JUEVES, 25 DE JULIO DE 2019
Reforma tributaria (II)

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“Sí es posible una reforma tributaria que dé como resultado, uno, que el gobierno recaude más y, dos, que los contribuyentes paguen menos...”


¿Es posible realizar una reforma tributaria por la que el gobierno recaude más y los contribuyentes paguen menos? No: si el gobierno recauda más se debe a que los contribuyentes pagan más. ¿Necesariamente?

El año pasado se cobraron, a nivel federal, según la Ley de Ingresos de la Federación, 16 impuestos distintos (sobre la renta; al valor agregado; especiales sobre producción y servicios a: combustibles automotrices, bebidas de contenido alcohólico y cervezas, tabacos labrados, juegos con apuestas y sorteos, redes públicas de telecomunicaciones, bebidas energetizantes, alimentos no básicos con alta densidad calórica, plaguicidas y combustibles fósiles; sobre automóviles nuevos; a la importación; accesorios; por la actividad de exploración y extracción de hidrocarburos) y se recaudaron, según información de la Secretaría de Hacienda, 3,062,334,200,000 de pesos (3.1 millones de millones).

El año pasado, según el INEGI, el consumo privado (compra de bienes y servicios para el consumo final), más la inversión fija bruta (compra de maquinaria, equipo e instalaciones para la producción), más las exportaciones (compra de extranjeros de bienes y servicios producidos en México), sumaron 29,644,785,000,000 de pesos (29.6 millones de millones), por lo que, si se hubiera cobrado un solo impuesto (ni uno más), universal (sin excepciones, incluidas medicinas y alimentos), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), del 15 por ciento a la compra de bienes y servicios (ojo, no se trata de un impuesto al valor agregado), y sin evasión, la recaudación hubiera sido de 4,446,717,750,000 de pesos (4.4 millones de millones), 1,384,383,550,000 de pesos más (1.4 millones de millones), equivalentes al 45.21 por ciento.

Mucho debe discutirse de la propuesta a favor del impuesto único, universal y homogéneo a la compra de bienes y servicios, pero el mérito del ejercicio es que demuestra que sí es posible una reforma tributaria que dé como resultado, uno, que el gobierno recaude más y, dos, que los contribuyentes paguen menos, con una ventaja adicional: dado que la base más amplia de contribuyentes es la de los consumidores (todos lo somos), y este impuesto grava la compra de todos los bienes y servicios, se logra que todos paguen impuestos.

La siguiente pregunta es si es posible una reforma tributaria que, además de lograr que el gobierno recaude más, y que los contribuyentes paguen menos, eleve la competitividad del país, definida como su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, competitividad que se ve determinada, entre otras muchas otras variables, por los impuestos. ¿Es posible?

Mañana hacemos las cuentas.

Continuará.

• Reforma fiscal • Impuestos

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