una gran diferencia: Las acciones de los primeros, los que buscaban agua, lo hicieron bajo un principio fundamental: Respeto a la propiedad privada. Tomaron decisiones que no perjudican a terceros, es más, los beneficia indirectamente. Pero los otros, los asaltantes, consiguieron sus anhelos destruyendo la propiedad de terceros, perjudicaron al banquero, a los empleados, a los ahorradores, etc.

Si los sindicatos hubieran basado sus decisiones y sus acciones, todo dentro del marco de respeto a la propiedad privada, otros resultados radicalmente diferentes se habrían visto. Pero el aprendizaje es lento, tardío y difícil.

Cuando dos, tres o muchas personas se ponen de acuerdo para conseguir un fin, se sienten llenos de poder. Durante una larga época de la humanidad no se conocía otra forma de actuar que no fuera la de una masa comandada por un líder. Aprovechando la oscuridad de la noche asaltaban, robaban y mataban para conseguir lo que tenía el pueblo vecino.

Jesucristo entendió la fuerza de la masa y por eso buscó a doce valientes y aguerridos apóstoles para cambiar una vieja cultura.

Un puñado de 30 muchachos, bajo la influencia de uno o dos líderes pueden cerrar una universidad de miles de alumnos (UNAM, 1999).

Es decir, movilizar gente puede llevar a buenos resultados, pero también pueden ser el camino al infierno.

Viejas experiencias de violencia masiva se trasladaron al siglo XIX ante la Gran Revolución Industrial de Inglaterra.

Bajo las ideas marxistas, se organizaron sindicatos que creían en su poder para sacarle al “burgués” una serie de ventajas, demandas y supuestos derechos. No se detevieron a pensar en la naturaleza y papel del “burgués” en la economía.

Pensemos en un sindicato tan fuerte que logra aumentar al doble o triple los salarios y así disminuir drásticamente las ganancias de la empresa. Su fortaleza consiste en que logran la obediencia de todos los trabajadores. Si lanzan el mandato de no ir a trabajar, nadie va. Si ordenan cerrar la empresa, los trabajadores ponen las banderas de huelga. Si el líder ordena quemar las oficinas, todos llevan sus antorchas para darle fuego. Si la orden es bloquear las antradas viales de la ciudad, bloquean todos los accesos. Es un sindicato fuerte.

Los sindicatos comandados por comunistas y con socialistas en el poder de la nación y en los cuerpos legislativos establecieron “derechos” que, a la larga, perjudicaron a los mismos trabajadores.

Por ejemplo, en las empresas privadas, se sintieron con el derecho de hacer huelgas, es decir, cerrar la fábrica o negocio del patrón, amparados por los “derechos” impuestos en la Carta Magna. Pero:

  1. A nadie le gusta que una muchedumbre o un representante de los trabajadores le clausuren su casa o negocio.

  2. El empresario pierde las ganas de seguir invirtiendo si tiene encima las demandas de un sindicato que puede interrumpir la producción.

  3. Si se interrumpe la producción, se deja de surtir a clientes y la empresa puede ser demandada por incumplimiento de abasto.

  4. Cerrada la empresa disminuyen las ventas y, por tanto, la capacidad de pagar sueldos a los obreros.

  5. Se deja de pagar a los proveedores.

  6. Los objetivos de crecimiento de la empresa se detienen y, en consecuencia, dejan de generarse nuevas fuentes de trabajo, se detiene la compra de materia prima, dejan de comprarse nuevas máquinas y dejan de producirse nuevos artículos para bien de la población.

Supongamos que la huelga logra sus demadas, triplican sus sueldos y mejoran otras prestaciones, y que eso se refleja en una disminución del 50% de las ganancias de la empresa. Los tres mil obreros de la empresa están llenos de contento, pero ¿cuáles son las consecuencias de esa “victoria”? ¿Acaso el patrón cambiará su estilo de vida? ¿Dejará de comer y tomar vino? ¿Sacará a sus hijos de la mejor escuela privada para inscribirlos en una escuela gratuita? Mi conjetura es que nada de eso cambiará. Lo que sí se transformará es el uso que le hubiera dado a las ganancias.

Por una extraña razón, mucha gente cree que quien gana mucho dinero, lo guarda en la caja fuerte, como lo hacía el Rico MacPato de las caricaturas del Walt Disney, cosa totalmente equivocada. El empresario usará las ganancias para comprar más materia prima, para renovar maquinaria, contratar más obreros, hacer más productos para el mercado. Todo esto es para beneficar a miles, quizás millones de personas. Pero ese beneficio se detiene en razón de que se han disminuido las ganancias. Tal es uno de los efectos de la poderosa huelga del sindicato.

Pero si el sindicato entiende la maldad de las huelgas, entonces es posible que solo se encarge de estar ordeñando a los trabajadores con las cuotas sindicales. Eso hace ricos a los líderes y genera la ambición y lucha de poder para ser el Secretario General para disponer de las cuotas sindicales y otras prebendas.

En fin, en la historia de siglo y medio de los sindicatos modernos, no dan muestra de ser benéficos para la masa trabajadora. Habrá que pensar, buscar y construir nuevos mecanismos e instituciones que garanticen mejores beneficios y sin que perjudiquen a terceros.

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