DOMINGO, 6 DE ABRIL DE 2014
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“Los modernos métodos de producción, siendo todo lo magnífico que son, no eliminan la Ley de la Escasez”
William L. Anderson

El problema económico fundamental es la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos al precio que uno quisiera pagar, precio que, en última instancia, sería cero. ¿Quién no tiene una necesidad, un gusto, un deseo, un capricho insatisfecho? Todo mundo, desde el hombre más rico hasta la persona más pobre. La escasez es un fenómeno universal y permanente. Universal: afecta a todos, aunque no a todos por igual. Permanente: afectará, de una u otra manera, en mayor o menor medida, siempre.

Anderson tiene razón al hablar de la Ley de la Escasez, que bien puede enunciarse como lo he hecho: “No todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos al precio que uno quisiera pagar, precio que, en última instancia, sería cero”, escasez que es universal y permanente, por lo que lo único que podemos hacer es mitigar el problema, no resolverlo, lo cual quiere decir que nunca viviremos en un mundo de abundancia, en el cual todos los bienes sean libres: alcanzan para todos, en la cantidades que cada uno quiere, ¡y gratis! (como el aire que respiramos).

Aceptando la Ley de Escasez, que es una ley descriptiva - positiva (describe lo que es) no prescriptiva - normativa (prescribe lo que debe ser), debemos reconocer el éxito que hemos tenido, gracias a nuestras capacidades productoras (hacer) y productivas (hacer más con menos), ¡y a un determinado sistema económico!, para mitigar el problema de la escasez: hemos sido capaces de producir más y mejores bienes servicios, para un mayor número de gente, a precios (sobre todo en términos reales) cada vez más bajos, al grado que, en muchos casos, hablar de escasez parece un desatino, porque lo que vemos, y a lo cual tenemos acceso si contamos con suficiente poder de compra, es la abundancia. Pensemos, por ejemplo, en lo que se ve en uno de los típicos centros comerciales de las grandes ciudades, sobre todo en los países en los cuales los mercados funcionan relativamente bien, es decir, en los países en los cuales los principales ingredientes del sistema económico son la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, no la planeación gubernamental, no la propiedad gubernamental, no la irresponsabilidad del gobierno; en los países en los cuales los gobiernos se dedican a garantizar derechos (gobiernos liberales), no a satisfacer necesidades (gobiernos socialistas), no a defender intereses, sobre todo pecuniarios (gobiernos mercantilistas); en los países en los que, institucionalmente, se tiene una economía de mercado, organizada a partir del laissez faire (dejar hacer para poseer) y del laissez avoir (dejar poseer lo que se ha hecho). Este es ese “determinado sistema económico” del que escribí líneas arriba: el capitalismo; la economía de mercado; el liberalismo económico. Llámele como quiera.

En el mundo de aparente abundancia la escasez, ¡universal y permanente!, se manifiesta como costo de oportunidad, es decir, como todas las opción de producción a las que se tuvo que renunciar por haber elegido las que se llevaron a la práctica: desde la tierra que se usó para producir tabaco, hasta el espacio que se destina en los estanquillos a la exhibición de los cigarros, son recursos que se dejaron de usar para producir y exhibir algún otro bien, lo cual quiere decir que los factores de la producción no alcanzan para producir todo lo que los seres humanos necesitan o desean, mucho menos en las cantidades que satisfagan todas esas necesidades, todos esos deseos, ¡y mucho menos gratis!

La escasez, entendida y enfrentada como costo de oportunidad, es universal y permanente, y ha sido gracias a la economía de mercado, basada en el laissez faire y en el laissez avoir, y a las capacidades productoras y productivas del ser humano, que se ha logrado, no eliminar, pero sí minimizar, proceso que, con el marco institucional adecuado, seguirá dándose. Ojo: con el marco institucional adecuado.

Por ello, pongamos el punto sobren la i.

 

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