Ideas al vuelo
Jun 28, 2006
Ricardo Medina

Algo peor que pelearse con la cocinera

Atacar, la víspera de las elecciones, a quienes generan empleos, pagan impuestos y hacen posible el crecimiento económico sólo puede calificarse como idiota.

De nueva cuenta, el candidato Andrés Manuel López Obrador (en adelante: López) ha mostrado su profunda intolerancia y su talante colérico, autoritario e irresponsable. El lunes 26 de junio arremetió, con escasa inteligencia, contra el Consejo Coordinador Empresarial, organismo del sector privado de este país, porque los señores del CCE cometieron el pecado de advertir de los graves riesgos de regresar a modelos económicos de intervencionismo estatal y de gasto público irresponsbale.

 

Por decirlo de forma suave, López fue poco inteligente. Primero: Con su reacción confirmó que, en efecto, a él “le quedó el saco” que dibujaron los empresarios y él pretende volver a ese fracasado modelo de gobierno intervencionista en la vida económica.

 

Segundo: Demostró de nueva cuenta su intolerancia a la crítica y su incapacidad –se diría que congénita e insalvable- de siquiera atender opiniones ajenas a su prédica monotemática y fantasiosa.

 

Tercero: Se exhibió como un pésimo político, incapaz de tender puentes y conciliar. Por el contrario, se esforzó en ahondar divisiones y en atizar enconos entre la sociedad.

 

Cuarto: Confirmó, ante todos los que tengan ojos para ver y oídos para escuchar, que carece de argumentos racionales para sustentar sus ocurrencias.

 

Quinto: Probó de la manera más clara –exhibiéndose- que un eventual gobierno federal encabezado por él será un peligro grave para las libertades de todos los mexicanos. Libertad para emprender, libertad para opinar, libertad para disentir, libertad para creer, libertad para trabajar.

 

Sexto: Reiteró su propensión a poblar sus discursos de mentirosas generalizaciones y de acusaciones irresponsables, cobardes y sin el menor asidero real.

 

No calculó López que su arenga en contra de quienes generan más del 80 por ciento de los empleos directos de este país atemoriza en lo más profundo –y con justa razón- a millones de familias mexicanas cuyo sustento depende de trabajos creados por los empresarios de todos los tamaños, que sí pagan impuestos, que no viven del erario ni de favores gubernamentales (como sí lo hacen los notorios pero escasos “empresarios” amigos de López).

 

Que nadie, pues, se llame a engaño. Ese es el López real: Un atrabiliario disfrazado de filántropo.

 

Lamento tener que abandonar, por esta vez, la consigna autoimpuesta de no referirme directamente a ninguno de los candidatos a la Presidencia. La gravedad del peligro que representa este sujeto para mi país pesa más que cualquier otra consideración.

 

No quiero para mi familia un país en el que desde la más altas tribunas y desde el poder presidencial se calumnie, se difame, se persiga a quienes disienten; no quiero para mi familia un país en el que cualquier desquiciado pletórico de ambición y lleno de resentimientos destroce en días lo que tomó años de sacrificios y de trabajo inteligente construir.

 

La libertad se defiende ejerciéndola.

 



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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