MIÉRCOLES, 19 DE JUNIO DE 2019
¿Por qué fracasan los estudiantes?

¿Usted considera que la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia es un golpe de estado?
No
No sé



El punto sobre la i
“Los pobres nos facilitan el acceso al Cielo. Ya desde ahora son el tesoro de la Iglesia. Nos muestran la riqueza que no se devalúa nunca, la que une la Tierra y el Cielo, y por la que verdaderamente vale la pena vivir: el amor.”
Papa Francisco


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¡Peligra la economía de mercado!

Arturo Damm
• Guardar la Constitución

Luis Pazos
• México en el Índice de Progreso Social

Arturo Damm
• Economía y moral

Ricardo Valenzuela
• Moral, el árbol que da moras

Arturo Damm
• Reloj legislativo, artimaña

Víctor Hugo Becerra
• Bolivia: Cinco lecciones para México y América Latina


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Santos Mercado







“Tal parece que todo y todos conspiran contra los estudiantes para que fracasen sin remedio. Todo el sistema educativo, en escuelas públicas y privadas está diseñado para contribuir al fracaso de los alumnos.”


Hablar del fracaso de los estudiantes implica hablar del fracaso del sistema educativo, del fracaso de las políticas educativas del Estado y, en general, del fracaso de México.

Solo tres de cada cien niños que entran a la primaria alcanzan un título universitario. Esto a pesar de que se han disminuido exageradamente los requisitos para graduarse. Ya no se pide una tesis profesional, basta un reporte final o con que apruebe todas sus asignaturas. En otras palabras, a pesar de las facilidades, el 97% de alumnos fracasan.

En la UNAM, la universidad más prestigiosa de México, cada año tiene una demanda de 160 mil jóvenes que desean formarse en alguna licenciatura. La burocracia universitaria solo acepta a doce mil, menos del 10%. En otras palabras, la institución deshecha a más del 90%. De los doce mil aceptados, solo mil terminan con un título, es decir, más del 90% son arrojados a la lista de desertores.

De los estudiantes que logran obtener un título universitario, a nivel nacional, solo el 30% se dedican a lo que estudiaron. El resto, andan de taxistas, oficinistas o de cualquier actividad donde obtengan ingresos para sobrevivir. Estamos hablando de un 70% de graduados fracasados.

Los jóvenes invierten inútilmente mucho tiempo de su vida en las escuelas, y no es porque les agrade mucho la ciencia. En la UAM, en promedio, gastan 7.5 años, en otras instituciones se eleva hasta en más de diez años, promedio.

Por el lado financiero, la sociedad está subsidiando a cada alumno con más de diez mil pesos mensuales y en algunas, con más de veinte mil. Esta cifra se obtiene dividiendo el presupuesto asignado por el gobierno a cada escuela entre el número de alumnos.

El costo por formar a un graduado en la UNAM, en promedio, es por arriba de los 4 millones y medio de pesos mexicanos. Si a ese graduado se le hubiera mandado a estudiar en una universidad privada de las que tienen colegiaturas más altas de los Estados Unidos de América, incluso pagándole todos sus gastos de alojamiento, libros, viajes, etc… habría salido más barato.

Si el joven graduado consigue empleo, presenciamos otro elemento de fracaso pues muchos de ellos apenas ganan de tres a cinco salarios mínimos, si es que encuentran empleo.

Tal parece que todo y todos conspiran contra los estudiantes para que fracasen sin remedio.

En la familia, desde niños no se les enseña la importancia del esfuerzo duro, la responsabilidad, la disciplina y el respeto a la propiedad privada. Menos se les estimula el gusto por la ciencia, los negocios, la importancia vital del comercio. A muchos de ellos se les manda a la escuela solo para que no estorben en el hogar. Si padre y madre trabajan, transfieren la educación a los profesores, y éstos dicen que ésa es tarea del hogar.

En las escuelas públicas, los alumnos reciben educación estandarizada, masificada y fuertemente contaminada por el dañino marxismo, que les corta las alas y los sueños. La mayoría de los profesores están poco preocupados por el aprendizaje de los alumnos, simplemente cumplen el programa que les dio el gobierno pues es la manera de recibir las quincenas seguras; se han burocratizado.

Muchos alumnos hacen un buen esfuerzo para lograr una carrera, trabajan medio tiempo o tiempo completo y  van al salón de clases fatigados, aburridos y con sueño. Difícil que logren completar una carrera y terminan frustrados toda la vida.

Otro factor del fracaso radica en los vicios que desde la secundaria, prepa y universidad se ven expuestos los alumnos. Alcohol, mariguana y otras drogas se han convertido en una gran amenaza para los estudiantes. Algunos  hasta usan las becas del gobierno para gastar en estos vicios.

Al gobierno tampoco le interesa demasiado formar gente exitosa. Solo cumple con tener escuelas donde los padres arrojen a sus hijos y los alumnos no molesten a los gobernantes en turno.

Otro factor importante de fracaso radica en el sistema de educación gratuita. Sienten que el Estado les hace el gran favor de brindarles educación, aprenden a respetar al gobernante como si él aportara el dinero para su educación. Al ser gratuita, es difícil evaluar si vale la pena o no la carrera que burocráticamente les asignan. Muchos terminan la carrera, llevan el título a sus padres y se dedican a lo que les gusta: pintar paisajes, cantar, hacer poesía o tocar guitarra. Es dinero de los contribuyentes tirado a la alcantarilla.

Algunos concluyen la licenciatura, buscan trabajo, no encuentran y se inscriben a una maestría con beca del CONACyT, porque les da un ingreso mensual para comer. Terminan la maestría, no encuentran empleo, se siguen con el doctorado. Terminan buscan trabajo y no les contratan porque ya eres viejo o porque está “sobre calificado”.

Todo el sistema educativo, en escuelas públicas y privadas está diseñado para contribuir al fracaso de los alumnos. Es porque trabajan bajo la filosofía de formar subordinados, empleados o burócratas. Es decir, no se preocupan por formar empresarios, gente emprendedora capaz de inventar, innovar, tomar riesgos, poner negocios, abrir empresas. No es pecado ser empleado, pero gastar tanto dinero de los contribuyentes para formar gente que solo sueña con conseguir un empleo que les garantice las quincenas, tengan Seguro Social, jubilación y caja de muerto, no vale la pena.

Pero no hemos hablado del principal enemigo de los estudiantes y que no se encuentra en todos los factores que hemos mencionado.

El principal enemigo del estudiante es él mismo. El alumno ha perdido el valor y el coraje y la decisión para vencer todos los obstáculos. Se resignan con lo que encuentran, no cuestionan ni luchan por cambiar lo que no funciona bien, aceptan las cosas como están. Se dejan atropellar por pequeños grupos organizados, por sindicatos que les cierran las instituciones o por autoridades que no se preocupan por darles una enseñanza pertinente, actualizada y de calidad. Ni siquiera salen dominando el Inglés. Con resignación se acomodan como pueden al mundo defectuoso e ineficiente en que viven.

¿Es posible mejorar las cosas para formar mejores profesionales? ¿Es posible desarrollar el talento e inteligencia de cada estudiante para que desarrolle todo su potencial? Estimo que no solo es posible, sino pertinente, necesario e imprescindible. ¿Por dónde empezar?

No podemos esperar a que otros vengan a componer nuestro mundo, nadie lo va a hacer. Transformarlo para darle buen rumbo depende de nosotros mismos.

• Educación / Capital humano

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus