LUNES, 5 DE FEBRERO DE 2018
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“El proteccionismo es una manera de robar a los ricos y dárselo a los pobres.”
Johan Norberg

¿Qué es el proteccionismo? Las medidas que aplica un gobierno para prohibir (cerrar las fronteras), limitar (imponer cuotas), o condicionar (gravar con aranceles), las importaciones, con la intención de proteger (de aquí el nombre) a los productores nacionales de la competencia que las mismas traen consigo. ¿Cuáles son las consecuencias?

La primera, que tiene que ver con la justicia: viola el derecho de los consumidores nacionales a la libertad para comprar lo que les dé la gana (producto nacional o extranjero), a quien les dé la gana (oferente nacional o extranjero), en donde les dé la gana (en su país o en el extranjero), sin que el gobierno se los prohíba, limite o condicione.

La segunda, que tiene que ver con la economía: reduce la cantidad, calidad y variedad de los bienes ofrecidos a los consumidores nacionales, limitando la oferta a lo producido en el país, elevando el precio de los satisfactores, disminuyendo el bienestar de las personas. Ceteris paribus, a mayor precio menor cantidad demanda, a menor cantidad demanda menor disposición de bienes, a menor disposición de bienes menor consumo, y a menor consumo menor bienestar.

El proteccionismo, como cualquier otra política económica (que son las herramientas que los gobiernos utilizan para modificar los resultados obtenidos por los agentes económicos en el mercado), debe evaluarse desde la perspectiva de la justicia (¿respeta los derechos de las personas?), y desde el punto de vista de la economía (¿eleva el bienestar de los consumidores?). Desde estos dos enfoques – el de la justicia y el de la economía – el proteccionismo es reprobable: viola derechos y reduce el bienestar. ¿Puede haber peor combinación? Sin embargo el resultado no es, como señala Norberg, que se le quita al pobre para darle al rico, sino que “se le quita” al consumidor para “darle” al oferente quien, gracias al proteccionismo, está en condición de extraer una renta.

Por renta hay que entender la diferencia entre el mayor precio que un oferente puede cobrar por estar protegido de la competencia (y eso, protegerlo de la competencia, es lo que hace el proteccionismo), y el que podría cobrar si estuviera sometido a la mayor competencia posible (para lo cual debe eliminarse cualquier medida proteccionista), precio que sería menor. En este sentido el proteccionismo, al ocasionar un aumento en el precio que el oferente cobra, y que por lo tanto el consumidor paga, genera una “redistribución” del ingreso del segundo hacia el primero.

El proteccionismo, como cualquier otra política económica, viola derechos y reduce el bienestar, siendo política económica cualquier medio (en el caso del proteccionismo el cierre de fronteras, la imposición de cuotas a las importaciones, el gravar con aranceles las compra del exterior), que el gobierno utilice para modificar los resultados del mercado, que es la relación de intercambio entre compradores y vendedores, a partir de la cual se determina la cantidad a intercambiar y el precio al que intercambiarla.

La antítesis del proteccionismo es el verdadero libre comercio, por el cual son los consumidores, comprando o dejando de comprar, quienes determinan, sin ninguna intervención proteccionista del gobierno, la composición (el qué) y el monto (el cuánto) de las importaciones, verdadero libre comercio que respeta derechos y aumenta el bienestar, algo que muchos no acaban de comprender.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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