Práctica económica
Oct 16, 2005
Juan Carlos Leal

La desgracia de ser un país petrolero

El petróleo se nos va acabar y no estamos haciendo nada para revertir esto; por el contrario, el gasto público depende cada vez más del petróleo, esperando que la factura la paguen nuestros nietos.

Algunos se sienten orgullosos de tener en México a la “tercera” petrolera del mundo, pero muchos otros ni siquiera se enteran de esto y otros pocos a los que nos da vergüenza que sigamos viendo al país como petrolero y que todo el progreso esté supeditado a esta materia.

 

Y es que el país se vio transformado por el petróleo desde la década de los 30, en que se asumió una gran deuda económica, divida en dos partes; una externa que hubo que pagar por viejas torres y tubería; y una interna que fue, sigue siendo, el costo de oportunidad de supeditar todo al desarrollo petrolero.

 

Ya en los ochenta se pagó el precio del boom petrolero, con una crisis económica devastadora que terminó en la década perdida, pues como se confió en que el precio del petróleo seguiría alto, se consiguieron préstamos internacionales y se emitió moneda a diestra y siniestra pues habría ingresos petroleros “extraordinarios” que pagarían esos excesos. Los ingresos nunca llegaron y los costos sí los hubimos de pagar todos los mexicanos. Pues PEMEX sí es nuestra cuando se trata de pagar todos, pero no cuando se trata de recibir los beneficios, que se concentran en unos pocos y son temporales.

 

Hoy pagamos el costo de contar con un monstruo petrolero que padece las consecuencias de una coyuntura que ha puesto el precio del petróleo por los cielos y que hace parecer que hay una bonanza nacional. Pero el asunto no es así, México es un país importador neto de petroquímicos, pues por los problemas sindicales de la empresa, los precios a los que se consigue la gasolina en Estados Unidos, China, Chile o España es menor que producirla internamente. Otro factor es que la capacidad de refinación de PEMEX está estancada desde hace 20 años, por el régimen fiscal que exprime todo ingreso extra para ponerlo en gasto público, PEMEX no reinvierte y por los impedimentos del régimen de inversión que impide que este saqueo se compense con dineros privados.

 

Como consumidores sí pagamos este costo con creces, primero pagamos gasolinas más caras que lo que el mercado internacional nos indica, pues los precios son “administrados” por el gobierno y este nos traslada impuestos disfrazados, hoy por meras razones del azar el precio administrado es más barato, pero transitoriamente, cuando los precios de la gasolina empiecen a bajar en todo el mundo como consecuencia de la baja en el precio del petróleo nosotros seguiremos pagando cada mes precios más altos.

 

Además, existe un margen muy alto, casi 5 por ciento, de sobreprecio en la gasolina por litros no entregados. Según los estudios hechos por la Secretaria de Seguridad Pública Federal y Profeco, se calcula que el robo de gasolina alcanza los 20 mil millones de pesos sólo para gasolina magna. Existen además otros ilícitos en este mercado que llevan a una pérdida para la sociedad de casi 58 mil millones de pesos al año, pues se calcula que el mercado negro de gasolinas llega a los 26 mil millones de pesos y que la contabilidad creativa lleva otros 12 mil pesos fuera del control de PEMEX y del gobierno federal.

 

Estos actos nos llevan a consecuencias devastadoras para la economía nacional: sobreprecio para los automovilistas, sobreprecio para el transporte de mercancías, es decir productos más caros, sobreprecio para los exportadores, es decir pérdida de competitividad, perdida de recaudación fiscal, desarrollo e institucionalización de mercados de economía informal, efectos nocivos al ambiente a través de mayor contaminación, daños al parque vehicular, desarrollo de redes de corrupción, y mala imagen del gobierno.

 

Pero la consecuencia más grave es que como los ingresos petroleros han representado históricamente un 33 por ciento de la recaudación, las reformas fiscales siguen durmiendo el sueño de los justos. O el que a los políticos se les antoje “administrar” los precios de los energéticos para tener más votos como ya ha pasado y como son las propuestas de abaratar los combustibles que trae algún pre-candidato a la presidencia.

 

El hecho es que el petróleo se nos va acabar y no estamos haciendo nada para revertir esto; por el contrario, estamos haciendo depender el gasto público cada vez más del petróleo, esperando que la factura la paguen nuestros nietos.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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