VIERNES, 14 DE FEBRERO DE 2020
¿Cómo invierten los empresarios en épocas de bonanza económica y en épocas de crisis?

¿La cancelación de la construcción de la planta de Constellation Brands en Mexicali representa un punto de quiebre entre el gobierno y los empresarios?
No, habrá más proyectos
Definitivamente



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“En México, pasar de un esquema de inversión a otro se explica más por la enorme incertidumbre ocasionado por política internas.”


La inversión es uno de los componentes más importantes para el crecimiento económico, ya que, al haber abundancia de ésta y con un crecimiento del capital humano constante, será el insumo clave para aumentar la capacidad productiva de una economía. Sus implicaciones vienen estrechamente relacionadas con la creación de empleos, la generación de ingresos y, por consecuente, el aumento de la demanda. He ahí la importancia de que la inversión, esencialmente directa, sea el detonante tanto para la oferta agregada de un país como para la demanda agregada. Pero, ¿De qué depende la inversión en un país? La respuesta implica una serie de factores y relaciones complejas:

En primera, la inversión depende de las expectativas de utilidad, entendida como los beneficios futuros que obtendrá por la venta de sus mercancías, esto a su vez, depende de la diferencia positiva entre el precio de demanda y los costos de producción. Si el precio de demanda es más alto que el costo de producir una unidad, el inversor tendrá el incentivo de seguir con esa dinámica.

En segundo, deben estar presentes los recursos para invertir, que son aquellos que se alcanzan cuando se recurre a deuda financiera, emisión de acciones, saldos en la tesorería o bien de las utilidades internas.

Para el segundo caso, es ya bien sabido que, para alcanzar una mayor meta de beneficios empresariales, los inversores deben recurrir, en la mayoría de las ocasiones, a la deuda financiera (créditos empresariales) para aumentar el rendimiento de sus transacciones. Estos instrumentos financieros suelen ser emitidos por la banca comercial, la que, a su vez, también requiere de requisitos específicos para poder otorgarlos como lo son: beneficios empresariales acorde al monto requerido, garantías que mitiguen el riesgo de impago, plazo de financiamiento correspondiente al retorno de inversión, entre otras estipulaciones suponiendo un buen comportamiento crediticio.

En épocas de bonanza económica, suelen haber condiciones de laxitud crediticia, es decir, los requisitos para contratar deuda financiera son mínimos y permisibles, aunado a una baja tasa de interés (suelen haber expectativas de inflación ancladas al objetivo de un banco central), esto deriva, por supuesto, de las condiciones de holgura económica, donde los financiadores perciben menor riesgo de impago, mayor solvencia financiera y expectativas muy favorables de las empresas.

El tipo de financiamiento común para una posición así en la economía, es el “financiamiento cubierto”, que es aquel donde las empresas tienen utilidades por arriba de sus pasivos, ya sean de corto o largo plazo, y le permiten pagar el principal del préstamo pedido más la tasa de interés.

Caso contrario cuando una economía entra en crisis, los balances de las empresas se ven deteriorados, ya sea por bajos ingresos en ventas, menores expectativas de utilidades, o deflación de activos. Los financiadores tomarán acciones para contrarrestar el riesgo de impago, sea desde pedir mayores garantías, reestructurar el crédito o cerrar el grifo del préstamo.

¿Pero qué pasa con las empresas que tienen una deuda financiera vigente?

Al tener menores ingresos de los esperados, pasan a otros esquemas de financiación:

El primero, es el esquema de especulación: Es aquel donde las entradas de la empresa son superiores al pago de interés de cualquier periodo del financiamiento; sin embargo, no así para cubrir el principal, lo que orilla a refinanciar el mismo a otro vencimiento. Esto suele pasar cuando los inversores adquieren un financiamiento no acorde al plazo del retorno de inversión, es decir, contratan un crédito que se tendrá que liquidar al corto plazo, como el de naturaleza revolvente, para comprar bienes de capital que produzcan mercancías al largo plazo, por lo que las entradas de dinero no serán suficientes para cubrir las obligaciones en un tiempo acotado.

El segundo es el esquema ponzi: definido como aquel donde las entradas de la empresa sólo son superiores al pago de interés en algunos periodos, por lo que no solamente tendrá que reestructurar el principal a otro vencimiento, sino también el pago de intereses. Este se presenta cuando las condiciones generales de la empresa presentan daños estructurales, sea por una caída sostenida en sus ingresos, una muy baja productividad o problemas administrativos internos.

Si bien la conducción interna de las empresas puede ocasionar el pasar de un esquema a otro, sea de uno cubierto a un ponzi cuando se hacen malas inversiones o, viceversa, de un ponzi a un cubierto, tal parece que, para nuestro caso de México, se explica más por la enorme incertidumbre ocasionado por política internas, que, para efectos prácticos, analizaremos en un posterior artículo.

Sólo recordarle, amigo lector, la inversión debe estar acompañada no sólo por deseo de hacerlo, sino también, por un adecuado financiamiento que propicie una expectativa de beneficios adecuada para generar altas tasas de productividad vía cambios tecnológicos, ya que, este último, es el detonante más importante del crecimiento, según las conceptualizaciones modernas, no el invertir por invertir. 

• Cultura económica

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