MIÉRCOLES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2019
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“Obama no solo trataba de nacionalizar el sistema de empresa privada y el sistema financiero. También trató de entregar el poder de la soberanía nacional de EU para regular su sistema financiero.”


Obama asumía la presidencia en medio de la grave crisis y, con amplia mayoría en el congreso, estaba seguro no tendría problema para la aprobación de sus monstruosos programas de gasto que ya planeaba. Pero en su mente guardaba mucho más de lo que se sospechara. Él se miraba opacando los legados de Lyndon Johnson y Franklin D. Roosevelt. Él quería “hacer todo y quería hacerlo ya”. Para iniciar su jornada debía cambiar la apariencia de su agenda radical-socialista y presentarla como paquete de “rehabilitación económica”. Y esta crisis, lejos de ser desaprovechada, se usaría cínicamente para catalizar el cambio más dramático en política y economía en EU desde 1930.

¡De repente todo era posible! No tendría que esperar aprobación. Incluyendo la fantasía de cada demócrata —como parte del caballo de Troya llamado “paquete de estímulo”— podría tenerlo todo “ya”, sin esperar. Podría poner su agenda sobre la mesa “ya”, declarar crisis nacional y espuelearla. No habría tiempo para debate, tampoco para imprimir el proyecto, ni para que los congresistas leyeran lo que estaban aprobando. ¡Emergencia! Obama, finalmente tendría la oportunidad de tomar ventaja de la teoría económica Keynesiana y el congreso aprobaría sus programas preferidos en su locura de gastar, gastar, y sus fantasías socialistas. De repente, todo cabía en el paquete como parte de su estímulo para economía. Había que arrearlo “ya”.

Él sabía que la economía no se estimularía con su paquete. Pero no le importaba. Él quería gastar. Quería los programas sociales. Quería que el aparato del gobierno creciera infinitamente y ésta era su oportunidad para hacerlo. Lo maravilloso de un paquete gasto/estímulo es que no importaba dónde se gastara el dinero. El objetivo era gastar, no importaba en qué. Obama invitó a los senadores demócratas a la Casa Blanca para que le entregaran sus proyectos favoritos y lo que fuera, se incluiría en el paquete. Era como invitar a un alcohólico a tomar un trago. Y los demócratas siempre están sedientos.

La propuesta llegaba rugiendo. El costo total sería de $790 billones y se presentaba empaquetado en 1080 páginas. No que los congresistas fueran a leerlo, pero el texto les llegaba solo unas horas antes de votarlo. Combinando el paquete del estímulo y las apropiaciones suplementarias provocaba un déficit nunca visto de $2 trillones, un 12% del PIB. El fondo ahora se llamaría TARP y gran parte de esos dineros irían a los bancos y, aunque algunos no lo necesitaran, se les obligaría a tomarlo a base de amenazas de auditorías y nuevas reglas.

Pero ¿A dónde fue todo ese dinero? La gran mayoría permanecía en la caja fuerte del FED que iniciaba pagándoles intereses, lo que creaba incentivo para no ayudar a la recuperación activando el crédito. En marzo del 2009, de acuerdo con reportes del FED, un total de $800 billones permanecían en su caja fuerte felizmente devengando intereses sin hacer absolutamente nada para activar la economía. Esa pila de dólares en esos momentos era similar a todo el dinero en circulación ¿Cuál sería la solución del FED? Inyectar otro trillón de dólares al sistema esperando los bancos activaran el crédito. Pero en una economía en crisis los bancos no querían tomar riesgos y se provocaba un círculo vicioso: no había crédito porque la economía estaba en crisis, y la economía no mejoraría hasta que hubiera crédito. Obama, ante ese panorama, preparaba el siguiente paso y aumentaba su armamento para que las instituciones financieras cayeran en sus manos.

Obama proponía una mañosa sociedad con inversionistas privados para limpiar los balances de los bancos. Luego prestar dinero a los hedge funds en términos muy favorables, si se comprometían a usar esos fondos para comprar de los bancos valores representados por préstamos para todo tipo de consumo. Es decir, esos fondos notificarían a los bancos, como lo hiciera Fannie Mae con las hipotecas, “adelante, presten, no importa que tengan dudas de su repago. De inmediato nosotros los compraremos con dinero del FED. Si los deudores no pagan, no será tu problema”. Un esquema idéntico al que provocara la crisis y ahora el programa se llamaría TAF (Term Asset-Backed Securities Facility) con acceso hasta un trillón de dólares. Pero los inversionistas privados no aceptaban la invitación por desconfianza a un presidente siempre cambiando las reglas.

El economista, Nouriel Roubini, que predijo la crisis hipotecaria, señalaba que el debate de nacionalizar la banca era surreal. “Con el gobierno habiendo comprometido -entre garantías, inversión, recapitalización, provisiones para liquidez- $9 trillones para el sistema financiero y habiendo ya gastado $2 trillones de esta increíble suma. El sistema de facto se había nacionalizado. El único pendiente es ver si será nacionalizado de jure. Pero no es buena idea una nacionalización permanente”. Alguien comentaba, se nota que este gran economista no conoce a Obama.

Obama no solo trataba de nacionalizar el sistema de empresa privada y el sistema financiero. También trató de entregar el poder de la soberanía nacional de EU para regular su sistema financiero. En la reunión del G20 de Londres en 2009, otorgó el apoyo de EU para un “esquema ya aceptado” de altos estándares para la regulación de instituciones financieras. Para lograr “mayor consistencia y cooperación sistemática entre países”, acordó someter todos los órganos regulatorios de EU para ser supervisados y reportaran con la nueva creación internacional Financial Stability Board, en colaboración con el FMI. El New World Order en esteroides y el estado profundo salivando.

El plan para la toma de los bancos era la siguiente:

  1. Obligar a los bancos e instituciones financieras a tomar dinero de TARP, lo necesitaran o no.

  2. Cuando algunos quisieran liquidar ese pasivo por anticipado no aceptar el pago, lo que a John Allison y a su banco BB&T, le costaría $100 millones.

  3. Endeudados con el gobierno serían luego obligados a seguir sus nuevas directrices especialmente elaboradas para su control. Habría interventores en los bancos que estarían supervisando y autorizando toda su operación diaria.

  4. Obligar a todos los bancos a pasar una prueba de stress, supuestamente para asegurar su solvencia financiera, acorde a la evaluación del gobierno.

  5. Después de la prueba de stress, sin importar el resultado, obligarlos a que aumentaran su capital, otra vez, supuestamente para asegurar su solvencia y si no lo hicieran, lo aportaría el FED en su ruta de adquirir control total.

  6. Cuando los bancos fallaran en su obligación de aumentar su capital vendiendo acciones, hacerlos cambiar el pasivo del TARP, garantizado con acciones preferentes, por acciones comunes. De esa forma se eliminaría su deuda con el gobierno, pero las acciones comunes le darían al FED derecho al voto en el manejo de bancos y todo tipo de empresas financieras.

  7. Usar el poder del voto de las acciones comunes para modificar la estructura de sus consejos de administración, y dictar la forma en que se manejarían los bancos, un esquema ya claro de economía socialista-mixta en vías hacia el socialismo.

  8. Usar el poder de los bancos, columna de la estructura financiera, para controlar la economía y controlar el país.

Como éste era un programa a mediano plazo, la responsabilidad de continuarlo y consolidarlo caería en quien el FBI afirmara, con momios de un millón a cero, sería Hillary Clinton y así Obama lograría, tal vez inspirado por López Portillo, la nacionalización de la banca de EU.

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