MIÉRCOLES, 19 DE JULIO DE 2006
La izquierda que se estorba a sí misma

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“Parece claro que a la izquierda le estorban sus propios dirigentes. Las promesas de crecimiento económico y combate a la pobreza no podrán concretarse por su creencia en que son especiales, diferentes y por tanto deben descubrir el hilo negro.”


El avance del populismo de izquierda en América Latina fue celebrado por muchos intelectuales y políticos, al mismo tiempo que era observado con temor por parte de algunos otros sectores de la población y no poco analistas. Las urnas hablaron y Morales, Lula, Kirchner, Chávez, Vázquez o Bachelet fueron electos y se hizo el contrapeso para las ambiciones totalitarias de Estados Unidos. O más bien para las del torpe Bush pues a Clinton estos mismos políticos y analistas no le hacían tanto el feo. Sin embargo, los gobiernos de izquierda ya han tenido su oportunidad y parece que el juicio de la historia y de los números no será del todo benévolo con ellos.

 

En primera instancia parece que la solidaridad se les ha olvidado, pues no sólo compiten por vender los mismos productos a los mismos países sino que también intentan usar sus influencias políticas para desplazar al rival. Luego las medidas que han impuesto desde su profundo nacionalismo los ha llevado a pisotear los intereses de los países y las empresas, pero más grave aún los ha llevado a montar una especie de muro fronterizo que va desde precios diferenciados para la gasolina hasta bloqueos para impedir las construcción de plantas. Es decir, las medidas tomadas van contra la libertad de tránsito, contra el trato nacional, contra la propiedad privada y contra el empleo mismo, ese muro puede ser incluso más cruel que el muro militarizado de los gringos, en los términos de esta izquierda se lucha de hermano a hermano.

 

En segunda, parece que se lucha por influencia política en términos económicos, se establecen precios solidarios, pero no se suministra el producto, se anuncian inversiones pero no se establecen por desconfianza, se nacionalizan activos pero no se indemnizan las pérdidas, se anuncian discursos de integración regional contra el imperialismo yanqui, pero no acuerdan nada para negociar ante la Organización Mundial de Comercio con los países desarrollándolos, es decir el discurso es lo suyo no los hechos.

 

El asunto es que su nacionalismo los lleva a comportarse como mercantilistas y como en aquella época los coloca al borde de la crisis constantemente, por lo menos de dimensiones políticas en las que el presidente de los diputados chilenos llama al presidente argentino “matón de barrio” o el presidente argentino llama “criminal ecológico” a su similar de Uruguay, pero todo puede tomarse como mero folclor o como muestra de intereses muy particulares bordados sobre el concepto bolivariano o la sencilla teoría de la hegemonía regional. Es decir, no les basta con ser gobernantes de sus países sino que quieren ser el líder de la región, cosa a la que México renunció desde su revolución y Brasil ha ejercido desde las sombras desde hace décadas.

 

Pero además de los conflictos comerciales, limítrofes, diplomáticos o energéticos los gobiernos de “izquierda” en Sudamérica arrojan importantes saldos de corrupción, incapacidad, desaparición del estado de derecho, violación de contratos, nulo respeto a la propiedad y a las reglas internacionales. Es decir su “integración” regional los está llevando al aislamiento mundial. Y no sólo por los arranques de Chávez sino por los distanciamientos del gobierno y los empresarios españoles, la salida de empresas de todo el mundo, incluyendo las chilenas o las brasileñas por los problemas generados o no atendidos por estos gobiernos. Así que ahora parece claro a la izquierda le estorban sus propios dirigentes, pues las promesas de crecimiento económico y combate a la pobreza no podrán concretarse por su creencia en que son especiales, diferentes y por tanto deben descubrir el hilo negro. El producto de esto es el distanciamiento de la izquierda pensante, como la española, de estos gobiernos por considerarlos un peligro para el futuro de su propia ideología.

 


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