MARTES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2018
El punto sobre la i
¿Usted apoya la suspensión de la aplicación de la Ley Federal de Remuneraciones ordenada por la Suprema Corte?
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No sé

Arturo Damm





“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Para entender la frase de Cabieses hay que entender qué es el liberalismo. Muchas han sido las respuestas que se han dado a la pregunta, pero la frase que mejor expresa la esencia del liberalismo es ésta. “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras” o, dicho de otra manera: “Siempre y cuando actúes con justicia, haz lo que te plazca”. La justicia consiste en el respeto a los derechos de los demás. La esencia del liberalismo es la justicia, y la justicia sin adjetivos (conmutativa, distributiva, social), tal y como es la verdadera justicia.

¿Quiénes pueden violar los derechos de las personas? ¿Quiénes pueden actuar injustamente? Cualquier persona, no necesariamente la que detenta el poder gubernamental, que es el poder para obligar, prohibir y castigar, lo cual nos lleva directamente a estas tres preguntas: ¿a qué se le debe obligar a la persona?, ¿qué se le debe prohibir a la persona?, ¿por qué debe castigarse a la persona?, preguntas que parten del reconocimiento de que no todo a lo que el gobierno obliga, de que no todo lo que el gobierno prohíbe, y de que no todo castigo impartido por el gobierno, es necesariamente justo. Y si no lo es viola los derechos de las personas.

¿Cuál es el poder al que se refiere Cabieses en su frase? Creo no equivocarme si afirmo que es el poder del gobierno, que, de no vigilarse con cuidado, tiende a ampliarse y profundizarse, hasta llegar a ámbitos de la vida de las personas en los cuales no tiene nada que hacer. Y sin embargo llega y por haber llegado hace: impone obligaciones que no debe imponer; prohíbe conductas que no debe prohibir; imparte castigos que no debe impartir, todo lo cual viola la libertad individual y la propiedad privada, nada de lo cual sucede si se vive en una sociedad verdaderamente liberal, bajo el principio ya citado: “Siempre y cuando actúes con justicia, haz lo que te plazca” o, planteado de la otra manera: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”.

¿Qué supone el respeto a este principio, que es la esencia del liberalismo? Que el gobierno se limita a prohibir la violación de derechos y, en los casos en los que la prohibición resulta ineficaz, a castigar a quien los viole. En las sociedades verdaderamente liberales, que brillan por su ausencia, el gobierno sólo prohíbe una conducta, la injusta, y solo impone un castigo, a la injusticia. En ese tipo de sociedad, que parece ser utópica (¿realmente lo es?), el gobierno no obliga, ni a hacerle el bien a los demás, ni directa ni indirectamente, ni a hacérselo a uno mismo, por ningún motivo y de ninguna forma.

Esto último, la ausencia de un gobierno que obliga a los ciudadanos a la realización de ciertas conductas, es la medida para responder a la pregunta de si esa sociedad es liberal o no. Suponiendo que haya grados, a más obligaciones impuestas por el gobierno menos liberalismo, y por lo tanto menos respeto a la libertad, y viceversa. Y es ese poder, el poder de obligar, es el que el liberalismo ha limitado hasta cierto punto, pero solamente hasta cierto punto.

En una sociedad liberal el gobierno solo prohíbe la violación de derechos, solo castiga la violación de derechos, no prohíbe ninguna otra conducta y no obliga a ninguna otra conducta. En una sociedad liberal la única libertad que se prohíbe es la libertad para violar los derechos de los demás. ¿Qué tan lejos estamos de esa sociedad?

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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