JUEVES, 13 DE JULIO DE 2006
Economía mexicana sin espejismos

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“Hablar de economía sin espejismos, como lo hace Manuel en su libro, implica asumir posiciones que, si bien nacen de un mundo donde existe la escasez (y, por lo tanto, donde es necesario economizar), son también vistas con malos ojos en el mundo de la política.”


Hoy se presenta un estupendo tracto sobre la economía mexicana, escrito por un extraordinario economista, Manuel Sánchez, de BBVA-Bancomer. Manuel es una de esas especies raras, que combina el rigor del análisis económico con una amplia destreza para explicar las ideas económicas en forma clara y sencilla.

 

Así, en este libro, Economía Mexicana para Desencantados, nos encontramos con dos premisas. Por un lado, los resultados de la lógica económica no siempre coinciden con los buenos deseos de políticos, aunque siempre generan consecuencias negativas cuando éstos son ignorados. Por otro lado, la mediocridad del desempeño económico en este país ha creado frustración generalizada con el proceso económico, un “desencanto” con las propuestas económicas para lograr la prosperidad a largo-plazo, o su equivalente, lo que el autor describe como “el renacimiento de mitos, panaceas, y falacias pregonadas como vías de desarrollo.”

 

Hablar de economía sin espejismos, como lo hace Manuel en este texto, implica asumir posiciones que, si bien nacen de un mundo donde existe la escasez (y, por lo tanto, donde es necesario economizar), son también vistas con malos ojos en el mundo de la política. Por ejemplo, en este libro aprendemos, por comentarios sobre temas tan distintos como el desarrollo, la corrupción, la salud, la profesión económica, la paridad, el crédito, la ley y el estado de derecho, la pobreza, y varios otros, que la gente, en la vida cotidiana, enfrenta la teoría y la práctica de elegir. Esto significa reconocer el principio del costo de oportunidad. Si hago una cosa, dejo de hacer otra. Las decisiones de qué hacer, y como hacerlo, requieren enfrentar diferentes costos de oportunidad.

 

Puede haber decisiones, como implementar subsidios o regímenes preferenciales o protección regulatoria, que conllevan ciertos beneficios visibles a un sector, pero con una gama de costos invisibles para otros sectores. De igual forma, ciertos cambios requeridos, como la apertura en electricidad, pueden perjudicar los privilegios de unos cuantos, pero a costas de los beneficios que sacrifica el resto de la población. Si hablamos de economía sin espejismos, habría que ser muy puntuales en estos cálculos de costo-beneficio.

 

La gente, en la acción humana, responde a incentivos—positivos, como negativos. En el campo del comercio internacional, por ejemplo, ello significa que el comercio libre permite la especialización, y la reducción de costos de oportunidad, al intercambiar lo que uno hace bien, por otros bienes y servicios que otros hacen mejor que uno. Como explica el autor, por lo general, los mercados y el sistema de precios pueden, por medio de mayor intercambio entre individuos, conciliar nuestras “aspiraciones,” las cuales siempre se ven afectadas por distorsiones generadas por una regulación, intervención, impuesto especial o protecciones sectoriales.

 

Los economistas, así vistos, no son ni buenos ni malos—son seres que pueden, en su momento, identificar desperdicios, oportunidades de desarrollo, o resultados negativos de ciertas acciones públicas. Los recursos son escasos. Ello implica que se debe buscar la combinación máxima de bienes producibles. En las palabras de Manuel, palabras escritas sin espejismos, “la aspiración de que el Estado puede dedicarse a todo, sin sacrificar nada, es una fantasía.”

 

En estos tiempos de confrontación política, resulta muy bienvenido leer un texto que hable sin espejismos. Mejor aun cuando, en medio de tanto desencanto, la exposición de estos temas se hace “con sencillez, sin trivializar,” los principios que requerimos para elegir, tanto como agentes de la vida real como ciudadanos participando en la formación de una sociedad abierta.


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