DOMINGO, 18 DE MAYO DE 2014
El punto sobre la i
¿Usted apoya la suspensión de la aplicación de la Ley Federal de Remuneraciones ordenada por la Suprema Corte?
No
No sé

Arturo Damm





“En una verdadera economía de mercado (no en el capitalismo de compadres que tenemos) la desigualdad de ingresos es consecuencia directa de las decisiones de los consumidores, quienes premian más a quien mejor les sirve. Ello, ¿realmente tiene algo de malo?”
Othmar K. Amagi

Una y otra vez aparecen los igualitaristas[1], personas preocupadas por la desigualdad, sobre todo de ingresos, y ocupadas en disminuirla, siempre por medio de la redistribución del ingreso, lo cual supone que alguien, con el poder suficiente para hacerlo, le quita a A lo que es de A para darle a B lo que es de B, todo en aras de la igualdad de ingresos (misma que, dicho sea de paso, nunca se logra, ni se logrará).

En las posturas de los igualitaristas está la idea de que el origen de la desigualdad de ingresos (que muchos de ellos -¿todos?- confunden con la pobreza) se encuentra en una injusta distribución de los mismos, misma que debe corregirse por medio de la redistribución, gracias a la cual se restablece la justicia, nada de lo cual es necesariamente cierto, mucho menos en donde la asignación de los factores de la producción, comenzando por el trabajo, se realiza en los mercados, comenzando por el laboral, por lo que, quienes venden factores de la producción, el trabajo incluido, aceptan libremente un pago a cambio, lo cual también vale para el salario, que es el precio del trabajo.

Lo primero que hay que tener en cuenta, a la hora de desenmascarar a los igualitaristas, es que lo primero que hay que hacer con el ingreso es generarlo, y que ello se logra vendiendo algún factor de la producción (incluido el trabajo) en el mercado (el laboral incluido), de tal manera que la cantidad de ingreso que recibirá cada quien (incluido el trabajador) dependerá de la apreciación que los consumidores tengan de aquello que se les ofrece: a mayor apreciación mayor disposición a pagar un precio mayor, y a mayor precio pagado mayor ingreso generado, que es, precisamente, lo que señala Amagi, quien hace referencia, ¡punto importante!, a lo que sucede en una verdadera economía de mercado.

¿Qué es una verdadera economía de mercado? Aquella en la cual el gobierno, ni dificulta la actividad económica de los particulares (por ejemplo: imponiendo regulaciones absurdas), ni facilita las tareas de algunos agentes económicos (por ejemplo: protegiéndolos de la competencia), limitándose a garantizar la libertad individual, la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos, manteniendo abiertos a cualquier competencia todos los sectores de la actividad económica, y todos los mercados de la economía, de tal manera que el éxito o el fracaso depende, única y exclusivamente, del esfuerzo de cada quien, no de la ayuda (en el caso del éxito), ni de los lastres y/o obstáculos (en el caso del fracaso) concedida e impuestos por el gobierno. La verdadera economía de mercado es una meritocracia, en la cual logra más quien mejor sirve al consumidor, meritocracia que es el origen de la desigualdad de ingresos que, si se da en el entorno de una verdadera economía de mercado, no merece ningún cuestionamiento moral, lo que no sucede en el capitalismo de compadres (al que muchas veces se confunde con el capitalismo sin más, es decir, con la verdadera economía de mercado).

En el capitalismo de compadres, manifestación contemporánea del mercantilismo, el gobierno otorga privilegios a determinados grupos empresariales, privilegios que siempre suponen algún tipo de protección frente a la competencia, privilegios cuyos resultados, incluida una cierta generación de ingresos, son consecuencia del hecho de que el árbitro juega a favor de tales empresarios, desequilibrado injustamente la balanza, lo cual hace que los consumidores tengan que pagar, por las mercancías que se les ofrecen, un precio mayor del que pagarían en ausencia de esos privilegios, lo cual supone una redistribución injusta del consumidor, desprotegido por el gobierno, hacia el empresario, protegido por el gobierno, todo lo cual sí resulta moralmente cuestionable.

El problema es que hoy abunda el capitalismo de compadres y escasea la verdadera economía de mercado.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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[1] Igualitarismo: tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las desigualdades, sobre todo la de los ingresos.


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