MIÉRCOLES, 10 DE JULIO DE 2019
Organizaciones económicas eficientes

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Valenzuela







“Si los países quieren progresar, deben establecer la santidad de los derechos de propiedad y nunca ubicar el interés social sobre esos derechos porque, si lo hacen, esos países estarán condenados.”


La afluencia del hombre occidental fue un fenómeno único en la historia de la humanidad. En los últimos cuatro siglos se liberó de las cadenas que lo aprisionaban en un mundo de ignorancia, pobreza, hambruna, violencia, y logró una calidad de vida que solamente es posible en un mundo de abundancia. Ellos encontraban la clave para lograr el crecimiento económico que lleve a las sociedades a la prosperidad estructurando organizaciones económicas eficientes. Esas organizaciones en el oeste de Europa fueron la clave para la emergencia de todo el mundo occidental como la región de la moderna prosperidad.

Las organizaciones económicas eficientes aseguran el establecimiento de arreglos institucionales y el respeto a los derechos de propiedad, creando alicientes para estimular los esfuerzos económicos de los individuos hacia actividades que provoquen que la tasa de rendimiento privado se genere cercana a la tasa del retorno social. Ahora, hay que sentar las condiciones esenciales que deben existir para que se logre ese crecimiento y, algo muy importante, se identifique la diferencia entre costos y beneficios privados y públicos.

Cuando la economía crece durante largos periodos se logra el aumento del ingreso per cápita sostenible y la prosperidad. Pero el verdadero desarrollo económico implica que el ingreso de la sociedad deba crecer a niveles superiores del incremento de la población. En los estados “paralizados” se producen insignificantes crecimientos en el ingreso per cápita, aun cuando el promedio de ingreso aumenta o decrece durante ciclos de larga duración. El estado paralizado surge cuando no hay atractivo para que los individuos adopten actividades que producen ese crecimiento. Aun cuando en esa sociedad parte de sus miembros estén satisfechos con lo que ya tienen (políticos y empresarios estatistas), solo se requiere que algunos grupos de la población desarrollen esa sana ambición para la búsqueda de algo más y se dé ese desarrollo y prosperidad.

Los países se paralizan cuando no hay incentivos para activar esa iniciativa individual. A veces hay una mejora del ingreso que resulta de un aumento en la disponibilidad de factores productivos (petróleo). Esos incrementos pueden ser extensivos, pero no necesariamente se traducen en crecimientos del ingreso de las personas. Hay dos situaciones que precipitan la verdadera ampliación del ingreso per cápita. Cuando las cantidades actuales de los factores de producción se incrementan. O cuando se aumenta la eficiencia en el uso de ellos. Esa ampliación de la productividad puede lograrse aplicando economías de escala, mejoramiento de los factores de producción (trabajadores más educados, capital armado con tecnología) o reduciendo las imperfecciones afectando al mercado que provocan información no confiable, incertidumbre, o activando cambios organizacionales para apoyar el comportamiento del mercado.

Ahora, si todo lo que se requiere para provocar desarrollo es inversión e innovación ¿Por qué algunas sociedades fallan en sus intentos? Las causas citadas por economistas (innovación, economías de escala, educación, etc.) no son suficientes. El crecimiento no ocurrirá a menos que existan organizaciones eficientes. Los individuos deben ser seducidos con incentivos para que asuman las actividades deseables para el desarrollo mediante mecanismos que logren los rendimientos sociales y privados sean igualmente atractivos. Los costos o beneficios privados son ganancias o pérdidas del individuo en sus transacciones. Costos o beneficios sociales son factores que afectan a la sociedad como un todo. Una discrepancia entre costos-beneficios privados o sociales puede traducirse en que una tercera entidad, sin el consentimiento de los afectados, reciba los beneficios o incurra en los costos. Eso es algo que sucede cuando los derechos de propiedad no están bien definidos. Si el costo excede al beneficio privado, los individuos no tomarán esa actividad aun cuando sea socialmente muy redituable.

Un ejemplo. El obstáculo más importante para el desarrollo del tránsito marítimo internacional era la inhabilidad de los navegantes para determinar sus verdaderas ubicaciones. Buscando resolver ese problema se iniciaron ofertas monetarias para quien pudiera determinar altitud del meridiano solar y ayudados por tablas indicando la inclinación del sol, podría arrojar la información de la latitud. Finalmente, un inglés se ganaba ese premio. El beneficio para la sociedad en términos de la reducción de costos en comercio internacional fue incalculable. Pero se podría haber encontrado la solución antes si hubieran existido derechos de propiedad para asegurar que el inventor participara del incremento del ingreso resultante del ahorro de tiempo y dinero de transportación. En ausencia de esos derechos fueron pocos los que arriesgaron y hubo tardanza.

Otro ejemplo es lo que ha regido la actividad agropecuaria de México desde la bendita revolución. Se eliminó el hacendado expropiándole sus haciendas. Pero en lugar de dar a los campesinos la propiedad de la tierra, pasó a ser activo del estado creando esa venenosa telaraña llamada Ejido. Los agricultores y ganaderos que pudieron conservar sus “pequeñas propiedades”, han tenido que pagar una extorsión anual para que se respeten sus derechos de propiedad. La operación ganadera más exitosa de México en Cananea, Sonora, The Green Cattle Co., siendo propiedad privada pasó de una capacidad para producir 20,000 becerros al año, a la situación actual que, como ejido, no producen ni 1,000. Pero aún más patético fue cuando el gobierno mexicano negaba permisos de exportación a los ganaderos del norte, obligándolos a enviar su ganado al DF para alimentar la ciudad liquidado a la mitad del precio de exportación. ¿Para qué invertir en los ranchos?

Una fotografía similar se imprimió en Argentina cuando, al inicio del siglo 20, su ingreso per cápita era similar al de EU; era de los mayores exportadores de cereales y carne del mundo; representaba casi el 7% del comercio internacional; en 1913 presentaba el 50% del PIB de toda América Latina; el sueldo en Buenos Aires era un 80% superior al de París. Pero llegaba Perón a la presidencia instaurando su justicialismo ("justicia social") para destruir todo lo construido. Y hasta la fecha siguen cargando esa pesada cruz.

Cuando los beneficios individuales no se concilian con los sociales, los gobiernos establecen instituciones burocráticas que solo obstruyen la operación de la mano invisible, y la convierten en la visible mano del estado para destrozar el flujo natural de los mercados. Y siendo los gobiernos jueces decidiendo qué es valor social, se convierten en abusivos entes que destruyen los alicientes individuales provocando que emprendedores dispuestos a tomar riesgos, invertir, trabajar, crear riqueza, se paralicen cuando emerge la voraz burocracia decidiendo quien gana y quien pierde.

Pero es muy claro que los impulsadores del crecimiento económico son hombres que en su navegar, sin los salvavidas del gobierno, están dispuestos a perder de vista las playas que para otros son su seguridad. A ellos les llaman capitalistas depredadores. Si los países quieren progresar, deben establecer la santidad de los derechos de propiedad y nunca ubicar el interés social sobre esos derechos porque, si lo hacen, esos países estarán condenados.

• Liberalismo • Derechos de propiedad

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