MIÉRCOLES, 2 DE OCTUBRE DE 2019
El punto sobre la i
¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
No
No sé

Arturo Damm





“Anarquía no significa fuera de control, significa fuera de su control -el de los políticos y burócratas en turno-.”
Jim Dodge

La palabra anarquía tiene dos significados, uno coloquial el otro literal. Literalmente quiere decir ausencia de poder. Coloquialmente desorden. El sentido coloquial deriva del literal, sobre todo si por poder entendemos el poder del gobierno, que es el poder para prohibir, obligar y castigar, poderes que deben usarse para garantizar el orden.

Hay quienes creen que si el gobierno no prohíbe determinadas conductas, que si no obliga a la realización de otras, y que si no castiga a quienes no obedecen las prohibiciones o no cumplen las obligaciones, el resultado será el desorden, una especie de estado de naturaleza hobbesiano, en el cual la existencia resulta insegura, azarosa, temerosa. Para quienes así piensan la anarquía (en sentido coloquial) es desorden y éste es el resultado de la anarquía (en sentido literal), todo ello consecuencia de que el ser humano es incapaz de gobernarse a sí mismo, razón por la cual debe ser gobernado por otro, que lo obligue a hacer lo que debe hacer, que le prohíba hacer lo que no debe hacer, y que lo castigue en caso de que no obedezca. Solo así, evitando la anarquía en el sentido literal del término (ausencia de poder gubernamental), se evita la anarquía en el sentido coloquial (ausencia de orden).

Al respecto vale la pena hacer tres reflexiones.

Primera. La gran parte del tiempo vivimos en anarquía, en el sentido literal del término, y no porque no haya gobierno, sino porque el gobierno, es una amenaza latente, pero no una presencia constante. La gran parte del tiempo vivimos, convivimos y sobrevivimos al margen del gobierno, es decir, sin que haya algún gobernante vigilándonos en todo momento; obligándonos a hacer el bien, prohibiéndonos hacer el mal, y castigándonos si desobedecemos. Y, sin embargo, la mayoría de la gente, la mayoría de las veces, hace el bien y evita el mal, todo ello en ausencia del gobierno, amenaza latente pero no presencia constante, al estilo del Gran Hermano orwelliano. Afortunadamente el gobierno, que es un mal necesario, es una amenaza latente, no una presencia constante.

Segunda. Que la gran parte del tiempo vivamos sin la presencia del gobierno, y que sin embargo hagamos el bien y evitemos el mal, quiere decir que somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos, autogobierno que puede ser una definición de anarquía, en el sentido literal del término: ausencia de poder, que en este caso sería el poder del gobierno, que es el poder para prohibir, obligar y castigar. Si la autarquía es autogobierno, entonces el resultado de la misma no es el desorden, sino un orden autoimpuesto, consecuencia de lo que podemos llamar orden espontáneo, no resultado de lo que podemos calificar como diseño humano.

Tercera. Es un hecho que no todos son capaces, por las razones que sean, de gobernarse a sí mismos, de respetar por convicción, no por conveniencia, no por miedo, no por el que dirán los otros de mí, sino por el qué diré yo de mí mismo, los derechos de los demás. A quienes resultan incapaces de autogobernarse hay que gobernarlos, y para ello se necesita del gobierno, a quien hay que limitar a la realización de sus legítimas tareas: 1) garantizar el respeto a los derechos, que realmente lo sean, de los ciudadanos; 2) obligar al delincuente a resarcir a la víctima; 3) castigar el delincuente, limitación que más que la regla es la excepción.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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