Pesos y contrapesos
Jul 31, 2006
Arturo Damm

Por qué no soy político

La cuestión es de principios, por lo que no puedo dejar de preguntarme: ¿Se puede confiar en una persona que, por el bien de los demás, traiciona sus principios?

De vez en cuando, sobre todo alumnos, me hacen la siguiente pregunta: “Profe, ¿cuándo se va a meter a la política?” Mi respuesta ha sido, y seguirá siendo, ésta: “¡Nunca!”, mucho menos si por meterse a la política entendemos afiliarse a algún partido político, hacer proselitismo a su favor, buscar algún puesto de elección popular, pretender algún puesto burocrático, o cualquier otra acción o aspiración propia de quienes están metidos en política.

 

Por lo general a mi respuesta le sigue otra pregunta: “¿Por qué?” Contestación: “De entrada, porque mi labor como periodista exige de autonomía respecto a cualquier poder, comenzando por el político. El periodista debe estar a favor de la verdad y de sus principios, no de un partido, una causa política, un candidato o un gobernante. No es lo mismo estar a favor de la inversión que crea empleos, cuestión de principio, que estar a favor del PAN y de Calderón. No es lo mismo estar a favor del IFE y del millón de personas que participaron en una elección limpia, o a favor de la legalidad y la institucionalidad electoral, cuestiones que tienen que ver con la verdad, que estar a favor del PAN y de su candidato a la Presidencia”. Hay que distinguir.

 

¿Por qué no le entro a la política? Porque valoro más, mucho más, mi libertad para escribir, analizar y opinar, que cualquier compromiso contraído con un partido, un programa político o un gobierno. Pero ésta, mi libertad (mi autonomía, mi independencia, que es la causa de mi credibilidad como periodista), no es la única razón por la cual no le entro a la política. Existe otra, no de menor peso. Me explico.

 

Hace un par de días apareció en varios diarios la foto de Felipe Calderón, sonrisa de por medio (¿qué tan espontánea, qué tan forzada?), dándole la mano a Elba Esther Gordillo, que encarna, si no totalmente, sí en buena medida, todo lo que degenera a la política en el mal uso del poder. ¿Qué supone tener como aliada a Gordillo? ¿Qué supone deberle lo que se le debe? ¿Quién es Gordillo? ¿Cómo llegó a donde ha llegado? ¿Qué intereses representa? Y la pregunta más importante: ¿qué ha hecho, de bueno, por la educación, que es el talón de Aquiles de los mexicanos?

 

Cualquier político, comenzando por Calderón, responderá que, ¡¡¡POR EL BIEN DE MÉXICO!!! bien vale la pena aliarse con quien sea, aunque ello suponga algo así como venderle el alma al diablo, respuesta que muestra la aspiración mesiánica y redentora de todo aquel que aspira, de entrada, a la Presidencia de la República, anhelo que no es único del excandidato del PRD. Mesías es el sujeto en cuya llegada se ha puesto una confianza desmedida, en función de su poder de redimir, y redentor es quien rescata al ser humano de sus males, es quien le pone fin al dolor, a la adversidad, a las penurias. La acción redentora del mesías, ¿no vale la pena de aliarse con el mismo diablo, de deberle favores, de venderle el alma? ¿No se trata de cambiar un mal menor (transar con el mal) por un bien mayor (el bien de México)?

 

La cuestión es de principios, por lo que no puedo dejar de preguntarme: ¿Se puede confiar en una persona que, por el bien de los demás, traiciona sus principios? ¿Es el caso de Calderón y su relación con Gordillo? ¿El fin justifica los medios? Maquiavelo (quien en El príncipe no escribió que los fines justifican los medios), ¿llegó para quedarse?

 

¿Quieren saber por qué no le entro a la política? Entre otras muchas razones, para no tener que verme, como Calderón, aliado de Gordillo, debiéndole favores a “la maestra”, con ella llamándome “mi amigo”. Dime con quién andas...



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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